• Caracas (Venezuela)

Axel Capriles

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El naufragio democrático

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No me vengan con beatería política. Juzguemos los hechos por sus resultados. Por medio del método democrático Hugo Chávez ascendió al poder y por respeto a los formalismos del método democrático permitimos que el chavismo se mantuviera durante más de 16 años en el poder. ¿Es correcto y útil un sistema político que permite la devastación y desolación de un país? ¿Vale la pena?

Soy un acérrimo defensor de las libertades e ideales democráticos pero creo que el culto cuasi religioso del método democrático ha obrado en contra de las mismas libertades e ideales que pregona. Primero, porque el sistema democrático, como la ciencia económica, partió de un axioma errado, del modelo del hombre racional, el prototipo del individuo autónomo y consistente cuyos fines coinciden con sus intereses. Segundo, porque los fundadores de la democracia no tomaron en cuenta el efecto que sobre ella tendrían el crecimiento demográfico y los avances en los métodos psicológicos de manipulación de masas.

La democracia parte del supuesto de que todos los seres humanos tienen suficiencia de juicio y capacidad de decisión. No es así. La mayoría de las personas somos asombrosamente dependientes e insospechadamente influenciables. Estamos atados por los más encubiertos mecanismos de sumisión. La conformidad política es un fenómeno complejo con muy diversas caras y formas de expresión. Existe el sometimiento coercitivo, el sometimiento económico, el sometimiento en zonas de indiferencia o el hábito de obedecer. Más enmarañado todavía es el sometimiento por delegación de personalidad, los extraños mecanismos por los cuales las personas transfieren a otras personas su autonomía e identidad. Nada de eso lo previnieron los grandes pensadores y forjadores de la democracia.

El dispositivo democrático por excelencia es el voto. Pero el voto es un instrumento frágil y volátil. Supone seres humanos inmunes a la manipulación. Desconoce el efecto imitación. Somos, no obstante, animales gregarios cuyos juicios encubren y racionalizan contagios emocionales. El voto es un corte momentáneo sobre una opinión pública sujeta a estados anímicos volubles cuyas consecuencias adversas toma mucho tiempo revertir. Como los virus que se transforman y mutan para propagarse, los autoritarismos y totalitarismos han refinado sus técnicas de intervención psicológica para que el método democrático sirva como anillo protector para su preservación. Hay demasiada hipocresía y santurronería política para poder empezar, de verdad, a hablar de política.

@axelcapriles