• Caracas (Venezuela)

Axel Capriles

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El destino de Susana Barreiros

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Susana Barreiros no solo juzgará a Leopoldo López. Se juzgará a sí misma. Porque cuando hoy jueves termine la sesión de conclusiones del juicio al coordinador nacional de Voluntad Popular y otros jóvenes que participaron en las protestas de febrero de 2014, Susana Barreiros deberá emitir sentencia y con esa sentencia la jueza asumirá y enfrentará  su destino. Por la historia profesional de Susana Barreiros y la manera en que ha manejado el proceso judicial podríamos anticipar su sentencia. La decisión de una abogada que fue designada provisionalmente juez en sustitución de María de Lourdes Afiuni y que ha conducido durante un año y tres meses un tortuoso juicio con repetidas violaciones del debido proceso y en el que se han prohibido sistemáticamente todas las pruebas y testigos de la defensa, no debería sorprendernos. Pero el juicio a Leopoldo López no es un juicio normal y enfrenta a los verdugos del régimen a complejas consideraciones de orden colectivo y personal.

Conocemos de sobra el sometimiento del Poder Judicial al Poder Ejecutivo y los designios de la revolución. Basta hacer seguimiento de todas las sentencias de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia. Como muestra Ingo Müller en su libro Los juristas del horror, no hay límites para que el ordenamiento jurídico termine siendo un teatro de marionetas que siguen ciegamente las órdenes de los autócratas. Pero el juicio de Leopoldo López ocurre en la fase terminal de un proceso político que, más pronto que tarde, desembocará en un cambio de gobierno que someterá a los secuaces de la revolución bolivariana a una verdadera y renovada justicia. La jueza encara, además, un factor de deliberación adicional. El juicio a Leopoldo López es el juicio político que más atención internacional ha logrado en la historia de la Venezuela republicana. La ONU, Human Rights Watch y otras organizaciones de derechos humanos, ex presidentes y líderes mundiales, congresos de todas las naciones se han pronunciado en contra de los vicios y distorsiones del proceso judicial y han solicitado la inmediata excarcelación de los procesados. Es posible que el miedo a la represión pueda contener temporalmente la molestia popular por el uso del sistema judicial como instrumento de coerción política, pero en estos tiempos de interconexión global la justicia internacional siempre llega como vimos con el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre RCTV. Susana Barreiros sabe que de condenar a Leopoldo López estaría, también, condenándose a sí misma ante la mirada del mundo.

@axelcapriles