• Caracas (Venezuela)

Axel Capriles

Al instante

Axel Capriles

El club social de los poderosos

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

No solo los ricos tienen sus exclusivos clubes sociales o asisten a privativos grupos de reunión con intereses comunes, en refinados lugares dedicados a actividades culturales y recreativas. También los políticos, sobre todo los gobernantes poderosos. En esta ocasión, la reunión será en Panamá donde los vigorosos líderes del continente americano se saludarán sonrientes, recitarán loas a la libertad y a la democracia, visitarán el Canal de Panamá y degustarán exquisitos manjares de la región. Pero nada que, más allá del teatral rasgado de vestiduras con declaraciones y discursos (sin duda hay muchos que son buenos oradores), se ocupen genuinamente de los objetivos para los que fue creada la Organización de los Estados Americanos (OEA) en 1948: la defensa de la democracia, el resguardo de los derechos humanos, la erradicación de la pobreza, la solución de los problemas políticos y sociales. La OEA, Unasur, el Alba, y en general, todas los organismos multinacionales, se han convertido literalmente en auténticos clubes sociales de los poderosos. No están allí para resolver los problemas de la población, para escuchar a los ciudadanos ni para conocer las dolencias de la gente. Todos sus miembros son individualidades que tienen poder y aman mandar, y el principal objetivo del club es protegerse unos a otros, mantenerlos en el poder, sostener los convencionalismos, obstáculos y defensas organizacionales para que los que están arriba se mantengan arriba.

Aunque la gente de un país sufra, aunque las supuestas instituciones no sean más que falaces máscaras para escudar y soportar al mandatario de turno, aunque la población asfixiada no encuentre manera de liberarse del yugo autoritario, en la OEA siempre predominará el fin principal de todo club: mantener la buena relación entre sus miembros. Y entiéndase bien, los miembros del club no son los pueblos de las Américas sino los poderosos que los dominan. Por eso la defensa de los derechos humanos y de las libertades fundamentales o el llamado a la necesidad de activar la Carta Democrática Interamericana aprobada en el año 2001, podrán provenir de actores externos, de, por ejemplo, expresidentes que ya no tienen poder, pero no de los que con membresía activa deciden las actividades del club. Dictadores, autócratas y demócratas compartirán socialmente, una y otra vez, como si los principios y valores fundacionales de las organizaciones fueran inagotables recursos retóricos para auparse unos a otros en el poder.