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Arturo Serrano

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Arturo Serrano

Del New Hollywood al Blockbuster (y II)

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La columna pasada hablamos de ese maravilloso momento que ha sido llamado el New Hollywood Cinema. Hoy nos dedicaremos al presente, pues vamos a hablar de lo que aún está en boga en la Meca del cine: el blockbuster. Con este nombre se identifica a las producciones cinematográficas de gran éxito taquillero que atraen a millones de espectadores, convirtiéndose así en las mejores inversiones que puede hacer un estudio cinematográfico. El comienzo de este tipo de películas se encuentra en los setenta con dos películas que significaron un cambio radical en la manera de producir y consumir filmes en Norteamérica. La primera es Tiburón de Steven Spielberg estrenada en 1975 y la segunda es La Guerra de las Galaxias dirigida por George Lucas en 1977.

Un joven Spielberg fue confiado con un presupuesto de nueve millones de dólares y así empezó una muy accidentada producción plagada de problemas, entre los que se cuenta el de un robot que pocas veces funcionaba, actores que se quejaban de un guión que consideraban demasiado sencillo y mucho escepticismo por parte de los productores quienes en algún momento llegaron a arrepentirse de haberse involucrado en esta película. Pero poco a poco Spielberg fue superando las dificultades y finalmente fue estrenada. Lo que ocurrió con Tiburón fue algo inesperado: una película que había costado 9 millones de dólares llegó a recaudar más de 400 millones de dólares, convirtiéndola así en la más taquillera del momento. Algunos pensaron que esto era algo imposible de repetir y siguieron viendo en ese sencillo New Hollywood Cinema el futuro de la industria cinematográfica norteamericana, pero la historia les probaría que estaban equivocados.

Tan solo dos años después del éxito de Tiburón, llegó otra película con características similares: un gran presupuesto (11 millones), muchos problemas de producción y escepticismo por parte de los productores. La Guerra de las Galaxias fue estrenada en 1977, y si Tiburón había sido una sorpresa, este filme sería una sorpresa aún mayor. El récord de taquilla logrado por Tiburón fue superado con creces y hasta la fecha este filme ha logrado una ganancia de más de 700 millones de dólares (eso sin contar lo que han ganado las demás partes de la saga). En este caso hubo una novedad: la película era la primera parte de una trilogía, lo que para los estudios significaba triplicar sus ganancias. Ahora sí los ejecutivos se dieron cuenta de que los blockbuster no eran una moda pasajera, sino que estaban aquí para quedarse y es así como comienza la era de la historia del cine norteamericano que aún estamos viviendo.

Algunos critican el blockbuster por ser efectista y pretender lograr sus efectos con ilusiones fantásticas más parecidas a los fuegos artificiales que a una obra de arte, pero eso significaría negar las evidentes posibilidades que el cine ofrece de ser un entretenimiento a lo grande, es decir, con la posibilidad de convertirse en un maravilloso espectáculo visual. De hecho, hay quienes afirman que el blockbuster (pensemos en la saga de Harry Potter o Los juegos del hambre) no hace sino regresar a los primeros años del cine cuando quienes hacían películas querían sobre todo lograr sorpresa en el espectador. ¿Acaso no era eso lo que intentaba Georges Méliès con sus filmes? La dictadura de lo financiero ahoga sin duda a Hollywood, y supongo que hacer cine en ese contexto debe ser muy difícil pues, ¿quién puede competir con las ganancias de esas obras?, pero eso no es culpa de las películas en sí, sino de quienes las hacen. Es decir, el problema no está en el blockbuster, sino en el ejecutivo que pretende solo hacer ese tipo de cine. A esto pudiéramos agregar que el cine independiente estadounidense sigue explorando escenarios inéditos e inventando nuevas fantasías cinematográficas que van más allá del mero espectáculo, haciendo que haya variedad en el cine norteamericano. Es verdad que Estados Unidos produce Harry Potter, pero también es verdad que de ahí mismo salieron Precious o Beasts of th eSouthern Wild. Mi posición es que no debemos criticar al blockbuster, sino al espectador que solo consume el blockbuster. Variedad de películas hay, lo que pareciera no haber es variedad de espectadores.