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Decapitados en México, un drama casi cotidiano

Los cuerpos de las víctimas son recibidos en unidades forenses de México / BBC Mundo

Los cuerpos de las víctimas son recibidos en unidades forenses de México / BBC Mundo

Los cuerpos de las víctimas son recibidos en unidades forenses de México

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En la madrugada del miércoles 6 de septiembre de 2006, una veintena de hombres armados, vestidos de negro y con los rostros cubiertos por pasamontañas, entró en la discoteca Sol y Sombra de la población de Uruapan, en el estado de Michoacán.

Luego de disparar al aire y obligar a los clientes a tirarse al suelo, arrojaron cinco bolsas de plástico negro en la pista de baile del lugar.

Después se revelaría su sombrío contenido: cinco cabezas humanas.

Por el número de decapitados, por la manera como ocurrió el hecho, la noticia tuvo repercusiones internacionales.

La semana pasada, otra decapitación en México irrumpió en las primeras planas del extranjero: la de una mujer cuyo sacrificio, a manos de un sicario del cartel de los Zetas, fue filmado y publicado en Facebook.

Sin embargo, lo que provoca indignación y rechazo a nivel internacional es pan casi cotidiano en este país: el decapitamiento de una persona, su filmación y difusión.

Los Kaibiles

Los cinco decapitados de la ciudad de Uruapan habían desaparecido desde el martes 5 de septiembre. Un periodista de la región indicaría luego a la BBC que se trataba de vendedores de droga locales.

Esa misma semana otras dos personas habían sido decapitadas en el estado. Trece en todo el año.

Según registros periodísticos, durante el gobierno de Felipe Calderón (2007-2012), en el que se dispararon todos los índices de violencia por su estrategia de ataque frontal a los carteles, al menos 1.300 personas fueron decapitadas en el país.

Pero esa modalidad de asesinato había empezado antes de que Calderón llegara al poder.

La mayoría de expertos consultados coincide en que la práctica fue introducida por desertores de las fuerzas especiales Kaibiles de Guatemala, quienes empezaron a engrosar las filas de los Zetas a principios de la década de 2000, cuando ese grupo todavía fungía como brazo armado del Cartel del Golfo.

Es una de las explicaciones que da el periodista Sergio González Rodríguez en su libro "El hombre sin cabeza", publicado en 2008, un texto personalísimo en el que, a través de relatos familiares, crónica y reflexiones antropológicas e históricas, trata de encontrarle sentido al brutal ritual de cortarle la cabeza a alguien.

Hacia el final del libro, González Rodríguez registra una conversación que sostuvo en una fonda con un decapitador de los Zetas, quien le confesó que había sido "entrenado" por expertos que, a su vez, habían sido adiestrados por exintegrantes de los batallones de jungla Kaibiles.

Escalada táctica

Por su parte, el profesor estadounidense George Grayson, autor del libro sobre los Zetas All the executioner's men ("Todos los hombres del verdugo") y experto en temas mexicanos, asegura que hasta la incorporación de los Kaibiles, los Zetas "sólo" torturaban y golpeaban a sus enemigos.

Según Grayson, las tácticas de los ex Kaibiles -que las utilizaron durante la guerra sucia en su país- encontraron eco en los dos principales comandantes Zeta: Heriberto Lazcano Lazcano (alias El Lazca o Z3) y Miguel Ángel Treviño Morales (Z40), conocidos por su brutalidad.

Lo que siguió es algo que países como Colombia conocen muy bien: cuando un grupo armado empieza a utilizar métodos especialmente violentos, sus rivales los imitan para infundir igual o más temor entre sus enemigos y en los habitantes de las zonas donde operan.

El Cartel de Juárez, el de Sinaloa, el del Golfo. Todos empezaron a decapitar a sus enemigos.

Símbolo histórico

En su libro, González Rodríguez recuerda que en la historia de México hay tres símbolos vinculados con la decapitación:

Las empalizadas de cráneos que edificaban los aztecas; la cabeza del sacerdote y primer líder independentista Miguel Hidalgo, exhibida en una jaula de hierro por los españoles para escarmiento de los revolucionarios y la testa de Pancho Villa, arrebatada de su cuerpo años después de su muerte.

Los mayas también realizaban rituales de decapitamiento.

Samuel González Ruiz, exconsejero de la Organización de las Naciones Unidas en la lucha contra las drogas y quien entre 1996 y 1998 estuvo a cargo de la Unidad Especializada en Delincuencia Organizada de México, dice a BBC Mundo que no es posible establecer un hilo histórico entre lo que ocurre hoy y el pasado.

Sin embargo, cree que las decapitaciones actuales tienen una dimensión política: "El mensaje es claro: no tenemos piedad y haremos lo que sea para controlar nuestro territorio".

Proliferación de imágenes

Luego de que la "Familia Michoacana" anunciara su conformación como cartel arrojando las cinco cabezas en la pista de baile de Sol y Sombra, el temor se apoderó de la región.

"Los inversionistas empezaron a irse en busca de zonas más seguras", dijo el año pasado a la BBC el corresponsal de un medio nacional en Michoacán.

Desde entonces, las decapitaciones se han vuelto más abundantes. Según registros de la Procuraduría General de la República citados por medios periodísticos, en 2007 al menos 32 personas sufrieron este tipo de muerte. Para 2011, la cifra rondaba las 500.

Sólo entre abril y mayo de 2012, más de 80 personas fueron decapitadas, en medio de una terrible guerra de toma y daca entre los Zetas y sus antiguos patronos, el Cartel del Golfo.

Y a medida que aumentaban las muertes, también lo hacía la familiaridad pública con el crimen. Y con sus lancinantes imágenes.

En ocasiones es posible ver fotos de decapitados en los medios impresos nacionales -en especial en revistas- pero donde más han proliferado es en internet, en sitios como Historias del Narco y otras páginas web que publican la más cruda información sobre el narcotráfico.

Para una tumba sin nombre

También es común verlos en YouTube: videos aficionados, granulosos, donde se degolla con sevicia a menores, a mujeres y a veces hasta a grupos de personas.

La polémica de la semana pasada, que involucró al propio primer ministro del Reino Unido, David Cameron, se presentó porque uno de esos video cruzó una frontera invisible y llegó a Facebook.

Luego de varios días de controversia, la red social decidió retirarlo.

Sin embargo, en México aún es posible ver el video de menos de un minuto, en el que, ante una mujer de rodillas, con una camiseta rosada, un hombre enmascarado, con un cuchillo en la mano, anuncia que "esto es lo que le pasa a todos los del Cartel del Golfo". Luego procede a asesinarla.

En medio de la polémica, el nombre de esta nueva víctima de la violencia que asola a México ha quedado en el silencio. No ha sido posible identificarla. Su cuerpo no ha sido hallado, sus familiares no se han pronunciado.

Tampoco lo ha hecho el gobierno, que, como dice Samuel González Ruiz, quizá debió haber aprovechado el revuelo para, al menos, resolver este crimen.

Al parecer no será así. Como tantos otros casos de decapitados, la mujer reposa en una tumba sin nombre mientras su terrible muerte seguirá circulando tal vez por décadas en el limbo de internet.

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