• Caracas (Venezuela)

Axel Capriles

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Axel Capriles

Crispación en la caída

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Entramos en el año 2015 como quien entra en las aguas turbulentas de un raudal desordenado que termina en la caída abrupta de una cascada abismal. El hashtag #AnaquelesVacíosEnVenezuela que invadió las redes sociales a comienzos de año se ha transformado en alteraciones de orden público y protestas que apenas recubren el creciente descontento social y el estado de ánimo de crispación de una población al borde de la desesperación. El gobierno, sin embargo, en lugar de buscar puntos de encuentro, políticas económicas efectivas y conciliación, se dio el tupé de culminar el año 2014 con un golpe de Estado procaz mediante la designación fraudulenta de las autoridades del Poder Ciudadano, los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y los rectores del Consejo Nacional Electoral. Es probable que blindarse en el poder mediante una violación fragante de la Constitución pueda significar debilidad y temor a la agitación social y política por venir, pero el hecho cierto es que, salvo algunas declaraciones y artículos de prensa, la población en general ha aceptado pasivamente el golpe constitucional e iniciado el año concentrado exclusivamente en las colas y la escasez. Los llamados al artículo al 333 de la Constitución que obliga a todo ciudadano a restablecer la efectiva vigencia de la constitución no han sido más que saludos a la bandera.

La confusión que embarga a la población se ha reflejado en los dirigentes de la oposición. Con la herida traumática por los sucesos de calle del 2014 y un miedo punzante a los movimientos de masas, muchos se dieron a un llamado extemporáneo a tener confianza en el mecanismo electoral y algunos hasta prefirieron aliviar la sed de la gente en las colas. Extraña forma de hacer oposición. Con mayor olfato del ánimo de la población, Henrique Capriles decidió hacer un llamado a la movilización de calle. El momento es importante. Contrario a lo que muchos piensan, la miseria, lejos de incentivar la lucha por la libertad, suele ser un aliado de la dominación. Basta pensar en la Cuba de Castro o en el Zimbabue de Mugabe. Para que el descontento popular pueda enfrentar el poder, el disgusto tiene que ser alentado y canalizado. En el siglo XVIII, el pueblo de París, hambriento, sin pan, engañado repetidas veces, intentaba rebelarse sin lograrlo. El enjambre de mujeres que gritando y pidiendo pan desató la Revolución Francesa no se movió de manera espontánea sino acicateado por dirigentes experimentados para excitar a las masas y llamar a la insurrección popular.