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¿Pueden los bombardeos aéreos derrotar al Estado Islámico?

Se necesita algo más para hacerle frente a los alrededor de 30.000 combatientes de Estado Islámico/BBC MUNDO

Se necesita algo más para hacerle frente a los alrededor de 30.000 combatientes del Estado Islámico/BBC MUNDO

La campaña aérea encabezada por Estados Unidos contra Estado Islámico desde comienzos de agosto es diferente a muchas de las que tuvieron lugar en los últimos años

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Algunos dudan que los bombardeos aéreos puedan detener la ofensiva insurgente. ¿Es suficiente lanzarle bombas desde el aire a miles de combatientes en el terreno para derrotarlos?

La pregunta cobra relevancia en momentos en que Kobane, una estratégica ciudad en la frontera entre Siria y Turquía, batalla para no caer en manos del grupo autodenominado Estado Islámico. Además, crecen las dudas sobre su efectividad pese a que este martes otro país, Canadá, anunció que se sumaría a esas operaciones desde el aire sobre territorio iraquí.

La coalición contra EI lanzó este martes bombardeos contra los yihadistas en Kobane, un enclave de mayoría kurda, mientras que el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, aseguró que los ataques aéreos no son suficientes para vencerlos. El mandatario aseguró que también debía haber cooperación con quienes pelean en el terreno.

Erdogan no es el único en reconocer que se necesita algo más para hacerle frente a los alrededor de 30.000 combatientes de Estado Islámico que controlan partes del territorio de Irak y Siria. El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, aseguró que los ataques aéreos no son suficientes para frenar a Estado Islámico.

"El poder aéreo por sí solo no va a ganar una campaña como ésta", le dijo a la BBC Dave Richards, ex jefe del Estado Mayor de Defensa de Reino Unido.

"No es en realidad una operación antiterrorista. Se trata de un enemigo convencional, ya que tiene blindados, tanques, artillería (...) es bastante rico, domina territorio y va a dar pelea. Así que, por lo tanto, uno tiene que verlo como una campaña militar convencional", agregó.

Lejos del "shock y pavor"

La campaña aérea encabezada por Estados Unidos contra Estado Islámico desde comienzos de agosto es diferente a muchas de las que tuvieron lugar en los últimos años. Y está muy lejos de la doctrina del "shock y pavor": ese despliegue militar a gran escala y abrumador utilizado en la invasión de Irak de 2003.

El éxito de esta campaña no se debe medir sólo por el tonelaje de las bombas o el número de ataques aéreos. El poder aéreo es importante pero, en última instancia, es un elemento de apoyo, explica Jonathan Marcus, analista diplomático y de defensa de la BBC.

Su primera tarea fue detener el impulso de los yihadistas y comenzar el proceso de degradar la organización.

Kobane, un importante enclave kurdo en el norte de Siria, está parcialmente sitiado por los yihadistas de Estado Islámico. Derrotarlos parece ser un objetivo más factible a mediano y largo plazo.

Y eso ocurrirá cuando las fuerzas locales estén capacitadas, requipadas y sean capaces de pelear con EI sobre el terreno.

Ataques limitados

Estados Unidos golpea centros de comando de EI en Siria y sus aliados árabes hacen lo mismo con refinerías para afectar las fuentes de recursos del grupo en las áreas que controla.

En Irak, EE.UU. recibe el apoyo de bombardeos aéreos británicos y franceses. Australia realizó su primera misión el lunes y el Parlamento de Canadá debate su participación este martes.

En Irak, EE.UU. recibe el apoyo de bombardeos aéreos británicos y franceses.

Pero el número de bombardeos es limitado e incluso atacar desde el aire no es fácil.

Las armas de los combatientes de EI pueden estar bien camufladas cuando no las están usando y sus observadores pueden identificar con facilidad a las aeronaves estadounidenses.

El brigadier Ben Barry, analista de guerra terrestre en el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés), asegura que los problemas en torno a Kobane ilustran "no tanto la falta de un componente en tierra, pero la falta de una verdadera capacidad de sincronizar el esfuerzo aéreo con lo que está ocurriendo sobre el terreno".

"Hay un argumento potente –añade– para tener fuerzas especiales occidentales sobre el terreno en el papel de un control aéreo avanzado para ayudar a guiar a los aviones a sus objetivos".

Y quizá, explica Marcus, el problema resida en la cantidad de aviones que participan y en las bases utilizadas. Más aviones, y más bases cercanas a la acción, serían de ayuda.

Las otras misiones

En muchos sentidos, mucho más importante será la misión de reforzar a las fuerzas iraquíes y a los rebeldes sirios considerados moderados en el terreno.

Restablecer la credibilidad del ejército iraquí, previamente entrenado y equipado por Estados Unidos, tomará tiempo.

Restablecer la credibilidad del ejército iraquí, previamente entrenado y equipado por Estados Unidos, tomará tiempo, aseguran analistas.

Siria es diferente. Aquí el mantra de los gobiernos occidentales es el de darle poder a la "oposición moderada" para contrarrestar a EI.

Pero vetar, seleccionar y entrenar incluso a unos pocos miles de combatientes probablemente lleve más de un año.

Aunque sean eficaces, tendrán dos frentes: EI y el régimen del presidente sirio, Bashar al Asad.

Y la coalición para combatir al grupo es más amplia que profunda.

"Muchos países lo ven como un medio para la consecución de sus propios objetivos en la región: un enemigo común en realidad no ofrece un interés común", señala Marcus.

Esta es una región que enfrenta profundos problemas: la fragmentación de las estructuras estatales, divisiones fundamentales entre el Irán chiita y los Estados árabes sunitas, por no hablar del complejo vínculo entre Turquía y los kurdos.

El conflicto cerca de su frontera en Kobane ilustra la ambivalencia del gobierno turco.

Se opone al gobierno de Asad y, aunque ve a EI como una amenaza, no está cómodo con dar la imagen de que fortalece el poder del presidente sirio ni tampoco le interesa fortalecer la capacidad militar de los kurdos, con quienes el gobierno en Ankara mantiene un viejo conflicto.

"Pero con los yihadistas en su frontera, Turquía va a tener que decidir cuáles son sus intereses. Una extensa campaña contra Estado Islámico no sólo requiere una sostenida actividad militar sino también cohesión política", agrega el analista de la BBC.