• Caracas (Venezuela)

Aurelio Useche

Al instante

Tibisay Lucena y el lenguaje

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Unos cuantos años atrás, en un encuentro de la Cumbre Iberoamericana, el presidente del Gobierno de España, para ese entonces José Luis Rodríguez Zapatero, interrumpió en su intervención al presidente Hugo Chavez, quien en términos despectivos se refirió al expresidente José María Aznar y le comentó, airadamente, que en política se puede diferir, en ideas y doctrinas, pero no recurrir a la descalificación. Oportuna precisión, sobre todo para el selecto grupo de estadistas iberoamericanos, quienes ya sabían que Hugo Chávez había instaurado en Venezuela un lenguaje similar desde 1998, en su campaña electoral, expresándose de sus adversarios de un modo vulgar, descalificador, ofensivo y de agresión personal. Por ejemplo, como muestra aquella frase en la cual prometía “freír en aceite las cabezas de adecos y copeyanos”. Luego, ya en el poder, en innumerables oportunidades, refiriéndose a quienes se oponían a su régimen,  no vacilaba en calificarlos de “pillos, asesinos, vende patrias” y a veces de “imbéciles”, cuando utilizó de manera metafórica la palabra “escuálidos”, para designar con desdén a los opositores.

Ahora, Nicolás Maduro y sus seguidores han continuado con las descalificaciones y ofensas hacia los dirigentes de la oposición, con la denominación de “vende patria” y otros epítetos. En cada cadena presidencial de Maduro, sus palabras emanan insultos, preferentemente cuando se le ocurre mencionar a la Asamblea Nacional y sus diputados, representantes de la soberanía popular. De un modo abierto, sin mesura alguna, trata de desprestigiar a un Poder Público, cuyos integrantes fueron electos por una abrumadora mayoría. Y además vemos como desde las huestes de Jorge Rodríguez, el flemático alcalde de Caracas, se agrede físicamente a los diputados y dirigentes de la oposición, quienes en forma legítima acuden al CNE en reclamo de las manipulaciones y tardanzas deliberadas de los funcionarios de ese organismo, respecto de este recurso constitucional, endilgando a sus reclamantes los títulos de “vende patria” y “gusanos”, entre otras insolencias.

Y es que, sin empacho alguno, cada día se crean nuevas barreras para la realización del referéndum revocatorio solicitado por la MUD en representación de las mayorías, esas que votaron contra el régimen en diciembre de 2016 y cuya motivación no era, precisamente, darle algún respaldo a Maduro y a sus políticas, sino todo lo contrario; la motivación evidente fue y continúa siendo la rectificación a fondo de tales erróneas políticas o su renuncia. La MUD, luego de presentar las opciones posibles, optó por la del referendo revocatorio, del cual se tenía la experiencia del celebrado en 2004.

Día tras día se escuchan y leen improperios contra los dirigentes de la oposición, por aupar y promover el referendo revocatorio y, quizás, lo más irritante es que cada cierto tiempo las rectoras del CNE, incluyendo a quien lo preside, Tibisay Lucena, hacen declaraciones públicas con la evidente intención de bloquear la activación del referendo, y de un modo parcializado, sin vergüenza alguna, emiten juicios y opiniones contrarias a la realización de ese acto electoral.

Ante la enorme crisis de abastecimiento y deficiencias de todo orden en los servicios públicos que presta el Gobierno, la población viene acaloradamente protestando en las calles. Recientemente, un grupo de habitantes de Ureña, emprendió una populosa travesía, rumbo a Colombia, a través de la frontera, para abastecerse de alimentos y medicinas y vimos con indignación cómo la Guardia Nacional lo impedía y procedía a los maltratos de costumbre.

Y es que, señora Lucena, la población está enardecida frente a este pésimo gobierno y por la muy grave y critica situación por la cual atraviesan todos los venezolanos. Hay una indignación extrema que no puede ser extinguida, salvo que se le permita, tal cual como lo establece la Constitución, al electorado nacional expresar su voto sobre la conveniencia o no de continuar Maduro en el gobierno.

Comparto con usted, porque en su última intervención pública fue quien lo dijo, que las descalificaciones, improperios y agresiones físicas no son el lenguaje adecuado para ejercer la política, y diría que ninguna actividad humana puede ser realizada en esos términos. Y mucho menos en boca de los políticos que, como usted, están en la dirección de importantes instituciones, como es el CNE cuyos rectores deben ser impolutos y reservados en cuanto a sus simpatías políticas personales. Cada ciudadano tiene el derecho de tener su propia opinión política libre de presiones, pero quienes asumen una posición en el CNE deben actuar con ética y disciplina social. Es inaudito ver como ahora con el presidente Maduro los militares actúan como activistas políticos, contrario a lo que establece la Constitución.

Conviene recordar que durante los 40 años de régimen democrático, nunca quienes fueron presidentes, iniciando el señalamiento con Wolfgang Larrazábal, Edgard Sanabria, Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera Campins, Jaime Lusinchi y Ramón Velazquez, se escucharon improperios groseros y vulgares como los que se han emitido durante el régimen de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Inclusive, superando hechos como las guerrillas marxistas leninistas, aupadas por Fidel Castro en las décadas de los sesenta y parte de los setenta, a través de las cuales se atracaban bancos, incendiaban iglesias, se asesinaba de modo inclemente a policías y soldados, se secuestraba a personajes importantes como los casos de Di Stefano, Iribarren Borges y Niehaus, cuyo objetivo era derrocar al régimen democrático por la acción armada subversiva, nunca se escucharon expresiones soeces, descalificatorias de las personas en acción política. Más bien, el régimen democrático les garantizó a los partidos insurrectos, el PCV y el MIR, la posibilidad de ejercer sus derechos políticos si ellos acataban el régimen jurídico institucional vigente, el cual daba sustento a la democracia como modo de vida del venezolano. Nunca vimos a las autoridades electorales actuando de modo parcializado y con actitudes de activismo político, como hoy se aprecia con claridad.

Debe entender, señora Lucena, que a usted le corresponde presidir un acto electoral de suma importancia para la salud política del país. Y que, estando de acuerdo con usted, en su posición de equilibrio y circunspección en el lenguaje, también es cierto que la parcialidad evidente de cuatro rectores del CNE enturbia la posibilidad de encontrar un camino institucional y democrático, que es el anhelo del venezolano por superar la inmensa crisis que el país está sufriendo. Por ello, a pesar de las presiones y compromisos de orden personal que esos rectores tengan, las mayorías deben ser respetadas. Y si la Asamblea Nacional fue electa en un acto legitimo que el CNE proclamó, también esas mayorías expresan con evidencia la necesidad de realizar el referendo revocatorio.