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Michelle Bachelet: "Entiendo la desconfianza" de los estudiantes

La candidata presidencial de la Nueva Mayoría, Michelle Bachelet / El Mercurio de Chile

La candidata presidencial de la Nueva Mayoría, Michelle Bachelet / El Mercurio de Chile

Michelle Bachelet no quería ser candidata. Pero a dos meses de las elecciones presidenciales del 17 de noviembre en Chile, los sondeos la colocan a las puertas de un segundo mandato en La Moneda

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La presidenta que dejó el gobierno con un 84% de popularidad en 2010 conserva todavía gran parte de ese respaldo, especialmente en los sectores populares y la clase media.

Por eso su coalición de centro-izquierda, Nueva Mayoría, exprime la agenda de la aspirante en todo tipo de eventos, desde encuentros folclóricos hasta actos religiosos, quizás con el sueño de zanjar la elección en la primera vuelta.

Sin embargo, Bachelet, a punto de cumplir 62 años, sabe que ya no puede jugar la carta de la novedad como en su primera campaña.

El país que votará por nuevo jefe de Estado y parlamentarios el próximo 17 de noviembre ya tiene la experiencia de una mujer al frente.

Chile conoce bien a Bachelet y ella sabe que si gana se le exigirá aún más de su gobierno. ¿Empieza entonces ahora el desafío real para la ex mandataria?

"Esos cuatro años fueron sumamente reales", bromea en una entrevista con BBC Mundo.

Aquella presidencia "no fue una luna de miel", cuenta, "pero hoy día hay una situación distinta, un país distinto", explica.

"Ahora viene una segunda fase (…) El país ha cambiado en estos cuatro años, las personas saben mucho mejor lo que quieren y lo que no quieren, es un país más demandante, tiene grandes expectativas y es más consciente de sus derechos", dice Bachelet.

En efecto, basta echar un vistazo a las noticias locales para darse cuenta de que la sociedad chilena ya no tiene miedo de protestar: siguen las marchas estudiantiles, manifestaciones por grandes proyectos mineros y en defensa de los derechos de los indígenas.

Tiempo de reformas

Es en mitad de este clima de demandas que la candidata de la izquierda dice entender la desconfianza de sectores como el estudiantil, quien le reclama no haber trabajado más arduamente y más pronto por un sistema educativo público, gratuito y de calidad.

O de grupos de izquierda que recuerdan que, a pesar de haber desarrollado numerosos planes de protección social durante su mandato, esta socialista no removió el modelo económico neoliberal chileno, en gran parte herencia del régimen de Augusto Pinochet.

Por eso se presenta con un paquete de reformas -la educativa, la constitucional y la tributaria- y con el empeño de que el mandatario por sí solo no puede cambiar el país sin apoyo legislativo, en alusión a la falta de respaldo parlamentario entre 2006 y 2010.

Estas son algunas de las preguntas que BBC Mundo le hizo a la ex presidenta y candidata Michelle Bachelet en la recta final de su campaña.

Lección aprendida: Transantiago

De aquellas decisiones que tomó como presidenta hace casi cuatro años, ¿se arrepiente hoy de alguna?

No hay alguna que me haya arrepentido en hacerla sino tal vez lo hubiera hecho distinto si hubiera sabido lo que iba a suceder, es algo que es claramente evidente: el Transantiago (sistema de transporte colectivo en la capital del país).

Lo eché a andar porque se me aseguró que iba a funcionar muy bien y no fue así.

Esta era muy buena idea, pero la implementación demostró una serie de falencias.

Eso me mostró una lección muy importante, que ese era un plan hecho por personas muy inteligentes, pero que pensaron en el sistema y no en la gente. La gran lección es siempre poner a la gente en el centro de las políticas.

Fue un gran y duro aprendizaje.

Educación: La gran deuda

¿Por qué promete ahora una reforma educativa que como presidenta no llevo a cabo?

No lo hicimos porque no pudimos. Yo mandé un proyecto de ley de fin al lucro en 2007 y mandé en 2008 un proyecto de ley de fortalecimiento de la educación pública, que no prosperaron en el Congreso, no basta con la voluntad de un Presidente.

Creo además que hoy en día en Chile hay una conciencia de lo indispensable que es una reforma de la educación de calidad que no existía en términos mayoritarios anteriormente.

En parte es gracias a los propios estudiantes, que estuvieron en la calle durante casi un año, consiguiendo el apoyo de mucha gente.

