• Caracas (Venezuela)

Asdrúbal Aguiar

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Asdrúbal Aguiar

El hilo de Samper, segunda parte

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Desde el desatino de su amenaza de llevar a la inquisición de la Unasur a quien atente contra el derecho al trabajo de nuestros gobernantes “eternos”, eternos en el poder desde hace 16 años y mediante sucesión, a dedo, violándose la Constitución y con mengua del principio de la alternabilidad democrática de los gobiernos –hoy pieza de museo en América Latina– el ex presidente colombiano Ernesto Samper, amigo personal del causante y del causahabiente, no atina en su pretendida gestión mediadora en Venezuela. Pudo haber callado, cosiéndose la boca con el hilo constitucional y apelando al sincretismo, para no hacer evidente su procaz parcialidad.

Pero insisto en este diálogo de sordos, pues cuando menos Ernesto Samper hace su oficio al defender a sus empleadores. No es el caso de José Miguel Insulza, quien apenas gime ahora durante su despedida de la OEA, otrora y antes de él mecanismo de protección de la democracia como derecho de los ciudadanos.

Ejemplar fue la respuesta de la OEA hacia el ya lejano 1979, cuando el dictador nicaragüense Anastasio Somoza Debayle arguye “sus” derechos a la independencia y soberanía; a lo cual, los gobiernos americanos, de conjunto y por voz del canciller venezolano, José Alberto Zambrano Velasco, le dicen que “mal puede tremolarse la soberanía para encubrir graves violaciones de derechos humanos”. Otros eran los tiempos, por lo visto.

En materia de principios y moral democrática, no obstante, es deber seguirlos defendiendo incluso a contracorriente, a pesar de Samper y los cancilleres que integraran su parcializada y fracasada comisión mediadora. Eso hago.

Y le pregunto, pues, ¿qué piensa de la dictadura inconstitucional que ahora inicia Nicolás Maduro, abroquelado con una ley habilitante que le permite poner de lado el instituto de los estados de emergencia o conmoción interior y exterior, legislar urbi et orbi sobre materias constitucionales, y hasta crear sanciones al margen de la representación popular; dictando leyes evidentemente antidemocráticas y, como lo busca, al decir que no le hace falta suspender las garantías para ello, alejando todo control internacional por los organismos interamericanos y universales de derechos humanos?

¿En qué parte del constitucionalismo democrático –le pregunto, señor secretario de la Unasur– es admitido que un gobernante legisle por decreto, mediante autorizaciones abiertas para enfrentar –sin declarar un estado de excepción constitucional– amenazas supuestas e inminentes de guerras internacionales, que al paso solo bullen en la cabeza enfebrecida de su autor?

Usted habla de la separación de poderes en Venezuela para defender de lo indefendible al señor Maduro, y este, en vez de ayudarlo, le abofetea. Tanto que, en su solicitud de habilitación para una “dictadura inconstitucional” –que nada tiene ver con la dictadura constitucional de estirpe romana y acotada– advierte que dictará “leyes orgánicas” no contempladas ni aceptadas por la Constitución, pero que las enviará a su “escribanía constitucional” en el Tribunal Supremo a fin de que se las purifique.

¿Se ha roto o no el hilo constitucional por su protegido, le repregunto señor Samper? Respóndale al pueblo venezolano, con honestidad. Limpie ante nosotros su lastrada imagen y su historia muy comprometida en Colombia y el hemisferio,  y le prometemos no cargarle las tintas cuando escribamos la nuestra.

Por lo demás, le recuerdo otra cuestión de peso, muy emblemática  y sensible para la comunidad internacional; esa a la que le preocupa, en serio, cuidar de la democracia, del Estado de Derecho y de los derechos humanos, como tríada angular de la civilización contemporánea.

Me refiero a la condena que sufren por el Tribunal Penal Internacional para Ruanda dos declarantes, comunicadores, quienes abusando del verbo atizan la violencia en su país y terminan como criminales de lesa humanidad.

Imagino que usted sabe –¡piense en su hilo constitucional!– sobre la perversa e infeliz declaración del innombrable Roy Chaderton Matos, ex canciller del chavismo y actual embajador de Maduro ante la OEA. Banaliza el derecho a la vida, valor fundamental y universal, y habla de disparos de fusil en las cabezas huecas de los opositores al régimen que usted defiende con tanto empeño; pues siendo huecas las balas las atraviesan con rapidez y apenas dejan un chasquido. ¿Qué tal, señor Samper?

Los nazis, enfermos de poder creen obedecer la ley, los dictados de Hitler y su mesianismo, e incurren en las más graves ofensas a la humanidad. No recuerdo, en mis lecturas, que las salivas de los soldados alemanes les cayesen por las comisuras, al disfrutar sus horrendos crímenes. Eso lo aprecié, aquí sí, en las imágenes del innombrable diplomático. ¡Un asco!

 

correoaustral@gmail.com