• Caracas (Venezuela)

Ayesha Khanna

Al instante

Disciplinar la economía del compartir

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La creciente facilidad con que la gente puede intercambiar bienes, servicios y mano de obra directamente a través de Internet está transformando el funcionamiento de las economías modernas. Pero para garantizar que esta ascendiente “economía del compartir” funcione eficientemente y mejore la situación de todos, hará falta algo de regulación.

Ahora la gente tiene medios para eludir muchas de las empresas de servicio tradicionales. Puede compartir medios de transporte mediante Uber, Lyft o RelayRides; ofrecer alojamiento a través de Airbnb; subcontratar tareas hogareñas en TaskRabbit, Fiverr o Mechanical Turk; y organizar la entrega de las compras a través de Favor e Instacart. Asimismo, plataformas de crowdfunding como Kickstarter y Lending Club permiten a nuevas empresas obtener subvenciones, préstamos o inversiones de la población general, en vez de depender de intermediarios financieros.

Al eliminar la intermediación, estas plataformas electrónicas empoderan a la gente, reducen los costos de transacción y crean una economía más inclusiva. Pero su evolución no es para nada sencilla, y el éxito de muchos de estos servicios dependerá de una cuidadosa regulación (como quedó de manifiesto tras recientes protestas y fallos judiciales contra Uber en Europa).

Una de las razones del tremendo impacto de Uber y otros pioneros de la economía del compartir es que son una forma sumamente eficiente de capitalismo sin intermediarios, que permite a compradores y vendedores acordar el precio de cada transacción directamente, y en la cual la reputación de las empresas depende de comentarios sin filtro de los clientes, lo que genera una presión continua por mejorar el desempeño.

La economía del compartir también estimula el espíritu emprendedor, conforme la gente encuentra nuevas formas de llenar los huecos del mercado. Lo que empezó como un modo sencillo de incrementar los ingresos hogareños (ofreciendo el departamento o auto propio en alquiler) se convirtió en una formidable fuerza disruptiva. La revista Forbes calcula que en 2013 los ingresos de la economía del compartir superaron los 3.500 millones de dólares. Durante el Mundial de Fútbol 2014 en Brasil (un país con escasez crónica de cuartos de hotel), más de 100.000 personas hallaron alojamiento a través de sitios web donde la gente comparte sus casas.

Además, el acceso a oportunidades de compraventa se volvió mucho más inclusivo: la mitad de los arrendadores estadounidenses en Airbnb son gente de ingresos bajos a moderados, y 90% de los arrendadores mundiales alquilan su vivienda principal.

Varias ciudades ya reconocieron los beneficios que surgen de promover la economía del compartir. Por ejemplo, Seattle desreguló los sectores de transporte y hotelería, lo que supone un desafío a los monopolios de taxis y hoteles.

Pero un cambio económico de esta magnitud genera inevitablemente adversarios, cuyas inquietudes a veces son legítimas. Por ejemplo, ¿son estos nuevos tipos de emprendimiento una competencia desleal para las empresas ya establecidas, al no pagar impuestos similares? ¿Aprovechan su provisión de capital de riesgo para operar a pérdida y así ganar una cuota del mercado? ¿Debe permitírseles el acceso a datos de telecomunicaciones para obtener información sobre hábitos y movimientos de los clientes que les daría una ventaja inequitativa?

Algunas empresas ya tienen sus propias normas de funcionamiento. TaskRabbit, un sitio para la subcontratación de tareas hogareñas (por ejemplo, ensamblar muebles de Ikea), impuso el pago de un salario mínimo a los participantes y lanzó un sistema de seguros para proteger a sus trabajadores en Estados Unidos. Pero por otra parte, las plataformas tecnológicas que usan métodos algorítmicos para la asignación automática de turnos y horarios a los trabajadores según los ciclos de negocio siguen siendo un trastorno para la vida familiar y causa de estrés innecesario. Las autoridades deben anticiparse a estas tendencias en la economía del compartir.

La convergencia de los servicios y el software obliga a los funcionarios a mejorar sus conocimientos técnicos y cooperar con el sector privado para asegurar la equidad y la eficiencia del mercado. Por ejemplo, deben impedir la manipulación de los comentarios de los usuarios y otras prácticas que impidan a los consumidores hacerse una idea justa de la calidad de los servicios de las empresas. Airbnb y la agencia electrónica de viajes Expedia solamente permiten dejar comentarios a clientes que realmente hayan usado sus servicios, algo que podría convertirse en norma oficial para toda la economía del compartir.

Además, los gobiernos tienen por delante una tarea más amplia. Conforme más personas adopten “carreras de cartera” (es decir, depender de varias fuentes de ingreso en vez de un único trabajo), será más difícil reunir y analizar datos sobre el mercado laboral. Los gobiernos necesitarán otros criterios contables y estadísticos para el cálculo de salarios, la previsión de ingresos y la categorización de los cada vez más numerosos trabajadores autoempleados. Estos criterios, junto con pautas para el uso compartido de datos, ayudarán a determinar cuándo y cuánto debería tributar la economía del compartir.

No será tarea fácil. Aunque el autoempleo y el trabajo de media jornada no son fenómenos nuevos, la economía del compartir es diferente, porque permite a los autoempleados convertirse en “nanotrabajadores” que cambian de empleador varias veces, no en el transcurso de un mes o una semana, sino en un mismo día. Mientras las tasas de desempleo en Estados Unidos y Europa se mantienen altas y los salarios siguen estancados, cada vez más gente depende de estas fuentes de ingresos diversificadas. En la actualidad, casi 27 millones de estadounidenses viven de ingresos por trabajos de media jornada o ganados de proyecto en proyecto.

En momentos en que casi la mitad de los empleos de servicios en la OCDE corren riesgo de automatización, la economía del compartir puede suavizar el trastorno que sufrirán los trabajadores desplazados mientras actualizan sus capacidades. De hecho, los datos de la economía del compartir pueden ayudar a los gobiernos a identificar a los trabajadores más vulnerables y facilitar su reconversión.

La economía del compartir muestra la convergencia del espíritu emprendedor con la conectividad tecnológica. Aunque los choferes de taxi y los dueños de hoteles se sientan amenazados, la economía del compartir puede ayudar a aumentar y redistribuir los ingresos en ciudades que ya tienen serios problemas de pobreza y desigualdad. Promete crear un entorno más próspero e inclusivo donde los desplazados tendrán mejores perspectivas.


Copyright: Project Syndicate, 2014.
www.project-syndicate.org