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¿Realmente el estrés postraumático es común?

La incidencia de TEPT entre los soldados británicos es más baja que entre los estadounidenses / Getty

La incidencia de TEPT entre los soldados británicos es más baja que entre los estadounidenses / Getty

La sensación constante de alerta que tienen las personas les provoca palpitaciones y terror a veces por cosas tan triviales como cruzarse con alguien por la calle 

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Una dura experiencia como un accidente de tránsito o un desastre natural pueden tener un impacto duradero y significativo en las personas. Pero ¿significa esto que todo el mundo puede desarrollar trastorno de estrés postraumático o TEPT después?

En los años noventa se asumía que era así, por lo que se intentó hacer que la gente recibiera ayuda psicológica. Sin embargo, resultó que no era efectivo.

Una revisión científica de este tema concluyó que la atención psicológica obligatoria tras el incidente debe ser descontinuada. Algunos incluso creen que la "industria del desastre" ha promovido este tipo de intervenciones de forma acrítica.

Cuando se examina la evidencia, se ve que no es cierto que mucha gente desarrolle TEPT. Y ese no es el único mito sobre el trastorno.

Tras sufrir un evento traumático, la gente naturalmente se siente conmocionada, ansiosa y temerosa. La experiencia ocupa su mente, y puede ser que sufran recuerdos recurrentes o flashbacks, pesadillas y ansiedad constante por una sensación de inseguridad durante días, incluso semanas.

Nada de esto es agradable, evidentemente, pero se trata de reacciones normales a un acontecimiento en el que sintieron que sus vidas corrían peligro, o vieron que otra gente resultaba herida o moría a su lado.

Los recuerdos recurrentes pueden volverse tan invasivos que entorpecen el pensamiento. Los sentimientos de culpa pueden llevar a la gente a repasar los acontecimientos y cuestionarse si hubiesen podido hacer algo por salvar a otros.

Puede ser que traten de evitar lugares o actividades que les recuerden lo que pasó o se insensibilicen, para tratar de no sentir nada.

La sensación constante de alerta que tienen les provoca palpitaciones y terror a veces por cosas tan triviales como cruzarse con alguien por la calle.

Notable resistencia

Los síntomas del estrés postraumático son muy reales y angustiantes. Es importante que si alguien los experimenta, busque y reciba ayuda.

Pero una clave del diagnóstico es que los síntomas persistan durante al menos un mes después del acontecimiento, y que afecten al trabajo y la vida social, o que les impidan hacer lo que quieran.

Lo destacable es que en la mayoría de casos, estos síntomas van desapareciendo gradualmente, por lo que este desorden no es tan común como podría pensarse.

Incluso en situaciones extremas, como la guerra, la mayor parte de la gente no se ve afectada.

Solo un 4% de los soldados británicos desarrollaron estrés postraumático tras servir en Irak, por ejemplo, una cifra que aumenta hasta 6,9% para aquellos que participaron en combates.

Entre los reservistas, el índice es un poco más alto.

Los investigadores creen que esto puede deberse a que estos últimos vuelven a sus vidas de civiles, en las que tuvieron que lidiar solos con la experiencia, mientras que los miembros de las fuerzas armadas regulares se quedan con compañeros que saben lo que es la guerra.

Lo mismo sucede con los ataques a civiles: tampoco afectan a la mayoría de la gente.

Un estudio con más de 10.000 personas, incluidos policías y obreros de construcción, que acudieron al World Trade Center el 11 de septiembre de 2001 a ayudar, concluyó que 75% no habían tenido problemas a largo plazo.

Es cierto que a veces los síntomas pueden aparecer con retraso. Un 8,5% de los entrevistados experimentaron dificultades mucho después de los ataques.

Hay incluso casos de soldados que lucharon en la Segunda Guerra Mundial, volvieron a casa aparentemente bien, trabajaron durante años y, al jubilarse, volvieron a tener pesadillas y recuerdos recurrentes.

Experiencia noruega

Viajé a Noruega a encontrarme con supervivientes de la tragedia de la isla de Utoya, en 2011, en la que murieron 69 adolescentes y muchos otros fueron testigos de sus muertes.

Algunos sobrevivieron escondidos en los lavabos durante tres horas, sabiendo que el asesino estaba cerca, buscándolos.

Inmediatamente después, Atle Dyregov, director del Centro de Psicología de Crisis en Bergen, calculó que entre 30% y 50% sufrirían problemas de salud a largo plazo, incluido estrés postraumático.

Aunque los números se han situado más bien cerca de 50%, esto significa que la mitad de los que vieron cómo morían sus amigos y tuvieron que huir para salvarse, se han recuperado de alguna manera.

Los hechos sucedieron durante un campamento de verano y muchos de los adolescentes empezaban en nuevas escuelas en otoño, lo que lo hizo más difícil para ellos.

Pero el país ya tenía un plan para lidiar con algo como esto, fuera un desastre natural o un crimen, y le proporcionó a los afectados mucho apoyo.

Todas las escuelas implicadas recibieron consejos sobre cómo actuar, las reglas de asistencia se relajaron para los supervivientes y a los estudiantes se les permitió elegir cuándo y cómo hablar con sus compañeros sobre lo sucedido.

Algunos simplemente decidieron evitar preguntas y, cuando se sintieron listos para hacerlo, explicaron lo sucedido al frente de toda la clase.

Los afectados y los supervivientes pudieron volver a la isla en varios momentos distintos, pues se había aprendido en desastres previos que cada vez se llega con otra perspectiva.

Parece que este tipo de apoyo sí ayudó, y otros países miran ahora hacia la experiencia noruega.

Niveles de exposición

Otro mito sobre TEPT es que sólo lo pueden sufrir personas débiles.

Por qué, tras una experiencia horrenda, algunas personas lo desarrollan y otras no es todavía un misterio.

La naturaleza del acontecimiento en sí influye, evidentemente.

Las tasas de estrés postraumático entre soldados estadounidenses son casi tres veces mayores que entre los británicos, en parte porque hay una proporción mayor de reservistas, pero también porque sus misiones suelen durar un año, en comparación con los seis meses que duran las de Reino Unido.

Una revisión de estudios sobre el 11 de septiembre concluyó que los que resultaron heridos, los que trabajaban en los pisos más altos, los que vieron caer o saltar por las ventanas a otros y aquellos cuyos empleados murieron tenían más probabilidades de desarrollar TEPT.

Además tenían más probabilidades las mujeres, los jóvenes, los que tenían salarios más bajos y los que habían experimentado reveses en años anteriores. El cuadro es complejo.

También es un mito que cuando los niños tienen una experiencia traumática, sencillamente se recuperan. Ellos también pueden sufrir de TEPT.

Además de los factores de riesgo para TEPT, también hay otros que contribuyen a la resistencia y protegen del trastorno.

El apoyo de la familia y colegas pueden suponer una diferencia.

Pero estos factores no nos dicen exactamente quién se va a ver afectado y quién no.

Hasta que no sepamos más sobre este desorden, la clave es hacer que la ayuda psicológica esté disponible si la gente la necesita y cuando la necesite.