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Cocina a gas o eléctrica: ¿cuál es mejor?

La elección es cuestión de gustos y necesidades | Foto: BBC

La elección es cuestión de gustos y necesidades.

Actualmente la tecnología ha evolucionado lo suficiente como para ofrecer una variedad que se adapte a diferentes necesidades

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Puede que los fabricantes estén intentando hacer que hasta las neveras piensen, pero en lo que las hornillas de cocinar se trata, un viejo debate no ha encontrado todavía una respuesta tecnológica definitiva: ¿son mejores las cocinas de gas o las eléctricas?

No es una pregunta trivial. "En cocina nada es una tontería", le dice a BBC Mundo Vanessa Rolfini, bloguera venezolana de gastronomía y autora de varios libros sobre comida y restaurantes.

Así que puede generar pasiones.

"Pero no es que una sea mejor que la otra. Cada una tiene su espacio y aplicaciones", afirma.

Así que, ¿cómo escoger?

Eficiencia en dinero

La primera consideración es la eficiencia, en términos de costo.

En este sentido, hay variaciones importantes por país.

Una cocina a gas

Aunque en lugares tan dispares como Reino Unido y Venezuela la elección del gas parece obvia, en 2014 en Ecuador el gobierno presentó un plan para cambiar millones de cocinas a gas por cocinas eléctricas de inducción.

No era poca cosa. Según datos del Ministerio de Electricidad de la época, nueve de cada diez hogares usaban el gas (que se vendía por entonces con un fuerte subsidio estatal que estaba a punto de ser eliminado) para preparar sus alimentos.

"En términos de eficiencia, es importante recordar cómo se genera la electricidad. En Reino Unido el gas se quema con poca eficiencia para generar electricidad, lo que significa más pérdidas para los consumidores", le dice a BBC Mundo Richard Hoare, del sitio sobre eficiencia energética ConfusedAboutEnergy.

"Así que si consideras el ciclo completo, la electricidad es mucho menos eficiente. Pero entre los eléctricos, el de inducción es definitivamente el más eficiente", añade.

Necesidades

La tecnología ha evolucionado lo suficiente como para ofrecer una variedad que se adapte a diferentes necesidades.

"Lo clave es cómo va a utilizar la cocina la persona, sus hábitos y supresupuesto", dice Rolfini.

"Por supuesto que a los cocineros les gusta más a gas, porque tienes más control sobre el calor. Pero si tienes un apartamento pequeño y tienes una pequeña cocina a la que no le das mucho uso, no necesitas una cocina a gas. Con una eléctrica es más que suficiente", añade.

Una cocina profesional

"Las cocinas profesionales son todas a gas. Porque tienes control del calor y puedes hacer cambios brucos de temperatura. Si vas a tener una cocina encendida durante horas, te conviene tener una cocina a gas".

En efecto, además del costo relativo, la principal ventaja de las cocinas a gas sobre las eléctricas es el control de la llama.

Como contraparte, las cocinas eléctricas todavía son criticadas por tardarse más tiempo en producir el calor. Un problema que han venido atacando los modelos de inducción más modernos, pero que todavía no llegan a capturar la imaginación de los cocineros más dedicados.

Contaminación y limpieza

La lista puede llegar a ser tan larga como las preocupaciones particulares de la persona que la usa.

Como señala el sitio de comparación de productos en Reino Unido "Which?", las cocinas a gas son más difíciles de limpiar que las eléctricas clásicas o las de inducción.

"La superficie de cerámica de una cocina eléctrica es más sencilla de limpiar que los quemadores y aros de metal de una a gas", explica.

Otro elemento a considerar es el factor seguridad. Una flama abierta implica más riegos que el modelo eléctrico.

Una persona limpiando una cocina eléctrica

Si te preocupa cómo una opción u otra pueden contribuir a la contaminación ambiental, un estudio del Lawrence Berkeley National Laboratory de 2014 le quita toda la ventaja que pudiera haber acumulado hasta este punto las cocinas a gas.

La investigación encontró que los quemadores de gas añadían un 25-33% las emisiones promedio semanales de dióxido de nitrógeno dentro del hogar y contribuían un 30% en el invierno y un 21% en el verano a concentración de CO2.

En términos del impacto en los alimentos, sin embargo, no parece haber ninguna diferencia.

"Ahí lo que entran son otros temas, como la calidad del gas, la graduación, que no ahúme las ollas. Pero al final va a depender de la destreza del cocinero", dice Vanessa Rolfini.

"No hay uno mejor que otro".