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Piratas contra tiburones en el Pacífico

Para el explorador marino Jacques Cousteau, la Isla del Coco era la más hermosa del mundo | BBC Mundo

Para el explorador marino Jacques Cousteau, la Isla del Coco era la más hermosa del mundo | BBC Mundo

Empieza la persecución. El sospechoso está dentro de la zona prohibida, flotando en el resplandeciente oleaje del Pacífico, aparentemente despreocupado

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Nuestro bote patrulla se acerca.

De repente, da la vuelta. Está intentando huir.

Trata de escaparse a toda velocidad.

Estamos navegando las aguas ricas en tiburones que rodean a la legendaria Isla del Coco, Costa Rica, que albergan una de la más exquisita vida marina de todos los océanos.

El guardia me advierte que si mantenemos esa velocidad por una hora, los motores del buque explotarán.

Pero el capitán del barco pesquero obviamente no lo sabe.

Cada vez estamos más cerca. Acepta su destino y reduce la velocidad.

Lo atrapamos en cuestión de minutos.

Frente a frente

Los guardias temen lo peor: por lo general estas confrontaciones son horribles. Hay insultos a las madres, amenazas de muerte y, a veces, choques con las patrullas.

En vez de eso, somos testigos de un intercambio cortés con el capitán, un pescador con el torso desnudo, adornado con una cadena de acero que le cuelga del cuello y un pañuelo estilo pirata.

"Buenos días señor", saluda el guarda Isaac Chinchilla desde la baranda de la proa de su barco.

"Buenos días", responde el sospechoso mientras se estira para entregar sus documentos.

Dice que flotó accidentalmente hacia la zona donde está prohibido pescar pues había apagado los motores para ahorrar energía mientras esperaba a un bote para repostarse.

Regaño

No hay nada que demuestre que estaba pescando ilegalmente, y nada que lo conecte con el equipo de pesca con un ballenato muerto como carnada que encontramos una milla náutica atrás.

Es conocido como un dispositivo de concentración de peces. Fue abandonado a la deriva en la corriente que fluye a través de la zona vedada para la pesca.

El cebo -en este caso, el ballenato- está amarrado a una balsa con un transmisor. Atrae peces pequeños, que a su vez sirven como aliciente para que predadores como los tiburones y atunes se aparten del área protegida, hasta un lugar en el que los puedan pescar legalmente.

Al pescador que alcanzamos le dan una advertencia oficial; los guardas no pueden hacer nada más.

Incluso si tuvieran evidencia no podrían arrestarlo, pues la ley costarricense insiste en que los sospechosos no pueden ser retenidos por más de 24 horas sin una orden judicial... y están a 40 horas de viaje del tribunal más cercano.

Piratas de ayer y de hoy

Una advertencia, pero no un proceso judicial. No obstante, un éxito parcial para los guardas que tratan de defender la isla, un lugar declarado como patrimonio de la humanidad por la Unesco, en el que se dice que están ocultos millones de dólares en tesoros de los piratas de antaño.

Hoy en día, los piratas son pescadores que han estado vaciando el mar de tiburones y atún.

La Isla del Coco atrae a los peces pues está sobre una cordillera submarina que hace que los nutrientes del océano profundo estén más arriba.

En las aguas de la isla hay una concentración de tiburones importante globalmente, como lo comprobé en una extraordinaria sesión nocturna de buceo.

"A veces, cuatro barcos tiran palangres (de los que penden anzuelos que pescan atunes, delfines y tortugas) en la zona. Pero sólo tenemos la capacidad de recoger dos de ellos", lamenta.

El radar de DiCaprio

En 2012, las patrullas recogieron 206 kilómetros de redes ilegales con cerca de 5.000 anzuelos, y eso es apenas una fracción de lo que utilizan los pescadores ilegales.

Encima, los problemas con los trámites implicaron que ninguno de los pescadores arrestados terminó en la cárcel.

"Definitivamente necesitamos mejor tecnología y leyes más adecuadas", me dice un guarda.

Los conservacionistas están tratando de conseguir las dos cosas. El proyecto más grande es un radar ultrapoderoso financiado por donantes estadounidenses adinerados, que incluyen al actor Leonardo DiCaprio, que detectará objetos de un metro de altura a 50 km de distancia.

Eso le ayudaría a las autoridades a rastrear tanto a pescadores ilegales como a traficantes de droga. A veces, ambos crímenes están vinculados: se encuentran tiburones muertos rellenos de cocaína.

Sin embargo, construir un nuevo radar en la húmeda cumbre de Isla del Coco es una ardua tarea. Todos los materiales tienen que ser transportados en ferry desde el continente, que está a 480 km de distancia.

En la isla no hay un puerto para evitar que entren más especies invasoras, así que la arena, el cemento y el equipo tienen que ser desembarcados en medio de las olas a mano y cargados cuesta arriba en las espaldas de peones.

"Es verdaderamente difícil", admite Zdenka Piskulich, cuyo grupo sin fines de lucro Costa Rica por Siempre está instalando el aparato, valorado en US$3,6 millones. "Pero aumentará masivamente la habilidad de los guardas para atrapar a los pescadores ilegales".

Para ganar la pelea

El desafío más grande es el cambio cultural, legal y económico.

El capitán del barco que aprehendimos, por ejemplo, negó haber estado pescando en la zona prohibida pero admitió que él y sus compañeros pescadores consideraban que el área era una molestia innecesaria. Agregó que si no puede pescar, se queda sin empleo.

Los ecologistas están urgiendo al gobierno a crear nuevos empleos.

Y, además, a desenredar el desorden de las reglas de pesca.

"Tienen que resolverlo", dice Chuck Fox, líder de Oceans Five, un grupo de financieros privados que está ayudando con el proyecto Isla del Coco junto con Conservación Internacional y otros.

"En Estados Unidos habríamos empezado a perseguir a estos tipos de otra manera. ¿Están en orden sus registros de pesca? ¿Han pagado impuestos? ¿Mantienen bien sus buques?".

"Tenemos que ganar esta pelea".