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Arturo Serrano

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Edison, el capitalista a quien debemos Hollywood

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A mis alumnos de la UCAB

 

Debido a sus rasgos físicos, Edison siempre es considerado por muchos como el tierno abuelito que tuvo la genialidad de inventar el bombillo, el fonógrafo y muchas cosas más (sus patentes en la oficina de patentes de Estados Unidos suman 2.332). Lo que muchos no saben es que Edison era un capitalista que creía firmemente en el derecho exclusivo que tenía de explotar sus invenciones. Hasta aquí la historia no dice nada de la personalidad de Edison más allá de que defendía su propiedad, pero hay un caso en el que este abuelito inventor sacó sus garras y se convirtió en el peor y más rudo de los capitalistas: la Motion Picture Patents Company.

Siempre se dice que el cine lo inventaron los Hermanos Lumiére en el año 1895 y que la primera función de este invento fue el 25 de diciembre. La verdad es que el cine fue inventado mucho antes y Edison es uno de quienes pudiesen ser considerados el padre del cine, pues el 20 de mayo de 1891 fue la primera presentación pública de un invento maravilloso llamado el quinetoscopio, el cual mostraba (a diferencia del cinematógrafo de los Lumiére, el cual filmaba y proyectaba, el invento de Edison se dividía en dos: el quinetógrafo que hacía la película y el quinetoscopio que la mostraba) una serie continua de películas en un loop que incluía varias piezas hoy famosas como El Beso.

Poco a poco el cine fue pasando de una novedad carnavalesca a toda una industria que se dividía en tres: la producción, la distribución y la exhibición. Edison no tenía la intención de compartir las ganancias que el cine le daba, por lo que decidió controlar a todas y cada de estas industrias y fue así como creó la Motion Picture Patents Company. Esta compañía era un consorcio (trust) conformado por las más importantes compañías relacionadas con el cine e incluía la Kodak, la cual era la única que hacía película para cine en Estados Unidos. Los miembros de este consorcio se comprometían a no prestar sus servicios sino a los otros miembros del consorcio, de tal manera que hacer cine era casi imposible a menos que fueses uno de los poderosos miembros del trust. Si lograbas hacer una película, no había quien la distribuyese y si lograbas hacerla y distribuirla, no había quien la exhibiese. De esta manera Edison creó un monopolio que le garantizaba llevarse una tajada de cada película hecha en Estados Unidos.

Pero un grupo de productores independientes creó una serie de pequeñas compañías y empezó a hacer películas fuera del consorcio. Como no podían disponer de la única película hecha en Estados Unidos, empezaron a comprarle película a la compañía de los Lumiére, quienes terminaron lucrándose del monopolio. En un año los Lumiére llegaron a vender 10 millones de pies de película mientras que la Kodak ese mismo año vendió 37 millones. Edison no tenía la intención de claudicar, por lo que acusó a estos empresarios de piratas y llegó a recurrir a técnicas como la de romper los vidrios de sus carros, enviar matones a que los amedrentaran y muchas otras cuestionables prácticas. Por esta razón los pequeños productores independientes empezaron a buscar tierra donde instalar sus oficinas y operaciones, la cual debía tener dos características: tener luz todo el año y ser barata. Fue así como estas pequeñas compañías se mudaron a Hollywood y empezó lo que llamamos el sistema de estudio.

Hoy sabemos que estas pequeñas empresas que tanto lucharon contra el monopolio de Edison (Loew’s-MGM, Fox, Universal, y la más grande y próspera de todas, la Paramount) aprendieron bien la lección y se apoderaron no solo del mercado americano (objetivo de Edison), sino que fueron mucho más allá y se apoderaron del mercado mundial. Si Edison levantase la cabeza, sin duda se sentiría complacido de lo bien que estos empresarios aprendieron la lección capitalista.