• Caracas (Venezuela)

Asdrúbal Aguiar

Al instante

¡Zapatero, a tus zapatos!

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El título viene al caso como remembranza de un tiempo ido, pero no distante. Se corresponde con el de una columna que escribo el 1° de abril de 2005, a propósito de la visita que hace a Caracas el entonces presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, a la sazón objeto de crítica acre por sus copartidarios del partido Acción Democrática y con motivo de la venta de armamentos que aquel transa con Hugo Chávez Frías.

Se trata, por lo visto, de un contubernio que viene de muy atrás y es cultivado dentro del aquelarre revolucionario: el de los chavistas con un Zapatero a quien poco le importa armar a violentos, como tampoco la colusión de estos con el semillero valenciano de profesores españoles, quienes desde 1999 y a través de La Habana tejen las reformas constitucionales del socialismo del siglo XXI y al término realizan su parto de montes, el movimiento Podemos.  

Lo cierto es que, al escribir la citada columna, traigo a colación lo relevante, a saber, la doblez de comportamiento del gobernante hispano, quien celebra con el régimen militarista venezolano contratos para la venta de 4 patrulleras de vigilancia costera, 4 corbetas y 10 aviones de transporte C-295; y adocena, así, su amistad de hoy con el dictador Nicolás Maduro y la confianza que este le brinda para que le saque las castañas del fuego y hasta llene de temores a los opositores.

Y su doblez radica, en aquel instante, no tanto en los negociados del caso cuanto a la crítica que le hace a su predecesor, José María Aznar, llamándolo belicista, y justificando luego, eso sí, su pacto de armas con la revolución bolivariana, sin considerar las necesidades vitales –menores que las actuales– que aquejan al pueblo venezolano y las preocupaciones de Argentina y Colombia por el armamentismo creciente del régimen de Caracas.

“No se trata de una transacción sobre fragatas, que sí tendrían un carácter ofensivo”, alega Zapatero, para añadir, justificándose y al paso cubrirle las espaldas al soldado Chávez, que “tenemos que quitarnos de la cabeza que en la región hay algún tipo de situación que pudiéramos considerar conflictiva, en términos que haga pensar en un riesgo de rearme”.

Obviamente, al personaje de modales reposados y diplomáticos le resultan inocuos o en su intimidad celebra los síntomas en contrario, con un Chávez ya ocupado de intervenir activamente en la vida interna de todos los países: El alzamiento del movimiento “etnocacerista” en Perú, con ayuda “bolivariana”; la falta de dominio del presidente Gutiérrez sobre la realidad ecuatoriana y la efervescencia indígena –promovida desde Venezuela– en todo el altiplano; la insurgencia de Evo Morales: aliado de Chávez, en Bolivia; el ruido de los movimientos campesinos de Centroamérica, seguidores del presidente venezolano según sus palabras; el fragor del Movimiento de los Sin Tierra en Brasil y su manifiesta adhesión al credo “chavista”; los amores de las FARC y del ELN con el gobierno de Venezuela, entre otros tantos y no menos serios acontecimientos.

De modo que, el primer aliado que encuentra en su camino el fallecido comandante Chávez para sostener su prédica o premisa revolucionaria –“llevamos adelante una revolución pacífica pero armada”– es, justamente, el taimado Zapatero. Tanto que, al superar aquel el referéndum revocatorio de 2004 y anunciar, en noviembre del mismo año, su estrategia sucesiva: La Nueva Etapa: La Nueva Estrategia de la Revolución Bolivariana, declara su disposición de “utilizar todas las estrategias posibles, desde una estrategia de defensa móvil frente al gigante hasta el ataque”; quebrar el eje “monroista” que integrarían Bogotá-Quito-Lima-La Paz-Santiago de Chile; hacerse de una milicia popular armada y paramilitar; en fin, ejercer acciones cruentas en la frontera colombiana y con motivo de la ejecución del Plan Colombia.

Locura o no, realidad o ficción como lo apunto al escribir mi artículo sobre Zapatero, lo veraz es que al presentar Chávez su documento citado ante la Fuerza Armada confiesa que el embajador español es su aliado y un aliado de la izquierda; y deja por escrito el objetivo formal que explica el negociado armamentista del presidente del gobierno español: “El acercamiento a España es algo vital para nuestra revolución”. “Eso es muy importante para nosotros, para nuestra estrategia, porque eso debilita la posición de Estados Unidos”, finaliza el mandatario venezolano.

Me sorprende y me pregunto, pues, ¿cómo es eso que el señor Barack Obama apoya a Zapatero como mediador en la crisis institucional y humanitaria que sufre Venezuela y que deja muertos a la vera, por hambre y por armas, de las que asimismo se benefician las FARC, ahora en otro sincrético negociado con Juan Manuel Santos, gobernante colombiano?