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Brasil: 4 preguntas para entender una semana clave para el futuro del gigante de América Latina

Los brasileños están sintiendo la crisis. Y eso es lo que probablemente terminará definiendo el futuro de la mandataria Dilma Rousseff 

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Brasil vive días de protesta: cientos de miles de personas –al menos medio millón en Sao Paulo, más de un millón en las otras ciudades del país, según las estimaciones más conservadoras– salieron el domingo a las calles para exigir la salida de la presidenta Dilma Rousseff.

Y la posibilidad no es meramente académica: este miércoles del Tribunal Supremo empezará a definir las reglas del juego para el juicio político –impeachment– que pondrá la continuidad de la mandataria en manos del congreso brasileño.

Se trata, coinciden corresponsales y analistas, de la peor crisis política en Brasil en décadas, agravada en los últimos días por los señalamientos de corrupción en contra del mentor y predecesor de Rousseff, Luiz Inácio Lula da Silva.

Pero, ¿qué tan probable es realmente que la mandataria tenga que abandonar su cargo antes de tiempo? ¿Y cómo llegaron las cosas a tal punto a menos de dos años de su reelección?

Protesas en Brasil

Los manifestantes también pidieron impeachment para Dilma y cárcel para Lula.

BBC Mundo te responde aquí a cuatro preguntas clave para entender lo que está pasando en Brasil y lo que puede pasar en las próximas semanas.

1. ¿Qué motiva a las protestas?

Junto a los colores verde y amarillo de la bandera brasileña, tres tipos de letreros dominaron claramente las manifestaciones del domingo: aquellos que exigían la salida de la presidenta, los que pedían cárcel para Lula y los que demandaban el fin de la corrupción.

Y es que si bien la imagen del Partido de los Trabajadores ya se había ido desgastando por las acusaciones de abusos y malos manejos acumuladas durante sus más de 13 años de gobierno, a Rousseff le ha tocado presidir además sobre el mayor escándalo de corrupción hasta la fecha, el que afecta a la gigantesca petrolera estatal, Petrobras.

Economía brasileña  

El FMI estima que la economía brasileña se contraerá un 8% entre enero de 2015 y diciembre de 2016.

El caso ha implicado a algunas de las personas más ricas del país y políticos de todos los partidos, incluido al expresidente Lula.

Y el desvío de miles de millones de dólares de recursos públicos en un momento de profunda crisis económica es una combinación explosiva que no sólo ha alimentado la indignación de los brasileños, sino que ha aumentado al número de ellos que responsabilizan a Rousseff por la mala situación de la economía.

La contracción del 3,8% de la economía observada en 2015 –la peor desde 1990– tiene, por supuesto, varias otras explicaciones, como la caída de los precios de los principales productos de exportación de Brasil.

Pero la situación de Rousseff también ha limitado su capacidad del gobierno para tratar de enderezar el barco, pues la mandataria no puede permitirse alienar a sus simpatizantes recortando gastos o subiendo impuestos a pesar de un déficit presupuestario que ya alcanzó un 10,8% del PIB.

2. ¿Qué tanto apoyo tienen las protestas? 

Las cifras de asistentes a las marchas del domingo difieren sustancialmente según la fuente: en Sao Paulo, por ejemplo, la consultora Datafolha calculó el número de asistentes en 500.000 y la Policía Militar en 1.400.000.

Pero cualquiera de esas cifras hace de la de este fin de semana la protesta política más grande en la historia de la ciudad, superando las dirigidas en contra de la misma Dilma en marzo del año pasado, así como las manifestaciones registradas hacia el final del régimen militar, en 1984.

Simpatizantes del PT 

Los simpatizantes de Lula, Dilma y el PT están planeando sus propias movilizaciones el próximo fin de semana.

El analista Pablo Ortellado, sin embargo, hizo notar que la composición demográfica de las movilizaciones anti Rousseff sigue manteniéndose estable: siguen teniendo como principales protagonistas a una mayoría de gente de clase media alta, predominantemente blanca y un alto nivel de escolarización, no necesariamente representativas de la mayoría del país.

Aunque para el profesor de la Universidad de Sao Paulo eso no necesariamente limitará su influencia sobre las fuerzas políticas que tienen en sus manos el futuro de la mandataria.

Su colega Wagner Iglecias, sin embargo, destaca que Rousseff sigue contando con una base de apoyo importante (que tiene planeadas sus propias movilizaciones el próximo fin de semana).

