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Cómo México busca cambiar uno de los oficios más arduos y peor pagados

Magdalena Urbano Blas, de 42 años, empieza temprano su día | Foto: BBC MUNDO

Magdalena Urbano Blas, de 42 años, empieza temprano su día | Foto: BBC MUNDO

Más de 2,3 millones de personas son trabajadores domésticos en México

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Magdalena Urbano Blas, de 42 años, empieza temprano su día. De lunes a viernes la alarma de su despertador suena a las 4 de la mañana.

Prepara el almuerzo para sus dos hijos, Diego de 10 años y Viviana que acaba de cumplir 15. Se despide de ellos con un beso y su papá la acompaña caminado a la parada del autobús.

Para llegar a su trabajo como empleada doméstica tiene que tomar tres autobuses, en un recorrido que le toma dos horas.

Eso hace parte de las dificultades que la llevaron a unirse al primer sindicato de empleadas domésticas en México.

Magdalena trabaja ocho horas diarias, limpiando el apartamento de una rica familia mexicana y cuidando a un niño pequeño.

Después debe realizar el largo trayecto de regreso en la noche, sólo para comenzar todo otra vez antes del amanecer del día siguiente.

Empleadores difíciles

Pero para Magdalena, esto es lo mejor que ha tenido. Gana US$90 por una semana de 40 horas y le pagan por cada hora de tiempo extra que trabaja.

Hay que comparar esto con lo que tenía cuando empezó, a los 13 años de edad.

Sus primeros empleadores le pagaban sólo US$4 a la semana. Magdalena dice que le enseñaron todo lo que sabe. La alentaron a que terminara la educación primaria, pero eran difíciles.

Y el sueldo era malo, no podía pagar la renta.

Así que vivía en la techo del edificio de departamentos donde trabajaba, en el cuarto de las empleadas domésticas. En lugar de renta, debía pagar su alojamiento planchando para el vecino.

Norma  

Era una existencia difícil pero no era nada comparada con las dificultades que enfrentó en su último empleo. La rica familia para la que trabajaba tenía varias casas, una de las cuales estaba siendo renovada.

Había decenas de trabajadores, jardineros, carpinteros y electricistas. Un día, su empleador le dijo que no encontraba un aparato electrónico.

"Buscamos y buscamos y no estaba en ningún lado", dice Magdalena. "Pero como yo era la que estaba a cargo de la casa, me hicieron responsable. Me acusaron de robar y me despidieron".

Sus empleadores le enviaron mensajes de texto a su hija, diciéndole que su madre era una ladrona.

Después de que su empleador comenzó un proceso legal, el artículo en cuestión apareció en la casa que estaba siendo renovada.

Los cargos fueron retirados pero sus exempleadores nunca se disculparon. 

Nuevo sindicato 

Esa experiencia condujo a Magdalena a buscar ayuda. Llamó al Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (CACEH) y la apoyaron en esa época difícil.

 Martha  

A fines de agosto CACEH formó exitosamente el primer sindicato de México para y dirigido por empleadas domésticas. Magdalena toma parte en foros y talleres con sus colegas para ayudar a otras personas como ella.

"Las condiciones para las mujeres que trabajan en hogares en México son muy precarias", dice Martha Leal Morales, que trabaja como secretaria general del Sindicato Nacional de Trabajadoras del Hogar.

"Decidimos formar este sindicato para defender los derechos de las empleadas del hogar, para que tengan una mejor calidad de vida".

Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía de México (INEGI),más de 2,3 millones de personas son trabajadores domésticos en México.

Entre ellas, casi dos millones son empleadas de limpieza. El resto son cocineros, choferes, lavadores de platos y cuidadores de algún miembro del hogar.

95% de los trabajadores domésticos de México son mujeres y éste es un sector que está mal regulado y pésimamente pagado. Algunos empleados reciben US$6 al día.

Lo que se espera con este nuevo sindicato, es que haga a la gente más visible y les dé una voz. Pero el trabajo doméstico es una profesión escondida y la mayoría de estas personas trabajan en la economía informal.

Norma Flores  

Según el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación más de 90% de las empleados domésticas no tienen un contrato, así que poder lograr un cambio será difícil.

Aliadas 

El empresario Rodolfo Corcuera tiene una estrategia diferente pero el mismo objetivo cuando se trata de mejorar las cosas para los trabajadores domésticos.

El año pasado fundó junto con Ana Isabel Orvañanos una plataforma online llamada Aliada.mx que vincula a empleados de limpieza con clientes cerca de sus hogares.

A Rodolfo se le ocurrió la idea después de descubrir que su limpiadora realizaba un trayecto de cuatro horas para llegar hasta su casa. Pasaba tanto tiempo viajando que no podría ganar un salario de un día completo limpiando casas.

Aliada.mx fue la solución. Rodolfo dice que ese nombre refleja que la relación entre la limpiadora y el cliente debe ser horizontal.

Rodolfo 

"No debe ser alguien que está trabajando para ti, es otro ser humano que debido a las condiciones y circunstancias que vive, está ofreciendo un servicio para mantener a su familia y te está ayudando en tu casa y tú le estás pagando por eso", afirma Rodolfo.

"Pero es muy importante, especialmente aquí en México donde tenemos mucha discriminación, mucha inequidad, que ambos y que todos en nuestra comunidad sientan que están en el mismo nivel".

Cualquier empleada potencial que desea unirse debe tener un teléfono inteligente, una cuenta de banco y pagar impuestos.

Una vez que eso está organizado puede registrarse para tanto trabajo como desee, con un salario promedio de alrededor de US$35 al día.

Norma Flores Vielma es una de las "aliadas". Vivió y trabajó en Los Ángeles durante varios años pero esta madre de cuatro tuvo que regresar a México por razones familiares.

Flexibilidad 

La flexibilidad que tiene con Aliada de ser capaz de elegir cuándo y dónde trabaja, y el hecho de que no sólo son los clientes los que pueden calificar su trabajo, sino que ella también puede evaluar a sus clientes por la forma como la tratan, la hacen sentirse apoyada.

"No sólo eres una empleada doméstica, eres alguien a quien se le permite entrar al hogar de la gente", dice. 

"Ni siquiera un doctor entra al baño o la recámara pero nosotros sí, y eso es algo que realmente está valorado".

Su hermana, por el contrario, trabaja 10 horas al día y recibe menos de US$12. Le pregunté a Norma por qué no se ha unido a Aliada también.

Dice que el costo de un teléfono inteligente está fuera de sus posibilidades.

Así que para cada Norma, y cada Magdalena, que se están asegurando de que las empleadas domésticas tienen los derechos que se merecen, esto es un esfuerzo cuesta arriba.

Con una economía informal tan grande, y tan oculta, todavía quedan muchas personas que tendrán que continuar sufriendo en silencio con la esperanza de recibir un pago.