• Caracas (Venezuela)

Atanasio Alegre

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Humanismos

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(Para Olga Durán)

La tarde que nos acercamos hasta la Urbanización de la Florida para recoger al doctor Uslar Pietri para la conferencia que iba a pronunciar en la entonces llamada sala E de la Biblioteca de la UCV, llovía con avaricia, como diría un llanero. “Como si ordeñaran el cielo”, dijo Gustavo Arnstein, recordando el inicio de Las lanzas coloradas, al abordarlos tres el vehículo de la universidad. Cuando vio que yo iba a ocupar el puesto delantero, dijo: siéntese atrás con nosotros, así podremos intercambiar ideas con mayor economía de voz.

Nos manifestó que iba a hablar sobre el humanismo desde el renacimiento hasta nuestros días. Y nos preguntó luego si habíamos leído la Carta sobre el humanismo que Heidegger escribió a Jean Beaufret.

Uslar acababa de regresar de París donde se había desempañado como representante de Venezuela en la Unesco y debía conocer la obra de Jean Beaufret a quien se atribuía unánimemente la introducción del pensamiento de Heidegger en Francia, donde el existencialismo copaba la escena filosófica por aquellos días.

—No solo la he leído. La he estudiado –respondí– y sigo sin entender una buena parte de lo que allí se dice.

Me referí entonces a una anécdota que corría en los corrillos filosóficos y que François Fédier –uno de lo autores del Diccionario de Heidegger– ha reproducido en el artículo sobre Jean Beaufret. Durante la ocupación alemana, Jean Beaufret había logrado fugarse de un campo de concentración, colaborando después activamente con la resistencia. Para esa época, ya era profesor de filosofa y la enseñaba con verdadera pasión en algunos liceos. Hacia 1945 publicó unos artículos en la revista Confidences que llegaron a conocimiento de Heidegger, quien le envió una carta en la que confesaba que la idea de Beaufret sobre la filosofía, era lo que viene a ser ella en esencia. “Si bien el alemán tiene sus recursos y el francés sus limitaciones”.

La cosa es que Beaufret concibió la idea de visitar personalmente al maestro en su cabaña de Todnauberg donde se había recluido después de que lo expulsaran de la universidad de Friburgo.

No era fácil el viaje, pero Beaufret contaba con amigos en el ejército que custodiaba la frontera con Alemania y logró un salvoconducto.

El encuentro multiplicaría una relación y una correspondencia durante más de treinta años –en lenguaje de ambos- contribuyó a una sinusía o pensamiento en común. Un acuerdo que cesó con la última carta que Heidegger escribió a su “discípulo” ocho días antes de morir. En ella ratificaba, por cierto –dado que la función de la la filosofía es hacer preguntas, más que dar respuesta- el cuestionamiento que permanente ambos habían hecho sobre el pensar.

En aquel primer encuentro, rebobinando el asunto, Beaufret hizo saber a Heidegger que había encontrado muchas dificultades, no superadas, para entender la obra Ser y tiempo. Heidegger respondió entonces: “Comience a leer a Aristóteles durante veinte años y después sabrá qué es lo que quiero decir”.

Beaufret ha asegurado que eso hizo al llegar a París y en eso continuó durante los veinte años siguientes.

Uslar habló al final de su conferencia de lo que iba a significar, en su criterio, el humanismo sobre la política. Habló de Beaufret, de la honestidad de este hombre para enseñar, de su pasión por la verdad y la humildad con la que había publicado su obra, alabada desde un comienzo por pensadores tan importantes como Heidegger. Citó la Carta sobre el humanismo.

Días después, me confesó que esa había sido una de las conferencias que con mayor gusto había pronunciado.

Habrá que tener en cuenta que veinte años atrás, Uslar había sido expulsado de malas maneras de la Facultad de Economía y desde entonces no había vuelto a la UCV, la conferencia sobre el humanismo constituyó su reencuentro con la principal casa de estudios del país. No confiaba totalmente en que las cosas salieran bien. Pero cuando hizo su entrada en las Sala E, colmada de estudiantes y profesores, la concurrencia lo recibió de pie con un aplauso cerrado. La conferencia duró una hora y algo más y ya, al final (había dicho que al regreso, el chofer lo recogería en la plaza del rectorado donde para aquella época todavía se podía estacionar) el recorrido desde la Sala E hasta la entrada en la Plaza del Rectorado duró mas de medio hora, debiendo firmar autógrafos, saludar a gente que lo abordó y produciéndose de esta manera su reconciliación con la UCV.

Pues bien, en estos días, repasando este monumental Diccionario de Heidegger, me encuentro con la anécdota con la que François Fédier inicia su artículo sobre Beaufret. Cuenta que uno de los amigos de Heidegger en Hamburgo, un librero muy reputado, llamado FritzWerner, señaló a Heidegger pocos meses de que éste falleciera, que seguía teniendo muchas dificultades para entender algunas cosas que aparecían en sus obras. Heidegger, sin dudarlo un momento, le respondió:

-Si usted quiere comprender lo que yo he hecho, lea a Jean Beaufret allí están las claves de mi pensamiento.

 Uslar volvería un par de veces más a hablar a la comunidad de la UCV, una de ellas, en el Paraninfo cuando cumplió noventa años en una ceremonia solemne. Tuve entonces el honor de hacer una breve introducción a la figura de este hombre que para que se produzca otro igual en Venezuela, serán muchas las combinaciones que los genes venezolanos tendrán que acometer.-

atanasio@gmail.com