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Varosha: el paraíso mediterráneo que lleva 40 años vacío

 Varosha: el paraíso mediterráneo que lleva 40 años vacío / BBC Mundo

Varosha: el paraíso mediterráneo que lleva 40 años vacío / BBC Mundo

Bienvenido a Varosha, el secreto mejor guardado del Mediterráneo

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Kilómetros de arena donde sólo están usted y la naturaleza. Decenas de grandes hoteles que le ofrecerán la mejor selección de habitaciones.

Sólo recuerde empacar sus tenazas para hacer un agujero en la valla y tener cuidado con las patrullas del ejército con órdenes de disparar.

Antes de la división de Chipre en 1974, Varosha, un centro turístico en Famagusta, estaba en pleno auge. Los ricos y famosos se sentían atraídos por algunas de las mejores playas de la isla. Celebridades de la época -como Richard Burton hasta Brigitte Bardot- sucumbieron a su encanto. Se decía que el Hotel Argo en la Avenida JFK era el favorito de la actriz estadounidense Elizabeth Taylor.

"Todas las personas procedentes de Varosha tienen una noción romántica de ella", dice Vasia Markides de 34 años, una grecochipriota estadounidense cuya madre se crió allí .

"Hablan de que era el centro del arte y de la actividad intelectual. Lo describían como la riviera francesa de Chipre".

Golpe al paraíso

Pero hace 40 años, después de años de violencia étnica que culminó en un golpe de Estado inspirado por la junta militar de Grecia, Turquía invadió Chipre y ocupó el tercio norte de la isla.

Mientras que las tropas se acercaban a Varosha, los habitantes huyeron con la intención de volver cuando la situación se calmara. Sin embargo, el complejo fue cercado por el ejército turco y ha sido una ciudad fantasma desde entonces. Una resolución de 1984 pide que se ponga Varosha bajo el control de la ONU y prohíbe cualquier intento de reasentamiento por nadie más que los que fueron expulsados.

Uno de ellos era la madre Markides, Emily. Ella acababa de casarse y sus regalos de boda estaban todavía en el ático cuando abandonaron la casa familiar. Otros cuentan historias de ollas dejadas cocinándose sobre el fogón.

En 2003, se flexibilizaron las restricciones de viaje por primera vez, permitiendo que los chipriotas de ambos lados cruzaran la zona de seguridad de la ONU, conocida comúnmente como la "Línea Verde".

"La imagen que yo tenía en mi mente era de una especie de paraíso", dice Vasia Markides del día en el que regresó a mirar a través del alambre su hogar ancestral, por primera vez . "Pero era como una especie de pesadilla postapocalíptica".

"La naturaleza prácticamente ha tomado el control del lugar. Arbustos espinosos han invadido los seis kilómetros cuadrados de superficie. Hay árboles que han surgido a través de las salas de estar. Es un pueblo fantasma".

Hay carteles que advierten a los turistas, que observan detrás de las vallas, que "las fotos y los videos están prohibidos".

Los intrusos se arriesgan a la muerte. Con frecuencia, los residentes exiliados pinchan en los alambres con púas cartas de amor y flores.

Secretos del pasado

Aparte de los soldados turcos, pocos se han aventurado al interior del lugar.

Los efectivos militares, sin embargo, han descrito imágenes extraordinarias. Un concesionario de coches aún abastecido con 1.974 vehículos, escaparates de maniquíes vestidos a la moda de aquel momento, o dunas de arena que han invadido el paseo marítimo con raras tortugas marinas que anidan en ellas.

Fotos de la devastación circulan en línea, pero los fotógrafos no siempre admiten haberlas tomarlos.

Es probable que cualquier cosa de valor haya sido saqueada hace mucho tiempo y que la infraestructura esté dañada irreparablemente. Pero Markides tiene grandes planes para Varosha.

"Desde el momento en que lo vi, me sentí impulsada a ver este lugar revivir", dice. "Se podía sentir la energía, su potencial, lo que fue una vez".

Ahora, al tiempo que vive en Nueva York, Markides está liderando una propuesta para convertir Varosha en una ecociudad, un modelo de sostenibilidad y convivencia pacífica. Sus planes han reunido el apoyo de los chipriotas griegos y turcos creando una amistad poco probable.

"Fue como estar al lado de los fantasmas", dice Ceren Bogac, de 34 años, una chipriota turca que se crió en una casa con vistas a Varosha. "Las casas tenían las macetas, las cortinas, pero nadie vivía allí, era un espacio que había sido abandonado de repente".

Su escuela estaba junto a la valla, así es que si una bola acababa por error en el otro lado se perdía para siempre.