Eso no quiere decir que cuando nosotros mandemos el proyecto de ley no vaya a haber controversia.

Pero yo he vuelto a Chile a ser candidata para hacer cosas que creo hay que hacer de todas maneras.

Yo entiendo la desconfianza. Yo confío en que la confianza se construya cuando se vea que hay voluntad, decisión. Pero espero también que esos mismos estudiantes que desconfían vayan a votar por parlamentarios que de verdad van a apoyar este tipo de iniciativas.

El conflicto mapuche

A usted se le ha recriminado el uso de la ley antiterrorista en el marco de las protestas de los pueblos originarios ¿Se arrepiente de haber utilizado esa ley? ¿Cómo actuaría si gana de nuevo las elecciones?

Nosotros llevamos adelante un conjunto de iniciativas que mejoraron la vida de muchos de ellos. Ahora, tenemos deudas históricas pendientes, todos los gobiernos.

Con respecto al tema de la violencia, ha habido casos dramáticos contra el pueblo mapuche y ha habido lamentablemente fallecimientos, que no son aceptables, de los que viven no siendo pueblos originarios en esos lugares.

En un estado de derecho hay que garantizar la posibilidad de una convivencia pacífica y que la ley se cumpla.

Creo que fue un error haberla aplicado (la ley antiterrorista) y creo que esto no debe volver a aplicarse en nuestro país.

Sin embargo, yo quiero decirle que yo mandé un proyecto de ley para modificar la ley antiterrorista y nuevamente no fructificó en el parlamento. No basta con la voluntad de un gobernante.

Dos candidatas

Por primera vez en la historia de Chile dos mujeres son candidatas a la presidencia por parte de las principales alianzas de partidos (una más, Roxana Meneses, se presenta por el Partido Igualdad, pero los sondeos la colocan en los últimos lugares).

¿Cómo ha cambiado el trato que usted ha recibido como mujer por parte de otros políticos con respecto a su primera campaña?

Todavía el mundo político es machista. Recuerdo una anécdota, que una de las primeras invitaciones que nos llegó como ministra para un acto por la independencia del país decía "Señora ministro y esposa", todo era en masculino. El protocolo no lo tenía (incorporado).

Ha habido una evolución cultural importante, pero que aún requiere seguir avanzando. En el ámbito de la participación política de las mujeres es donde estamos más atrasados.

Yo diría que no hay ninguna discriminación con esta candidata. Como lo demostraron además las primarias cuento con un gran apoyo de la gente y los partidos han apoyado con mucha energía.

Su principal rival

¿Y cómo se vive a nivel personal el tener como rival a Evelyn Matthei, una persona que durante su infancia estuvo tan cerca de su familia?

Ella era la hermana menor de mi amigo, la conozco, pero no es que estuviéramos jugando juntas, en clase juntas…

Mi padre era muy amigo de su padre, estuvimos juntas en Antofagasta, en el Norte de Chile, y yo me la reencuentro ya de mayor, ella en la derecha y yo en la centro-izquierda.

La relación era la normal entre una ministra y una parlamentaria.

Claro, hay una parte de la historia que es común, pero la gran parte es distinta: mi padre termina muerto por tortura en la cárcel, su padre termina siendo parte del gobierno en dictadura… son historias distintas y son maneras distintas de entender la economía y muchas temáticas.

Como siempre, yo le tengo a ella, como al resto de candidatos, el mayor respeto.

La economía

El mundo está observando a Chile por su fuerte ritmo de crecimiento (en torno de un 4% anual), pero la desigualdad es todavía uno de los principales desafíos para esta economía. ¿Qué piensa hacer para combatirla si gana las elecciones?

Hay dos cosas que tenemos que hacer. Primero, mantener el crecimiento de la economía, pues sin ello no podemos mejorar la igualdad.

Lo segundo, nuestra agenda se centra en productividad, energía y diversificación de la economía, no podemos seguir dependiendo de las materias primas, tenemos que contar con un valor añadido en nuestros productos.

Pero para combatir la desigualdad contamos con la reforma de la educación, programas sociales, impulso a las pequeñas y medianas empresas y una política laboral que combata la gran brecha existente entre los salarios más altos y los más bajos.

La desigualdad está en el mercado de trabajo. Tenemos que dignificarlo, con mejores relaciones laborales, fortaleciendo la capacidad de negociación de los sindicatos.

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