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Colombianos en la frontera: "En Venezuela vivíamos cómodo y fácil"

Miles de colombianos cruzaron el río Táchira en las últimas dos semanas de regreso a su país | Foto: BBC Mundo

Miles de colombianos cruzaron el río Táchira en las últimas dos semanas de regreso a su país | Foto: BBC Mundo

"Es mejor poquito pero bien comido aquí en Colombia", decía un resignadamente optimista Jairo Rivera mientras hacía fila días atrás para recibir ayudas del gobierno colombiano en Cúcuta.

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Hasta entonces había vivido del lado de Venezuela, país al que emigró unos 10 años atrás buscando una vida mejor.

Y según dijo a BBC Mundo por bastante tiempo lo logró, gracias a una economía más boyante, un menor temor a grupos irregulares armados y los beneficios del Estado asistencialista característico de la Venezuela de la llamada revolución bolivariana.

Hoy está solo en Cúcuta, del otro lado quedó su esposa venezolana con el hijo de ambos.

Su caso ejemplifica cómo la crisis fronteriza entre Colombia y Venezuela ha sacado a la superficie otra cuestión más allá de las tensiones bilaterales y la emergencia humanitaria: la migración económica que ha existido durante décadas desde Colombia a Venezuela.

Rivera es uno de los más de 18.000 colombianos -según Naciones Unidas- que, sin ser deportado, decidió en los últimos 20 días volver a Colombia por miedo a serlo o a ser blanco de las autoridades venezolanas.

La canciller colombiana María Ángela Holguín reconocío hace pocos días que al otro lado de la frontera habían atractivos para muchos de sus conciudadanos.

"Unos se fueron por la situación del conflicto, otros se fueron porque son gente trabajadora (que migró para ayudar a sus familiares en Colombia), otros se fueron por promesas", dijo Holguín en una rueda de prensa.

Esas "promesas", que la diplomática reconoció siempre fueron cumplidas en Venezuela, eran acceso a vivienda, educación y otros planes sociales que el gobierno venezolanoa bautizó como Misiones.

Desempleo

En Cúcuta, la ciudad fronteriza a donde regresa la gran mayoría de los que dejan territorio venezolano, el desempleo es de alrededor del 16%; la tercera más alta para una ciudad colombiana.

Norte de Santander, el departamento del que es capital, tuvo durante 2014, según el DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística de Colombia), un 12,2% de desocupación.

El vecino estado venezolano Táchira tenía en enero de 2015 un 7,9% de desempleo según el Instituto Nacional de Estadística (INE) de Venezuela.

Norte de Santander es además una zona caliente del conflicto interno colombiano, donde han venido actuando grupos guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes, además de mafias del contrabando.

Muchos de los que cruzaron a Venezuela son desplazados del conflicto.

Para diciembre de 2014 había en Venezuela 173.519 colombianos considerados "personas de interés" por la agencia de Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR). De ellos 5.052 eran reconocidos como refugiados por las autoridades venezolanas.

Pero la gran mayoría había emigrado por razones económicas.

Algo que se vio acentuado hacia 2004-2005 cuando emigró Jairo Rivera, tentado por la posibilidad de residir y acceder a beneficios sociales en Venezuela.

A eso se sumaba la atracción de las "misiones", los programas de ayuda social que se ampliaron grandemente durante la última bonanza petrolera.

Muchos de esos programas son modelos de transferencia de dinero condicionado al cumplimiento de ciertas normas, como asistencia a clases de niños en edad escolar o la participación en programas de adistramiento.

La politóloga colombiana Socorro Ramírez, quien ha estudiado durante años el fenómeno del movimiento migratorio de Colombia a Venezuela, ha intentado determinar el número de colombianos que se han beneficiado de las misiones, pero le dijo a BBC Mundo que le ha resultado imposible acceder a cifras que permitieran estimarlo de manera confiable.

"Colombia es muy cara"

Antes de tomar sus cosas y cruzar el río Táchira hacia Cúcuta, Antony (no dio su nombre real), le contó a BBC Mundo por qué se había ido a Venezuela 15 años atrás.

