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Vuelo MH370: ¿cómo llorar a una persona desaparecida?

Cuando el vuelo MH370 desapareció de los radares el 8 de marzo, Prahlad Shirsath viajó desde su casa en Corea del Norte a Pekín, y después a Malasia en busca de noticias sobre su esposa | BBC Mundo

Cuando el vuelo MH370 desapareció de los radares el 8 de marzo, Prahlad Shirsath viajó desde su casa en Corea del Norte a Pekín, y después a Malasia en busca de noticias sobre su esposa | BBC Mundo

Decirle a alguien con un familiar desaparecido que sencillamente empiece el proceso de luto no ayuda, dice un especialista, porque no se puede obligar a aquellos que están sufriendo a aceptar un escenario

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Cuando el vuelo MH370 desapareció de los radares el 8 de marzo, Prahlad Shirsath viajó desde su casa en Corea del Norte a Pekín, y después a Malasia en busca de noticias sobre su esposa.

Kranti Shirsath, una exprofesora de química y madre de dos, viajaba a ver a su esposo quien trabaja en una organización sin fines de lucro en la capital norcoreana, Pyongyang.

Cuando no había más noticias y los días habían pasado, la familia de Shirsath lo llamó para que regresara a su país de origen, India, donde podrían llevar juntos la incertidumbre.

A esto se le llama "pérdida ambigua", dice Pauline Boss, profesora emérito de la Universidad de Minnesota, Estados Unidos, quien trata a personas que pasan por este tipo de pérdida. No hay una prueba física de la muerte -no hay cuerpo- así que las personas se aferran a la esperanza de que los desaparecidos todavía están vivos.

"Las personas no pueden empezar el luto cuando hay una pérdida ambigua, están petrificadas", explica Boss. "Con frecuencia la sociedad piensa que ellos deben estar de luto pero, de hecho, están atrapados en un limbo entre el pensamiento de que su ser querido regresará y que quizás no".

Este es el tipo de sufrimiento que congela su dolor, dice la profesora, autora de "La pérdida ambigua: cómo aprender a vivir con un duelo no terminado".

La escritora agrega que es poco probable que las recientes noticias de que el avión se pudo haber estrellado en el sur del Océano Índico, sin sobrevivientes, les exima del limbo. "No hay cierre, incluso si descubren que definitivamente el avión está en el océano. Todavía no tienen un cuerpo que enterrar. Siempre será ambiguo hasta que se encuentren los restos o alguna evidencia de ADN".

La gente necesita ver pruebas para convencerse de que la muerte ha ocurrido. Sin eso, la profesora Boss dice que la pena se congela y se complica. Sin lugar a dudas, una muerte más clara es dolorosa, pero los rituales del funeral se pueden hacer cuando hay un cuerpo, y la familia y amigos se pueden reunir para reafirmar que esa persona ha muerto.

Hipótesis propias

Ante la ausencia de una explicación confirmada de lo que pasó, los familiares imaginan sus propias hipótesis. Antes de la noticia de que el avión se cayó al mar, la familia de Kranti, incluyendo su hijo de 16 años, se inclinaba por la teoría que le ofrecía las mejores esperanzas: el avión estaba secuestrado, un escenario que aumentaba las posibilidades de que Kranti estuviera viva.

"Por el momento, realmente no tenemos fuerzas para barajar la posibilidad de alguna mala noticia", dijo hace un par de días Satish Shirsath, el hermano menor de Prahlad. Él fue quien reservó los pasajes de Kranti por internet.

"También creo que quizás, si hubiera escogido otra ruta, quizás si le hubiera reservado a mi cuñada una a través de Pune en vez de Bombay, y de allí a Delhi para hacer la conexión con Pekín, quizás hubiera sido distinto", señala.

Cuando no hay conocimiento de lo que pasó, no hay una atribución de responsabilidad, culparse a uno mismo es típico, señala Boss. Lo primero que le dice a las familias es que no es su culpa.

Roberto es un chileno que desde los años 90 vive en Reino Unido. Este hombre ha tenido que vivir dos tipos de pérdidas en las que el cuerpo del ser querido no ha aparecido.

La primera fue en los años 70, cuando a los 11 años se llevaron de su casa de Chile a su hermana de 21 años, dejando a una niña de dos. La segunda fue siendo Roberto ya mayor, cuando en su ausencia su hijo de 5 años se ahogó en el mar y tampoco encontraron el cuerpo.

Si bien Roberto le explica a la BBC que en ambos casos se vive con la incertidumbre por el resto de la vida, en el episodio de su hermana está la lucha por la justicia, para ver encarcelados a quienes desaparecieron sistemáticamente a jóvenes; "para ver que los criminales terminen en la cárcel o que puedan recuperar los cuerpos".

Aun así, su madre, quien falleció el año pasado, "se murió preguntando 'dónde está mi hija'. Es algo que se come tu vida".

"En cuanto a la situación de mi hijo, todavía pregunto quién estaba allí, quién le empujó, quién nadó... vives las 24 horas del día aferrado a esta incertidumbre".

Eventos catastróficos como el 11/9 y el tsunami de Asia dejó a muchas familias y amigos esperando en vano por noticias definitivas, pero este tipo de pérdida también puede ocurrir cuando alguien sale de la puerta y nunca regresa.

Los que nunca vuelven

Valerie Nettles, cuyo hijo Damien desapareció hace 17 años en la Isla de Wight cuando tenía 16, ha aprendido a compartimentar el dolor.

Asegura que vive con cada pie en un mundo distinto: uno en el "abismo de no saber" y el otro en la practicidad del día a día.

"Siempre pensé que si algo le pasaba a mi hijo me moriría, pero no te mueres", señala.

La última vez que Damien fue visto fue en un restaurante de pescado y papas fritas cerca de su casa en Cowes, tras una noche de fiesta con amigos.

Son varias las teorías de lo que pudo haber sucedido; algunos creen que quizás se cayó al mar, otros -incluyendo su madre- piensan que fue asesinado por un traficante de drogas.

En 2013, la policía anunció una recompensa de US$33.000 para cualquiera que tenga información que ayude a resolver el caso.

Valerie recuerda un sueño vívido sobre su hijo, en el que lo ve al otro lado de la autopista con su esposo y su hijo menor.

"Estaba eufórica de que lo habían conseguido, y entonces me desperté", cuenta.

Los sueños sobre los seres queridos son comunes en las personas que han perdido a algún familiar. Algunas veces, incluso sueñan el final de esas historias incompletas del desaparecido -que está muerto y en paz o feliz y en algún otro lugar.

Según Boss, algunas culturas le dan mucha importancia a estos dueños y ayuda a hacer frente a la ambigüedad.

La pérdida ambigua es menos difícil de gestionar si vives en una cultura -como la hinduista y el islam- que tienden a "aceptar el destino que un poder mayor ha decidido", explica Boss.

Decirle a alguien con un familiar desaparecido que sencillamente empiece el proceso de luto no ayuda, agrega, porque no puedes obligar a aquellos que están sufriendo a aceptar un escenario.

"Mi primera pregunta a la familia es: '¿qué significa para ti?' Así tienes la respuesta con la que puedes trabajar", explica.