Los abuelos de Bogac eran refugiados de Larnaca, en el sur, y se les había dado un hogar grecochipriota a cambio de los bienes que tuvieron que abandonar. Bogac creció allí, pero cuando tenía cinco o seis años de edad hizo un descubrimiento inquietante.

"Un día me encontré en una caja los objetos personales de otras personas, como álbumes de fotos y revistas", dice Bogac . "Le pregunté a mi abuela a quién pertenecía aquello y ella respondió que a los verdaderos dueños de esta casa". Y esa fue la primera vez que me di cuenta de que no somos dueños de la casa donde estamos viviendo.

"Me sorprendió", dice ella. "Me pregunté cómo sucedió esto, por qué estas personas tuvieron que abandonar su hogar y cómo se sintieron cuando huyeron. Qué tipo de situación habían enfrentado para verse obligados a dejar todo atrás, juguetes, álbumes de fotos, todo".

Relación

Esta toma de conciencia de la niñez moldeó el futuro laboral de Bogac. Se convirtió en psicóloga y arquitecta con el fin de entender cómo afecta a las personas vivir en casa de alguien más. Como parte de su investigación se encontró con el documental que Vasia Markides realizó en 2001, "Escondida en la Arena", donde los habitantes de ambos lados de la ciudad de Famagusta hablan de cómo se sienten acerca de la división.

Bogac contactó a Markides por correo electrónico y a partir de ahí mantuvieron el contacto con regularidad.

Un día Markides llamó y me dijo: "¿Está usted todavía interesada en Varosha?, porque (el lugar) me está acechando".

"Sí", dijo Bogac, "a mí también". Así comenzaron a compartir ideas sobre cómo mejorar la situación y así es como despegó el proyecto Ecocity Famagusta.

La idea es que Varosha se convierta en un modelo para las tecnologías verdes. "Tenemos que prestar atención a las señales que la naturaleza nos da", dice Markides, refiriéndose a la manera que la naturaleza ha recuperado la ciudad. "Se trata de utilizar la energía del sol, que tanto abunda en Chipre, en lugar de depender de los combustibles fósiles".

"Es una oportunidad maravillosa. Ya que tenemos que reconstruir una ciudad desde cero, ¿por qué no hacerlo de la manera correcta esta vez? En los años 1970, cuando todos los hoteles fueron construidos en la costa, bloqueaban el sol y no permitían que alcanzara la playa después de las 13:00?".

El proyecto se lanzó en enero de 2014 cuando Markides comenzó a hacer un documental sobre el esfuerzo para convertir a la región de Famagusta en una ecociudad próspera.

Sin embargo, hay un gran inconveniente, las alambradas de púas y soldados patrullando. Mientras Chipre permanece dividida, es probable que Varosha se mantenga fuera de los límites. Algo imprescindible en cualquier acuerdo que se alcance es la idea de "ajuste territorial" en el que la propiedad tomada de los grecochipriotas se restablezca en su totalidad, esto también significará el realojamiento de muchos turcochipriotas.

¿Futuro?

Casi la totalidad de las propiedades en la zona cercada de Varosha pertenece a los grecochipriotas y están deshabitadas. Los grecochipriotas argumentan que sería una buena medida para fomentar la confianza que la ciudad sea devuelta antes de las conversaciones de paz, paralizadas desde marzo de 2012, se reanuden.

"Es un tema delicado", dice Fiona Mullen, economista y parte del proyecto Ecocity Famagusta.

"Si bien es cierto que significaría una gran diferencia en cómo los grecochipriotas consideran Turquía, los turcos y los chipriotas turcos siempre se han preocupado de que si devuelven Varosha, los grecochipriotas podrían simplemente guardársela y no dar nada a cambio".

Así que la posición de Turquía y los turcochipriotas es que Varosha forma parte de un acuerdo global que incluyen propuestas anteriores como la reapertura de los puertos y aeropuertos en el norte.

A pesar de los desafíos, Bogac mantiene la esperanza. "El problema de Chipre no es la política", dice ella. "El problema es que estamos esperando que otros vengan y inicien algo en nuestro propio país, pero si empezamos tal movimiento por primera vez, creo que podemos estar listos para cualquier situación económica o financiera. Tenemos que hacer algo por esta ciudad".

Markides comparte el optimismo de Bogac.

"Para realmente convertir un lugar que fue símbolo de guerra y negligencia, de odio y abandono, en un modelo que el resto del mundo podría usar, para mí, es una historia de éxito. Incluso si el plan sólo sirve para crear conciencia en otras comunidades".

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