• Caracas (Venezuela)

Arnaldo Esté

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Arnaldo Esté

La verdad contra la mentira. La implosión continúa

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Uno se siente ahogado en un caldo de falsedades encadenadas. La mentira, que es pariente cercana de la corrupción, termina por establecerse como referente mayor para la gente. Sobre todo cuando viene de los gobernantes. La mentira y la corrupción se convierten en una oscura parte del patrimonio social.

En su afán por conservar o expandir su poder, el gobernante olvida que con el tiempo eso se revierte contra él mismo. Mentira tras mentira, desbocadas, terminan por construir su identidad. Pierde credibilidad a la vez que mina la moral del país. Es escupir para arriba. La falta de información o la información falsa alientan el rumor, que ahora abunda y crece con Internet y sus redes sociales.

En estos días y cuando la muerte marca la noticia, y hasta la gasolina escasea (¿será que Pdvsa la está acaparando y que por ello podría terminar presa?), la mentira oficial se desparrama. Las autoridades compiten en versiones fraguadas y repetidas sin mucha imaginación. Una mención de culpables que se sentencian y castigan sin juicio alguno y con un dedo acusador muy mal manejado.

Otro fetiche es la desestabilización. El gobierno confiesa ser de una estabilidad precaria, tan precaria que cualquier pendejada lo desestabiliza. La realidad es que si pierde el equilibrio, no lo es por causas externas. Es el cúmulo creciente de sus desaciertos. Nada que ver con la soñada revolución.

Los desaciertos se tornan tragedias: un diputado malamente asesinado y cinco colectivistas muertos, todo ello con largas culebras, en lo que parece ser comienzo (o continuación) de una guerra de la policía contra los colectivos y que llega a las redes sociales con gran alarma. ¡Dios quiera que termine con solo cinco muertes! Pero, ciertamente, son síntomas de implosión que se reúnen en lo que puede llegar a ser una crisis general. Una crisis que, dejando atrás lo político, lo económico y lo social con todos sus componentes, deviene en una quiebra moral, de tal complejidad que con ella cualquier cosa puede suceder. El gobierno tendrá que dialogar.

Es un tiempo agorero, que comenzó hace años. Pero ese tiempo agorero e incierto resulta conveniente para que los aspirantes a ser candidatos a diputados por los opositores salgan no solo a cultivar votos, sino a propiciar la organización de la gente para la reconstrucción del país. Podría ser un proceso para la comprensión en sitio de nuestras condiciones y características. Una profundización de la democracia.