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¿Realmente dormir nos hace más creativos?

Los problemas del día a día pueden causar dificultades para dormir / Mauricio Villahermosa

El sueño y la creatividad / Mauricio Villahermosa

Muchos aseguran que los primeros momentos después de despertar pueden ser los más imaginativos

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Son las 6:06 de la mañana y estoy escribiendo esto en pijama. Me levanté a las 6:04, caminé de mi habitación al estudio, prendí el computador y empecé a trabajar inmediatamente.

Esto no es usual para mí. Es, no obstante, una receta para realzar la creatividad que han utilizado escritores, poetas y otros, incluyendo el inventor Benjamín Franklin.

Las investigaciones psicológicas parecen respaldar esa técnica, ofreciendo una explicación sobre por qué seríamos más creativos cuando nuestras mentes están todavía emergiendo del reino de los sueños.

La mejor evidencia que tenemos de nuestro estado mental cuando estamos dormidos es ese extraño fenómeno llamado “soñar”.

Hay mucho que no se sabe acerca de los sueños pero una cosa es cierta: son raros.

Y otra: escuchar a otra persona contar sus sueños es tremendamente aburridor. Hablan y hablan de que estaban en un tren, pero que no era un tren, que era una fiesta y que su hermano estaba ahí, así como una chica con la que no han hablado desde que tenían 9 años, y… bostezo.

Para el soñador, todo esto parece muy importante y, de alguna forma, lógico. Para el resto de nosotros, no tiene sentido.

Sin embargo, esos bizarros monólogos resaltan un aspecto interesante del mundo de los sueños: la creación de conexiones entre cosas que no parecían conectadas antes.

Es una descripción parecida a la que da la gente creativa al hablar de su trabajo: conectan ideas y conceptos que nadie había conectado antes de una manera que parece tener sentido.

Con la almohada todavía encima

No es de extrañar entonces que algunas personas valoren tanto ese estado mental parecido al sueño, inmediatamente después de dormir, conocido como inercia del sueño o estado hipnopómpico.

Les permite salpicar sus pensamientos directos y alertas con un poco de la magia del mundo de los sueños.

Más tarde, la conciencia de la vigilia asume el control absoluto, algo que es bueno pues nos permite ir por la vida evaluando situaciones, haciendo planes, persiguiendo metas y lidiando racionalmente con el mundo.

La vida sería difícil si nos la pasáramos alucinando constantemente, creyendo en lo imposible o perdiendo el sentido de lo que estamos haciendo, como sucede cuando soñamos.

Pero el enganche racional de la conciencia diurna a veces puede ser demasiado fuerte, especialmente si su trabajo se puede beneficiar de la inútil, distraída, inconsistente, maniática pero a veces inspiradora naturaleza de esa inconsciencia soñadora.

Los métodos científicos, que por definición son estructurados y precisos, de pronto no parecen ser la mejor de las herramientas para investigar la conciencia del sueño.

No obstante, en 2007 Matthew Walker, ahora académico en la Universidad de California en Berkeley, y sus colegas llevaron a cabo un estudio que ayuda a ilustrar el poder del sueño para fomentar conexiones inusuales o asociados remotos, como los llaman los psicólogos.

Jerarquías e inferencias

A los sujetos que participaron en la investigación les presentaron pares de seis patrones abstractos A, B, C, D, E y F.

Por medio del ensayo y error aprendieron las bases de una jerarquía que les dictaba que tenían que seleccionar la A por encima de la B, la B sobre la C, etcétera. Los investigadores los llamaron “pares de premisa”.

Al entrenar a los participantes, nunca se les dijo explícitamente que la A es mejor que la B o la B que la C, ni que lo debían inferir. Ese orden oculto de relaciones implicadas, descritas por Walker como “pares inferidos”, fue diseñado para imitar a los asociados remotos que impulsan la creatividad.

Los participantes que fueron puestos a prueba 20 minutos después del entrenamiento acertaron el 90% de los pares de premisa pero sólo 50% de los pares de inferencia, la misma fracción que usted o yo tendríamos si hiciéramos la prueba sin ningún entrenamiento.

Aquellos que tomaron la prueba 12 horas después del entrenamiento le atinaron al mismo 90%, pero aumentaron a 75% en los pares de inferencia, demostrando que el tiempo extra había permitido que la naturaleza de las conexiones y el orden escondido se aclarara en sus mentes.

Viene bien dormir, de vez en cuando

Pero el éxito real del experimento fue el contraste entre un grupo entrenado en la mañana y puesto a prueba 12 horas después, en la tarde, y otro grupo entrenado en la tarde y puesto a prueba la mañana siguiente, después de dormir.

A ambos les fue igual de bien en las pruebas de los pares de premisa.

Los investigadores definieron inferencias que requerían la comprensión de dos relaciones de premisa como fácil, y aquellas que requerían de tres o más, como difíciles.

Así, por ejemplo, “la A es mejor que la C” era marcada como fácil, pues los participantes debían recordar que A era mejor que B, que era mejor que C. Pero si se trataba de “A es mejor que D”, se consideraba difícil pues con la siguiente conexión -C es mejor que D- sumaban tres.

Cuando se trataba de inferencias más difíciles, la gente que había tenido una noche de sueño entre la sesión y la prueba contestó correctamente 93% de las preguntas, mientras que quienes habían tenido un día ocupado sólo acertaron 70%.

El experimento ilustra que combinar lo que sabemos para generar nuevos conocimientos requiere de tiempo, algo que quizás muchos ya habían adivinado.

De pronto lo más revelador es que también confirma el poder del sueño para establecer asociaciones remotas.

Tejer vínculos entre trozos de información que durante el día nuestras mentes racionales ven como separados parece ser más fácil cuando nos desconectamos y nos dejamos llevar por los sueños.

Es esa función la que quizás explica por qué esos primeros momentos tras despertarnos pueden ser los más creativos.

Los sueños pueden parecer raros, pero sólo porque no tienen sentido con nuestra conciencia de vigilia no quiere decir que no tengan un propósito.

Yo empecé a escribir dos minutos después de despertarme, intentando aprovechar algo de esa creatividad del mundo de los sueños para dar forma a esta columna; la memoria de mi sueño, en el que estaba tratando de robar un banco con mi antiguo profesor de química y de jugar tenis con una raqueta hecha de espagueti, todavía vagaba por mi mente.