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La Primera Guerra Mundial cambió la historia de la aviación

El Fokker Eindecker revolucionó la guerra aérea en 1915 | Foto: BBC Mundo

El Fokker Eindecker revolucionó la guerra aérea en 1915 | Foto: BBC Mundo

HMS Ark Royal fue el primer barco diseñado para cargar aeronaves internamente, lo que le abrió el camino a los portaaviones

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Lo que pasó en espacio de seis meses, hace ya cien años, cambió la aviación para siempre.

Estos son algunos de los hitos que marcaron aquella época.

5 de octubre de 1914: el primer avión derribado desde el aire

En un campo de aviación cerca de Lhéry, en Francia, dos franceses se subieron a un avión para espiar (y bombardear) posiciones alemanas en el Frente Occidental.

Era el 5 de octubre de 1914. El sargento Joseph Frantz y el cabo Louis Quenault estaban a punto de hacer historia.

Poco después de que empezaron a lanzar sus bombas (a mano), se encontraron con un Aviatic, un biplaza de reconocimiento alemán. Decidieron acercarse con su Voisin III, un biplano hecho de madera y lona que alcanzaba una velocidad máxima de 100 kilómetros por hora.

Los zepelines eran dificiles de interceptar por aeronaves de poca potencia en los primeros años de la guerra.

El Voisin estaba armado con una sola ametralladora, pero sus dos tripulantes también llevaban armas en la cabina, para poder dispararle al enemigo cada vez que lo tenían a su alcance.

Y es que los duelos aéreos ocurrían tan de cerca, que se podía ver el miedo en la cara del oponente.

Frantz maniobró y se acercó a 10 metros del avión alemán. La ametralladora de Quenault pronto se atascó. Los alemanes aprovecharon para atacarlos con un rifle. Quenault respondió con una pistola.

El aeroplano alemán se precipitó al vacío y explotó. Frantz y Quenault se convirtieron, así, en los primeros aviadores en derribar otra aeronave.

Tras aquel episodio se disparó un frenesí de invención e ingenio, en la competencia entre los enemigos por la dominación aérea.

10 de diciembre de 1914: el nacimiento del portaaviones

En vísperas de la Primera Guerra Mundial, el poder naval reinaba en forma suprema. La carrera armamentística entre Alemania y Reino Unido se basaba en la construcción de enormes buques de guerra, blindados y lentos.

El 6 de septiembre de 1914, aviones militares japoneses atacaron barcos austrohúngaros y alemanes en el puerto de Tsingtao, en China. Fue la primera ofensiva aérea contra navíos de guerra. Y otras naciones tomaron nota de la nueva estrategia.

Para llevarla a cabo, sin embargo, los aeroplanos debían ser lanzados desde el océano.

El 10 de diciembre se terminó de construir el HMS Ark Royal, el primer buque con un espacio interior para transportar aviones. Esto cambiaría la forma de hacer la guerra por mar.

"Este hecho marcó el inicio de una evolución que llevó al portaaviones a sustituir al acorazado como nave principal", dijo Ross Mahoney, historiador del Royal Air Force Museum y secretario de la Royal Aeronautical Society, ambos del Reino Unido.

21 de diciembre de 1914: la primera noche de bombardeos

En 1914 la mayoría de los aviones militares tenían como función observar posiciones enemigas y sólo algunos llevaban un modesto cargamento de explosivos.

Pero en diciembre unos aviadores británicos decidieron probar una nueva táctica: bombardear de noche.

El comandante Charles R. Samson ya había hecho historia en 1912, al convertirse en el primer piloto británico en hacer volar un avión desde un barco. Ahora se proponía bombardear objetivos alemanes en la Bélgica ocupada, en la oscuridad.

"Debió ser difícil. Hasta entonces se le había prestado poca atención a la navegación nocturna", señaló Mahoney.

"Llevaba una linterna de bolsillo para ver los diales y el manómetro", contó Samson en un artículo periodístico publicado varios años después de la guerra.

"Piloté con calma sobre los tejados y en cierto momento uno de sus reflectores iluminó una batería de artillería pesada. ¡Era el objetivo perfecto!".

Lanzó las bombas y evadió el fuego alemán de regreso a su base.

El cielo nocturno se volvió un arma en sí mismo, un manto de oscuridad para ocultar los aviones.

1 de abril de 1915: la primera victoria de un avión de combate

Mientras tanto, el combate aéreo a la luz del día era casi cuestión de azar.

Los pilotos debían maniobrar para que los observadores pudieran disparar. También podían utilizar la ametralladora colocada en el arco de la hélice.

Era difícil y peligroso: las aspas de los aviones eran de madera y quedaban expuestas a un resultado desastroso.

Fue al aviador francés Roland Garros a quien se le ocurrió la primera solución práctica. Forró el interior de las hélices con cuñas metálicas, de tal forma que las balas no las destrozaran cuando eran disparadas.

Con su avión de combate Morane Saulnier, Garros derribó un Albatros, un aeroplano de vigilancia alemán, el 1 de abril de 1915.

"Fue una solución tosca, pero un gran avance conceptual en términos del combate aire-aire", aseguró Peter Jakab, curador jefe del National Air and Space Museum de Washington, EE UU Pero no acabaron aquí los avances.

En junio de 1915 los pilotos alemanes empezaron a utilizar un nuevo tipo de avión.

Éste seguía disparando a través de las hélices, pero unos engranajes de sincronización aseguraban que las balas pasaran entre las aspas, sin dañarlas. Un método mucho más efectivo que el del francés.

El aparato en cuestión, el monoplano Fokker Eindecker, supuso un salto tecnológico tal que su periodo de supremacía sobre las trincheras del Frente Occidental se conoce como "el látigo de Fokker".

Cerrando brechas

Otras aeronaves comenzaron a utilizarse (muchas de ellas diseñadas para trabajos específicos), cada vez más rápidas y más fuertes, con más potencia y mejores motores.

En este sentido, la Primera Guerra Mundial fue un laboratorio de pruebas.

No hay duda de que los combates por aire abrieron un espeluznante capítulo en la historia del conflicto armado; pero, sin ellos, muchos de los aspectos de la aviación en los que nos apoyamos no hubieran avanzado tan rápido.

La guerra siempre parece tomar tecnologías benignas y transformarlas en máquinas de muerte. Sin embargo, al mismo tiempo, acelera el paso de la innovación, permite sacarle más provecho cuando se reinstaura la paz.

La guerra llevó a crear aeronaves más rápidas y más robustas que pudieran volar por períodos más prolongados, lo que eventualmente permitiría transportar pasajeros y toda clase de mercancías por todo el mundo.

En otras palabras, las innovaciones de cuando el mundo estaba tan separado terminaron acercándonos.