"Las cosas eran duras en Colombia, era difícil conseguir un trabajo allí", dijo. "Pero aquí (en Venezuela) el trabajo estaba bien y me gustaba. Las cosas son más baratas. Los servicios, como el gas y la electricidad son baratos. En Colombia todo eso es muy caro".

Cuando llegó, el bolívar venezolano era fuerte respecto al peso colombiano.

Eso le facilitaba enviarle dinero a sus familiares en Colombia: sus padres y dos hijos. "Ahora, con la devaluación (del bolívar), el dinero que gano no alcanza para enviarles nada", dijo.

Miguel Ángel Ortega vivió ocho de sus 48 años en Venezuela. Llegó la semana pasada a Cúcuta. "Nos acostumbramos a vivir cómodo y fácil".

Además de los precios de alimentos y combustibles subsidiados y el asistencialismo, el costo de los servicios es bajísimo.

Ortega pagaba 60 bolívares (US$0,1, al cambio libre de Cúcuta) por mes de electricidad y 30 (US$0,05) de agua.

Y algo más: "allá (en Venezuela) la salud es mediocre, pero es gratuita", dijo.

Pobrezas

En 1997 el índice de pobreza en Colombia y Venezuela era similar (en torno al 60%), también en 2005 (40%, aproximadamente), según las oficinas de estadísticas de ambos países.

Con los años, ambos países siguieron un camino de reducción de la pobreza, pero en Venezuela la mejoría fue más marcada.

Según cifras del Banco Mundial (que refleja datos oficiales que entrega cada país), mientras en Colombia había caído al 32,7% en 2012, en su vecino había bajado ya a un cuarto de la población.

Sin embargo, en 2013 el número de pobres volvió a subir en Venezuela -según el Instituto Nacional de Estadística de ese país- al 32,1% de la población.

"La economía ha estado cayendo de forma importante", le dijo a BBC Mundo el economista venezolano Angel Alayón, para quien el deterioro de las condiciones de vida se remonta a tres años atrás, con un incremento de la escasez y un cada vez más pronunciado de recortes en los programas estatales.

Un reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) determinó que en 2014 el mayor crecimiento de la pobreza de toda la región se registró en Venezuela, donde el salario real cayó 4,4%.

Por esto, dice Socorro Ramírez, en los últimos tres años "hay mucho retorno voluntario (de colombianos), bastante grande (por fuera de la crisis), por goteo".

"Empieza a verse que no es fácil acceder a las subvenciones y las misiones entran en crisis", señaló a BBC Mundo.

Contrabando

Pero aún en este contexto, la economía de frontera daba una gran ventaja a quienes pudieran adquirir productos en Venezuela y venderlos en Colombia.

El kilo de jabón que se consigue en Venezuela a 18 bolívares (unos 90 pesos colombianos, US$0,02) se vende en Colombia a más de 5.800 pesos (casi US$2).

Pero la diferencia más importante está en el combustible: el galón de 3,8 litros cuesta 3,7 bolívares, casi 18 pesos colombianos (US$0,006).

En Colombia la gasolina venezolana -de contrabando- se vendía antes del cierre de la frontera a unos 3.200 pesos el galón (US$1), con una ganancia descomunal.

Se estima que unas 5.000 personas se dedican a la venta de combustible de contrabando en Cúcuta.

Comprar a precios subsidiados en Venezuela y vender a precios de mercado en Colombia se había vuelto una forma de vida para muchos colombianos -y venezolanos- a lo largo de toda la frontera de más de 2.000 kilómetros que divide a estas naciones.

Es algo que se cortó cuando el presidente de Venezuela Nicolás Maduro decidió cerrar la frontera y luego comenzar a deportar en forma sistemática a ciudadanos colombianos establecidos en su país.

Casi 400 de los más de 10.000 colombianos que cruzaron a Cúcuta ya se trasladaron al interior del país, pero un gran número permanece en albergues.

Algunas familias han comenzado a erigir viviendas precarias en las afueras de Villa del Rosario, el municipio lindero a Cúcuta.

Les tocará volver a experimentar la pobreza en su país de origen y confiar en las promesas de asistencia de su nación y que la crisis económica que atraviesa Colombia por el bajo precio del petróleo pase pronto.

O esperar que al abrirse la frontera se relajen los controles y puedan volver a aprovechar las marcadas diferencias de precio a uno y otro lado.