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¿Puedes distinguir entre la música de computador y la humana?

Las máquinas conquistarán lugares hasta en el mundo creativo, lo que -para los optimistas- multiplicará las opciones / Foto Thinkstock

Las máquinas conquistarán lugares hasta en el mundo creativo, lo que -para los optimistas- multiplicará las opciones / Foto Thinkstock

Gustav Mahler compuso su 5ª sinfonía como una carta de amor para su esposa, y cuando uno la escucha duda que algo producido automáticamente pueda jamás expresar pasiones tan profundas 

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Se dice mucho que las computadoras eventualmente remplazarán a los seres humanos en muchos aspectos de la vida, pero hay espacios inconquistables por las máquinas pues nacen en el alma y se alimentan de los sentimientos... ¿o no?

Gustav Mahler compuso su 5ª sinfonía como una carta de amor para su esposa, y cuando uno la escucha duda que algo producido automáticamente pueda jamás expresar pasiones tan profundas.

Al fin y al cabo, a ese nivel, la música es considerada como una actividad humana por excelencia.

¿Podrá alguna vez la inteligencia artificial crear algo similar a la sinfonía de Mahler?

Quizás la pregunta es otra

"La emoción, ¿está en la música que uno está escuchando o está en uno?", se pregunta el compositor David Cope, profesor emérito de la Universidad de California, en conversación con la BBC.

"En otras palabras, ¿está la música meramente provocando emoción en general, mientras que la emoción específica que se siente depende de uno mismo?", agregó.

Cope trabaja en las áreas de composición musical, inteligencia artificial e informática.

"¿Podrá una máquina alguna vez sentir emociones como nosotros?", se pregunta.

"Mi respuesta es: claro que sí. Lo digo porque tengo una fe absoluta en que los seres humanos pueden hacer todo", dijo.

"Limitarnos a creer que no podemos crear una máquina que pueda hacer eso es una lástima", agrega.

"Será mucho más adelante en el futuro, pero en todo caso yo creo que es posible".

Emily, la compositora

Cope trabaja con otra compositora: Emily Howell.

Ella nunca ha experimentado grandes tragedias o grandes alegrías.

De hecho, nunca ha sentido ninguna emoción.

No es siquiera un ser humano. Es el programa de computador de Cope.

"¿Experimenta emociones mi programa? Absolutamente ninguna. No hay nada en mis programas que tenga ni una gota de sentimiento. Son sólo dígitos".

"Mis programas de computador pueden componer música que puede traducirse en notación y luego a la interpretación. Y cuando la audiencia la escucha, puede hacerla llorar. Lo sé porque he visto que ocurre".

Nueva, rápida y precisa

Así que, de la misma manera que Wolfgang Amadeus Mozart o Los Beatles habrían dicho: "cuento con este número de instrumentos, tonos, acordes: voy a jugar con combinaciones hasta lograr lo que quiero", hoy en día, usando algoritmos y computadoras, se hace lo mismo, sólo que de una nueva forma.

"Pero no es sólo nueva. Es cien mil veces más rápida, e infinitamente más precisa", señala Cope.

"Si trabajo con Emily Howell por seis o siete semanas, la producción de música es muy interesante y juro que hay momentos en los que ella es muy expresiva, suena muy inteligente, muy interesante, muy parecida a un humano", dice.

"Aunque en el fondo yo sé que ella sólo es una versión de mí: yo la hago componer una corta pieza de música y si no me gusta, le digo por qué y ella intenta cambiarla. Es la pareja perfecta para componer", agrega.

Pero, ¿llegará un momento en el que la mayoría de la gente disfrutará de música compuesta por un computador más que la de los humanos?

"Posiblemente", contesta Cope, e inmediatamente agrega: ¿quiere decir eso que pienso que los compositores humanos van a ser redundantes? ¡No!".

"Nada va a remplazar a lo otro: lo que vamos a hacer es darle más opciones a nuestro paladar. Y no veo la razón para que alguien quiera tener menos que más", indica.

Seremos más

Para David Cope, la posibilidad de que las computadoras sean creativas y conquisten espacios que muchos pensamos que son esencialmente humanos no nos disminuirá; para él es una expansión de lo que podemos ser y hacer.

Su punto de vista concuerda con el de Gary Kasparov, el maestro de ajedrez al que la computadora Deep Blue venció en 1997.

En opinión de Kasparov, cuando los humanos y las máquinas superinteligentes se unen ocurren cosas realmente bellas y se puede lograr lo que no es posible de otra forma.

La idea de quienes tienen esa visión positiva de nuestro futuro con la inteligencia artificial es que podremos reconsiderar cuáles son los límites de la capacidad humana y darnos cuenta de que no se van a estrechar sino que los podremos ensanchar.