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Tristeza en Mali: combatientes islamistas prohiben la música de Ali Farka Touré

Ali Farka Toure llevó el sonido del desierto de Mali a una audiencia internacional

Ali Farka Toure llevó el sonido del desierto de Mali a una audiencia internacional

Después de hacer famoso en todo el mundo el blues del norte de Mali, Ali Farka Touré es una leyenda en su ciudad natal Niafunke, donde fue alcalde hasta su muerte en 2006

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Su monumento conmemorativo sigue intacto, pero su música ya no se escucha en las calles de la ciudad.

"La ciudad está en silencio", dice el granjero de 28 años Ousmane Maiga (nombre falso) por teléfono. "Está demasiado tranquila".

Los combatientes islamistas se apoderaron de Niafunke, en la ribera del río Níger, 100km al suroeste de Tombuctú.

Han impuesto un estricto código social: las mujeres y niñas deben cubrirse, los jóvenes no pueden usar pantalones sueltos y están prohibidas todas las formas de música.

Los residentes relatan que dos jóvenes fueron azotados el mes pasado, por haber fumado tabaco.

Touré fue apenas uno entre una cantidad de estrellas que convirtieron la música maliense en uno de sus productos de exportación más conocidos.

"La música es una parte muy importante de nuestra cultura", comenta Maiga. "Está en todas partes, extraño escucharla cuando tomo el té con mis amigos el fin de semana. Extraño las bodas y bautismos".

Adiós a los grandes

Touré llevó la música del norte de Mali al mundo, sus tonos melodiosos y tristes llegaron a un público internacional cuando se unió a su alma gemela estadounidense, Ry Cooder, para producir el álbum "Talking Timbuktu" que ganó un Grammy en 1994.

La revista Rolling Stone lo incluyó entre los 100 grandes guitarristas de todos los tiempos y protagonizó el documental de Martin Scorsese "Feel Like Going Home", que explora las raíces del blues hasta África occidental.

Ahora esas raíces están amenazadas. Niafunke y otras ciudades del norte de Mali se han sumido en una oscuridad cultural.

Militantes islamistas vinculados a al Qaeda han prohibido todo lo que consideran contrario a la Sharia, la ley islámica.

"Están destruyendo nuestra cultura", dice otro famoso cantante maliense, Salif Keita, que se encuentra en Mali, preparando una gira mundial para acompañar el lanzamiento de su nuevo álbum.

"Si no hay música, si no hay Tombuctú, no queda más cultura en Mali", agrega, sentado en su casa en su pequeña isla sobre el río Níger, en las afueras de la capital, Bamako.

Keita se refiere a la destrucción en junio de los antiguos santuarios en las mezquitas de Tombuctú. Los edificios eran Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, pero los islamistas los consideraban idólatras.

Decenas de músicos huyeron al sur desde que empezó la crisis, entre ellos Khaira Arby, "la Voz del Norte".

No puede regresar a su casa en Tombuctú porque los islamists amenazaron con cortarle la lengua, según integrantes de su banda que también escaparon al sur.

Ella se quedó primero con una prima, pero se resignó a alquilar una casa en Bamako al darse cuenta que podría quedar desplazada más tiempo del que pensaba.

"Los islamistas han bloqueado las ondas radiales", expresa mientras sus guitarristas y percusionistas afinan sus instrumentos para un ensayo en su salita.

Las dos guitarras están conectadas a un pequeño amplificador distorsionado. El equipo de la banda fue saqueado cuando los rebeldes marcharon a Tombuctú.

Arby se sienta en el borde de su sofá. Luce triste, pero sus ojos se cierran y su voz sube y baja con los riffs de las guitarras.

Prohiben los tonos de llamadas

Al completar la canción, trata de entender lo que ocurre en su país. "Incluso están confiscando teléfonos celulares y reemplazando los tonos de llamadas con versos del Corán", lamenta.

De Tombuctú a Gao, los teléfonos se han convertido en la única forma de escuchar música. Quienes se arriesgan a encender un equipo estéreo atraen inmediatamente la atención de la policía islamista, que lo embarga o destruye.

Ahora los celulares con tarjetas de memoria son el principal blanco de los militantes islamistas empeñados en desterrar la música.

En Bamako, un grupo de jóvenes artistas se juntaron tras el golpe militar en marzo y formaron el movemiento Sofas de la Republique (Guerreros de la República), en homenaje a los grandes guerreros del Imperio Mandingo.

Su movimiento de base exhorta a una vuelta del país a la democracia constitucional. Su llamado es la canción "Ca Suffit" (Es suficiente), que inmediatamente tocó la fibra de la juventud maliense.

"Todos tenemos responsibilidad en esta crisis", comenta la cantante de 26 años Naba TT, cofundadora del movimiento, "así que tenemos que mantenernos unidos".

Su canción "Mabilen So" (En nuestro país) la tocan en la televisión estatal. Naba, hermana menor de Rokia Traoré, otra cantante maliense de perfil internacional, esperaba que los políticos escucharan su mensaje.

Pero las autoridades provisionales están divididas y aparentemente incapaces de reclamar el norte de los islamistas. Todavía no se concretan los planes para despachar una fuerza de paz regional.

Durante todo este tiempo aumenta la amenaza a la cultura de Mali. La destrucción de los santuarios de Tombuctú y el silenciamiento de la rica tradición musical del país ponen de relieve el peligro islamista.

"Es aterrador, porque sentimos que estamos atrapados" reflexiona Maiga desde Niafunke.

"Nuestro gobierno sigue repitiendo que la liberación del norte llegará mañana, pero ahora oímos que tendremos que esperar otro año antes de que lancen una ofensiva contra estos extremistas".

"¿Cómo los enfrentaremos? No hemos huido porque es nuestra ciudad, pero vivimos en un infierno", afirma.

"Es una nueva vida para nosotros", agrega. "Una vida que no escogimos, bajo la constante observación de gente que pretende vivir según el Islam".

"Imagínese que le dan una rica miel. Pero alguien llega y se la quita para darle ají picante en su lugar".

Hasta que el pueblo de Mali recupere su cultura, les quedará una sensación de ardor en la garganta.