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Mamá Rosa, la mujer detrás del albergue del horror en México

La detención de Mamá Rosa ha causado una intensa polémica en México / BBC MUNDO

La detención de Mamá Rosa ha causado una intensa polémica en México / BBC MUNDO

El nombre que más se repite en México es Mamá Rosa, la forma como se conoce a Rosa del Carmen Verduzco Verduzco, fundadora del albergue La Gran Familia y a quien las autoridades acusan de secuestrar y maltratar a los niños que vivían en esa casa

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En los medios se difunden imágenes de la comida en descomposición con que, afirman las autoridades, se alimentaba a los menores, así como las rejas en los cuartos pequeños donde dormían. "Hizo un negocio de su albergue", aseguran organizaciones civiles.

Pero otros también la defienden. "El operativo policíaco y mediático desplegado contra Rosa Verduzco es inexplicable. ¿Esperaban encontrar resistencia armada?", cuestiona un grupo de 25 escritores, políticos e intelectuales en una carta pública.

Entre la controversia de opiniones, muchos se preguntan quién es esta mujer que genera tanta polémica y que logró el apoyo de expresidentes del país al tiempo que genera repudio de muchos de sus protegidos.

Lo que se conoce

Algunos creen que la clave en la imagen de Rosa Verduzco es que empezó su tarea desde hace mucho tiempo, cuando muy pocos en Zamora, Michoacán, donde nació, se preocupaban por los niños huérfanos o abandonados.

Desde que era adolescente se hizo cargo de un niño abandonado al que siguieron otros, a quienes protegió a pesar de la resistencia de su familia, propietaria de empresas y campos de cultivo.

Algunos, como el premio Nobel de Literatura Jean-Marie Le Clézio escribieron que en vez de buscar un novio, como muchas chicas de su edad, Verduzco prefirió atender a niños sin hogar.

En realidad vivió entre ellos. Las historias que se conocen de esa época, a finales de la década de los años 50, cuentan que tras la muerte de su padre, Rosa convenció a su mamá de que le regalara una casa a donde se mudó con 40 niños que ya cuidaba.

Era una comunidad inusual en la conservadora ciudad de Zamora: la chica no sólo jugaba en las calles con sus protegidos, sino que incluso en varias ocasiones buscaron juntos comida de desecho entre la basura.

De esos tiempos es que la mujer, hija de una familia adinerada, adoptó el lenguaje y carácter fuerte que desde entonces le caracteriza, pero que décadas después también le generó problemas pues muchos de quienes la critican dicen que en su albergue se comportaba de manera "dictatorial".

15 años después que alimentó al primer niño abandonado consiguió dinero para comprar el terreno donde ahora existe el albergue, cuyas primeras habitaciones fueron construidas por la mujer y sus protegidos.

En más de una ocasión los muros y techos se vinieron abajo, ha contado Mamá Rosa, porque nadie sabía cómo edificar una casa.

Costumbres

Parte de la fama de La Gran Familia, como Verduzco bautizó a su albergue, surgió porque recibía a muchos niños que otros sitios no aceptaban, incluso con adicciones o historias de delitos.

Pero también se le conoce por sus reglas internas, como el obligar a los padres que dejaban a sus niños en su cuidado a firmar documentos donde le cedían la potestad legal de los menores.

También se cuestiona su costumbre de registrar a su nombre a muchos de estos pequeños, sobre todo los que nacían dentro del albergue. Ahora las autoridades dicen que se trata de adopciones ilegales, pero La Jefa, como también se conoce a Verduzco, realizó esta práctica durante varias décadas.

Es otra parte de la polémica pues algunos cuestionan cómo pudo sortear, durante tanto tiempo, esas irregularidades. Y la respuesta es que Mamá Rosa no solo construyó un albergue para miles de niños, sino que fue capaz de establecer una extensa red de relaciones entre políticos y empresarios.

Nashieli Ramírez, directora de la asociación civil Ririki, Intervención Social, dice que La Gran Familia cultivó la imagen de que cumplía la labor que las autoridades no realizaban, atender a niños huérfanos o abandonados.

Algo que también hacen otras instituciones de beneficencia en el país. "Hay desatención del Estado a esos niños, dejan que los albergues hagan lo que pueden con lo que pueden", le dice Ramírez a BBC Mundo.

"Así es como este tipo de figuras empiezan a acumular poder político y visibilidad: tienes una institución, eres una persona que se sabe mover y que se relaciona con empresarios y gente de dinero", agrega.

Relaciones políticas

Ese fue el camino que siguió La Gran Familia. El respaldo de los capitalistas concitó otro, el de autoridades locales y después aparecieron políticos en campaña que buscaron tomarse una foto con la benefactora de miles de niños.

Eran imágenes donde los candidatos entregaban ropa, comida, instrumentos musicales o dinero para convencer a los electores de la región, una de las más conservadoras del país.

Mamá Rosa, quien creó su albergue en 1947, reunió muchas de estas fotos. En algunas, publicadas después de su captura, aparece con los expresidentes Fox y Felipe Calderón; el exgobernador de Michoacán Leonel Godoy y varios alcaldes del estado, por ejemplo.

Esas relaciones fueron útiles a Verduzco. El procurador Murillo Karam dijo que el albergue obtuvo financiamiento público de gobiernos locales y del federal.

Medios de Ciudad de México señalan que La Gran Familia obtuvo donaciones de la Secretaría de Desarrollo Social, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el gobierno de Michoacán y la alcaldía de Zamora, entre otros.

Los críticos de Mamá Rosa apuntan que los donativos llegaron por la percepción que existía sobre el albergue: en el sitio funcionaba una escuela con reconocimiento de la Secretaría de Educación Pública; muchos de quienes vivieron allí se graduaron de carreras universitarias y hasta se creó una orquesta que tocaba en foros de varias partes del país.

Lo que se conocía del albergue le ganó simpatías más allá del círculo político o empresarial. El ejemplo más claro es la carta publicada por intelectuales donde aseguran que hubo excesos de las autoridades.

"La humillación escandalosa de una gran trabajadora social es inmerecida y atenta contra sus derechos más elementales", denuncian. "El linchamiento arroja una mancha de oprobio sobre una vida de servicio".

Más allá de la controversia, es claro que "la laberíntica historia de Mamá Rosa", como la bautizó un diario de Ciudad de México, no termina de contarse.