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Lee Kuan Yew, el hombre que convirtió a Singapur en una potencia económica

 Lee dejó el cargo en 1990, tras haber ganado siete elecciones | Foto: BBC Mundo

Lee dejó el cargo en 1990, tras haber ganado siete elecciones | Foto: BBC Mundo

Lee sostenía que en un país en desarrollo algunas libertades tenían que ser sacrificadas y que el concepto occidental de la democracia liberal no podía aplicarse

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Un político con una visión estratégica y un pragmatismo implacable: Lee Kuan Yew transformó a un país que era una pequeña isla con pocos recursos naturales, a un modelo de éxito económico y prosperidad.

Lee Kuan Yew, que falleció este domingo por la noche a los 91 años, fue durante más de 30 años primer ministro de Singapur.

Logró canalizar con éxito las energías de los singapurenses y creó lo que a menudo se ha descrito como un auténtico milagro económico, una mezcla de capitalismo privado e intervención del Estado.

Lee forjó un Singapur próspero, moderno, eficiente y prácticamente libre de la lacra de la corrupción, lo que hizo que los inversores extranjeros acudieran al país.

Sin embargo, mientras era admirado por sus éxitos económicos, muchos expresaron preocupación por su historial de derechos humanos.

"Harry Lee"

Lee Yuan Yew nació el 16 de septiembre de 1923, hijo de una tercera generación de inmigrantes chinos que se asentaron en Singapur.

Educado con una fuerte influencia británica, su abuelo lo llamó Harry Lee, como en realidad se referían a él durante su infancia.

   

Lee fue a una escuela inglesa en Singapur, pero sus estudios superiores se vieron interrumpidos por la ocupación japonesa de 1942.

Unos años después se dirigió a Inglaterra, donde cursó estudios de derecho.

Cuando regresó al país, Lee se había convertido en un socialista comprometido y un flamante abogado sindicalista.

Fue entonces cuando comenzó su carrera política.

Reformas económicas

En 1954 fundó el Partido de Acción Popular (PAP) del que fue su primer secretario general.

Ocuparía ese cargo la mayor parte de las siguientes cuatro décadas.

Al frente del gobierno, Lee condujo a Singapur hacia la independencia, poniendo fin al dominio británico, y, tras una breve federación con Malasia (rota en 1965), el país se convirtió en un Estado autónomo.

Lee diseñó un amplio programa de reformas para sacar a Singapur del "pozo negro de la miseria y la degradación" -como él lo describió- a un Estado industrializado y moderno.

Industria, comercio, finanzas... Fue reinventando el país en esas tres décadas, sentando las bases de una nación que actualmente está entre las mejores en educación, sanidad y competitividad económica.

Lee puso coto a la corrupción, que era un mal endémico en la antigua colonia, y se embarcó en un programa de vivienda de bajo coste y grandes programas de empleo.

También trabajó para limar las asperezas entre los diversos grupos étnicos de la isla y crear una identidad de Singapur única, basada en el multiculturalismo.

Para resumir su gestión económica basta decir que entre 1960 y 1980 el PIB per cápita de Singapur aumentó 15 veces su valor.

Líderes de todo el mundo lo han elogiado en las últimas horas.

El presidente estadounidense, Barack Obama, lo describió como un "verdadero gigante de la historia que será recordado por varias generaciones como el padre del Singapur moderno y como uno de los grandes estrategas de los asuntos asiáticos".

El primer ministro británico, David Cameron, consideró que Lee "transformó a Singapur en una de las grandes historias de éxito del mundo moderno".

Y el primer ministro australiano, Tony Abbott, se refirió a "uno de los líderes más significativos de nuestro tiempo".

Control y derechos humanos

Pero al mismo tiempo que creció su gestión económica, las sombras del autoritarismo se cernían sobre su gobierno.

Lee mantuvo un férreo control político sobre cada aspecto del Estado, convirtiendo al país en uno de los más regulados del mundo.

Detuvo algunos de sus críticos sin llevarlos a juicio, restringió las informaciones de los medios de comunicación y detuvo a periodistas.

   

Lee sostenía que en un país en desarrollo algunas libertades tenían que ser sacrificadas y que el concepto occidental de la democracia liberal no podía aplicarse.

Así, los castigos corporales se convirtieron en una parte fundamental del sistema judicial durante su mandato. Más de 40 delitos están penados con este tipo de castigos.

Del mismo modo, intervenía en gran medida en la vida de sus habitantes.

Estableció medidas de planificación familiar, que penalizaban fiscalmente a aquellos que tenían más de dos hijos.

Singapur decía a sus ciudadanos cómo ser corteses, cómo ser menos ruidoso, cuándo debían limpiar el lavabo, y prohibió a sus habitantes hacer grafitis o mascar chicle.

Lee dejó el cargo en 1990, después de ganar nada menos que siete elecciones.

Transformó Singapur y en ese camino se convirtió en el primer ministro que más tiempo ha liderado un país en todo el mundo.