Y, para el sociólogo, ese podría ser el factor que termine evitando una repetición de lo ocurrido en 1992, cuando la presión popular obligó a la renuncia del entonces presidente Fernando Collor de Mello

Collor de Mello

La amenaza de un juicio político motivó la renuncia de Collor de Mello en 1992.

"La diferencia fundamental es que en aquel momento, el presidente Fernando Collor estaba totalmente aislado. Entonces sí, las manifestaciones eran realmente suprapartidarias", le dijo Iglecias a BBC Brasil.

"Y lo que vemos ahora es que más o menos la mitad del sistema partidario brasileño se ha acercado a los movimientos para pedir la salida (de Dilma), pero la otra mitad no está empuñando las mismas banderas. Es diferente, aunque el número de personas en las calles tal vez sea mayor", explicó el analista.

3. ¿Qué viene ahora?

A pesar de las presiones, la presidenta Rousseff ha dicho que no planea renunciaral cargo para el que fue reelecta democráticamente hace menos de dos años.

Pero, de prosperar, el juicio político en el Congreso podría terminar obligándola a entregar la banda presidencial antes del 31 de diciembre de 2018, como estaba originalmente planeado.

El proceso está actualmente congelado a la espera de que el Supremo Tribunal Federal defina la forma en la que se elegirán a los 65 miembros de la Comisión Especial de la Cámara de Representantes que deberá emitir un dictamen a favor o en contra de la apertura del proceso, lo que empezará a hacer esta semana.

En caso de un dictamen favorable, el mismo será sometido a la votación de la cámara baja que, de aprobarlo, traspasaría la responsabilidad de la decisión final al Senado, que tiene 180 días para llegar a una decisión.

Dila Rousseff

Rousseff ha dicho que no renunciará, pero la mera apertura de un juicio político ya conllevaría una suspensión temporal del cargo.

Como el Partido de los Trabajadores de Rousseff no tiene mayoría en ninguna de las dos cámaras, el futuro del dictamen y la votación dependerá de lo que decidan los aliados de la mandataria.

La fragilidad de la coalición de gobierno es, en ese sentido, la principal amenaza para Rousseff.

Y es que como recuerda el corresponsal de la BBC en Brasil Daniel Gallas, la coalición es tremendamente volátil. Y las manifestaciones del domingo podrían convencer a muchos de que ya llegó la hora de darle la espalda a la mandataria.

De hecho, uno de los principales partidos de la coalición, el Partido Movimiento Democrático Brasileño, PMDB, anunció el sábado que se había fijado un plazo de 30 días para decidir si continuaba o no en el gobierno.

Y si el PMDB decide abandonar el barco, otros partidos podrían seguir.

4. ¿Influirán en algo las acusaciones contra Lula? 

La inmensa popularidad de Lula da Silva siempre ha sido una de las principales fortalezas del gobernante Partido de los Trabajadores.

Y la pregunta ahora es si las recientes acusaciones de la fiscalía –que lo está investigando por posible corrupción, y hasta llegó a pedir su arresto preventivo– erosionarán significativamente ese apoyo o si, por el contrario, servirán para movilizar a sus simpatizantes.

De hecho, antes de que se conocieran las acusaciones en contra del expresidente, muchos anticipaban su posible nombramiento como ministro para tratar de energizar a la base.

Y Rafael Cortez, de la consultora Tendencias, todavía no descarta una posibilidad que blindaría al expresidente frente a las acusaciones judiciales.

Lula

Las acusaciones contra Lula podrían terminar movilizando a la base del PT a su favor.

"El palacio de Planalto necesita de un shock político y la única acción fuerte que me parece disponible es la presencia de Lula en un ministerio", le dijo Cortez a BBC Brasil.

"El rechazo a Lula ya es bastante alto entre los que apoyan el impeachment, asumiendo o no un cargo de ministro. Y su presencia ciertamente puede servir para movilizar a un gobierno que hoy es minoritario y desarticulado, porque Dilma no tiene el mismo liderazgo", explicó el analista.

Según el periódico Folha de Sao Paulo, el exmandatario originalmente declinó esa posibilidad porque no quería que la inmunidad que acompañaría a un nombramiento ministerial fuera interpretada como una admisión de culpabilidad,pero ahora lo está considerando.

Y, siempre según Folha, Lula también podría dar su respuesta esta semana.