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Ganar no lo es todo para los hinchas

Hinchas durante el partido Everton vs Norwich City / BBC Mundo

Hinchas durante el partido Everton vs Norwich City / BBC Mundo

¿Ganar lo es todo para los hinchas? No parece. Los aficionados al deporte anhelan un grado óptimo de incertidumbre

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Muy poca incertidumbre y el deporte se convierte en aburrido. Demasiada incertidumbre y se vuelve demasiado complejo de seguir. Hay un punto justo, un equilibrio perfecto entre la familiaridad y el drama.

Es una necedad decir que el golf está sufriendo una traumática era post Tiger. Cuando Woods estaba en la cumbre, ganando 14 majors entre 1997 y 2008, el golf siempre tenía una narrativa: Woods era imparable, Woods se lesionaba, Woods se recuperaba, Woods era un hombre de hierro bajo presión.

Su personalidad, para bien o para mal, tejía los diferentes hilos del deporte. Woods nunca fue más grande que el golf, pero actuaba como el protagonista de este deporte y, al igual que con una gran película, uno siempre sabía quién era la estrella aunque otros tuvieran a veces las mejores líneas.

La era que empezó tras su estruendosa caída no podría ser más diferente.

Los últimos 21 majors han coronado a 19 jugadores diferentes. La victoria de Jason Dufner en el Campeonato de la PGA en agosto confirmó la tendencia de ganadores primerisos en los torneos grandes.

Es difícil para el fanático de golf ocasional mantenerse al día con un elenco tan amplio, y rotativo, de potenciales héroes. Ahora que tenemos pura incertidumbre y ansiamos un poco de familiaridad.

Demasiada certidumbre

Buscar el grado correcto de incertidumbre ha llevado a algunos deportes a considerar manipular artificialmente las condiciones para aumentar el dramatismo.

La Fórmula 1, por ejemplo, es susceptible a períodos de superioridad técnica cuando un equipo logra un dominio insuperable sobre el resto. En 2009, Jenson Button ganó seis de las siete primeras carreras.

No es de extrañar que el jefe de la F1, Bernie Ecclestone, considerara un par de años atrás que había que hacer algo para evitar que las carreras se convirtieran en algo demasiado previsible.

Su solución fue simple: debería llover más.

"Las carreras con lluvia siempre son más apasionantes", señaló Ecclestone.

Pero ni siquiera el jefe supremo de la Fórmula 1 es capaz de cerrar un contrato con el clima. Ecclestone sugirió que la lluvia fuera suministrada artificialmente por un sistema de rociadores.

El hecho de que se llegara a pensar demuestra cómo hasta los deportes más técnicos anhelan la incertidumbre en su narrativa.

El fútbol, campeón

¿Y qué pasa con la Liga Premier? ¿Cómo se explica la popularidad mundial de un campeonato de fútbol que sólo ha tenido cuatro ganadores diferentes (Arsenal, Chelsea, Manchester City y Manchester United) en las últimas 18 temporadas?

Por suerte el fútbol se equilibra con una peculiaridad.

Aunque los mejores se terminan imponiendo a lo largo de la temporada, el fútbol es el deporte más impredecible partido por partido: lo confirma el hecho de que a los corredores de apuestas les queda más difícil predecir los ganadores de los partidos de fútbol que de cualquier otro deporte.

¿Por qué? El enorme peso de la unidad monetaria del fútbol, el gol, hace que la suerte sea una fuerza mucho mayor en el fútbol que en otros deportes.

La red en el tenis puede determinar un punto al azar. Pero sería asombrosamente improbable que un jugador lograra cambiar el resultado de un partido en base a puntos ganados gracias a la suerte en la red.

En el fútbol, por el contrario, un gol con suerte es todo lo que se necesita para ganar el partido. Así que incluso si un equipo no tiene ninguna esperanza de ganar el torneo, los aficionados de los equipos más débiles llegan a cada partido con una esperanza legítima.

Es un deporte que está estructuralmente predispuesto para suministrar una saludable cantidad de sorpresas, un factor olvidado en el atractivo del fútbol.

Nadie diseñó que el fútbol encontrara ese punto óptimo. Fue un feliz accidente.

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