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Michael Carrera, el niño que nunca más bajó los brazos

Michael Carrera acompañado de su padre, Luis Carrera / Henry Delgado

Michael Carrera acompañado de su padre, Luis Carrera / Henry Delgado

“Soy mejor jugador que mi papá”, bromea el alero de la Universidad de Carolina del Sur en relación al ex basquetero de Marinos de Anzoátegui

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Michael Carrera no puede contener la risa cuando su padre, Luis Carrera, ex jugador de la LPB con Marinos de Anzoátegui, cuenta las anécdotas de sus inicios en el baloncesto, tiempos en el que el pequeño era seducido más por un guante, una pelota encordada y balones de fútbol.

“Cuando él tenía 7 años era de los más altos del equipo y siempre tomaba los rebotes. El problema era que bajaba el balón y se lo quitaban. Una vez le dije que no bajara nunca el balón. Bueno, el próximo rebote lo agarró, no bajó los brazos, y se fue caminando hacia el otro aro y metió la cesta”, cuenta su padre antes de soltar una carcajada, en la sala de pautas de la redacción de El Nacional.

“Mis amigos se burlaban de mí”, interrumpe Michael, prospecto de primer año de la Universidad de Carolina del Sur. “Me decían: ‘el papá juega profesional y éste no sabe jugar baloncesto’”.

Así, entre una que otra broma, fueron los primeros destellos de Carrera en el deporte que su padre utilizó para llevar el pan a casa. Pero el basquetero de 20 años de edad reconoce que era encantado por otras disciplinas.

“Comencé jugando futbolito como a los 5 años. Después le pedí a mi papá que me comprara un guante, una pelota y un bate. Mi papá como que no me hizo mucho caso. Luego, como a los 8 años, me di cuenta que tenía un profesor a mi lado. Con la mirada me decía que el baloncesto era el camino”, sonríe Carrera viendo de reojo a su padre.

“A él nunca se le obligó a que se decidiera por un deporte”, aclara Luis. “A él se le apoyó. Se dio cuenta que el deporte que le gusta, y para el que tiene las herramientas, era el baloncesto. Desde el primer momento que tomó un balón le gustó”.

Su infancia transcurrió en Barcelona en la escuela Portugal, en la que conoció mucho más que fundamentos de baloncesto. “Aprendí modales y valores en esa escuela. Luego llegó la oportunidad de estar en la selección de menores”, dice con orgullo el jugador de 1.98 metros de estatura.

En 2008 jugó el Suramericano de cadetes en Guanare, en el que la selección nacional logró la medalla de plata. En ese torneo ya daba muestras de su talento, al promediar 10 puntos por encuentro y 4.5 rebotes.

Un año después viajó con el combinado nacional a Formosa, Argentina, para participar con la selección sub 16 que obtuvo el cuarto puesto. En ese certamen brilló al conseguir el liderato de rebotes con 15.8 por encuentro y 18.2 puntos por desafío.

“Jugué baloncesto profesional, mantuve a mi familia gracias a eso. A pesar de que estamos divorciados, tenemos ese apoyo hacia él. La idea es que si te dedicas a una profesión la tomes en serio. Ese balón vale dinero. Si pierdes el balón estás perdiendo dinero”, le dice como consejo a su primogénito.

“Mi papá siempre me decía: ‘Agarra el balón como si fuera tu mamá’. Ese es el consejo que me ha quedado en toda mi vida”, dijo Carrera, quien este año fue incluido en el cuadro de honor entre los jugadores de primer año en la Conferencia Sureste.

Por el camino de Greivis. Carrera no considera a Greivis Vásquez como su amigo, lo ve como un hermano. “Los dos somos hijos únicos. Yo siento que es mi hermano mayor”, confiesa.

Vásquez y su representante en el país, Robert González, ayudaron a que carrera consiguiera una beca en el colegio Montrose Christian en el año 2009, la misma institución en la que Vásquez brilló junto con Kevin Durant y Linas Kleiza, estrellas de la NBA.

“Greivis ha sido una persona que siempre me ha ayudado en mi carrera. He tenido la suerte de tener personas como mi papá, como Robert. Me han dado muchos consejos para mejorar. Greivis es mi hermano pero lo quiero superar y sé que lo voy a lograr”, dice Carrera sin dudar.

Se ve tanto en el espejo de Vásquez que casualmente eligió la misma carrera universitaria, Comunicaciones, con la diferencia que la está cursando en Carolina del Sur y Vásquez se graduó de esa profesión en Maryland.

Como universitario le va bien en las amplias instalaciones de la casa de estudios. “Soy un estudiante de buen promedio. Si tengo que sacar la mejor nota, lo hago. Tienes que tener 3.2 de average para poder jugar”, advirtió. “La vida universitaria es buena. Como atletas tenemos comodidades, como nuestros propios dormitorios y comedores”.

Al repasar su vida de estudiante recuerda una etapa difícil, cuando dejó a su familia para experimentar una nueva cultura, comida y, sobre todo, un nuevo idioma. “Fue muy difícil el idioma”, recuerda su padre. “Al principio me costó bastante. Yo llamaba a mi papá todos los días llorando. Me quería regresar”.

Duro reto. Carrera cuenta que nunca vio jugar a su padre cuando éste tomaba rebotes con Marinos de Anzoátegui. Sin embargo, es su ídolo en todos los sentidos. “Por lo que me dice la gente era un buen jugador. Pero lo más importante es que es una buena persona. Como jugador soy mejor que él”, bromeó.

“Como jugador eres bueno, mucho mejor que yo. Pero vamos a ver si como padre vas a ser mejor que yo”, respondió con una sonrisa. Carrera tiene una vida de retos por delante y la NBA es su meta. Mientras tantotendrá que demostrar que tiene valor para estar en la mejor liga del mundo en la NCAA. Y lo puede lograr,porque tiene un entrenador en su equipo y tiene otro que siempre lo espera encasa. Podría sacar ventaja de eso.