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Luis Suárez: ¿Funcionan los cursos de control de ira?

Luis Suárez, quien en dos oportunidades ha mordido a otros jugadores, se le ofreció un curso de control de ira / BBC

Luis Suárez, quien en dos oportunidades ha mordido a otros jugadores, se le ofreció un curso de control de ira / BBC

El futbolista ya ha admitido que su comportamiento en la cancha debe cambiar

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Al futbolista uruguayo Luis Suárez, quien en dos oportunidades ha mordido a otros jugadores, se le ofreció un curso de control de ira. Pero, ¿estos tratamientos son realmente efectivos?

Después de que la mordida del delantero Suárez (Liverpool FC) a Branislav Ivanovic (Chelsea FC) provocara indignación, la Asociación de Futbolistas Profesionales de Inglaterra (PFA, por sus siglas en inglés) le ofreció un tratamiento para controlar su ira.

En la actualidad, éste sería el paso a seguir en casos de temperamento incontrolable.

Existen muchos ejemplos de personalidades a las que les cuesta controlar su carácter. En 2007, Naomi Campbell fue obligada a asistir a clases de control de ira después de que una corte de Nueva York la declarara culpable de atacar a la trabajadora de su casa.

Pero éste no es un fenómeno exclusivo de celebridades.

Mucha gente común asiste a este tipo de cursos. Puede que hayan sido remitidos por la policía, una corte o el doctor, o simplemente lo hayan decidido de forma voluntaria tras varios episodios embarazosos.

La teoría del manejo de la ira se desarrolló en los años 70. La primera referencia que se tiene del término en el diccionario Oxford es de 1975, en el trabajo del psicólogo estadounidense Raymond Novaco.

Hoy en día, el control de la ira se basa en una terapia de comportamiento cognitivo, explica Isabel Clarke, quien durante 12 años dirige este tipo de cursos para el Servicio Sanitario Nacional del Reino Unido en Southampton. "Lo que me convence es ver cómo cambia la gente. Para las personas que utilizan la rabia y la intimidación, esto es muy difícil".
No apto para todos

Clarke aclara que el curso no sirve para todo el mundo. Cerca del 30% de las personas que asisten a esta terapia la abandonan. Pero para aquellos que se quedan hasta el final, les ayuda a cambiar su comportamiento.