• Caracas (Venezuela)

Arnaldo Esté

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Arnaldo Esté

No es solo hacia otro modelo, es hacia otro país

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A veces la memoria toma cursos independientes. Anoche cuando veía la TV me vino la imagen de una querida profesora del liceo Andrés Bello que nos ofrecía las imágenes de los tres monos sabios japoneses, san sarú, que llamaban a no hablar, no ver y no escuchar y ella agregaba “el señor proveerá”.

He estado revisando unos cuantos escritos y documentos. Entre otros: la Exhortación pastoral: Renovación ética y espiritual frente a la crisis, el mensaje de 57 economistas (www.pensarenvenezuela.org.ve.), el último boletín de British Petroleum, la comunicación de Fedecamaras, la Federación Médica, sobre todo y con especial satisfacción (y angustia) el artículo de Nelly Arenas, profesora del Cendes de la UCV (http://www.nuso.org/upload/articulos/3724_1.pdf copia fiel del publicado en la revista Nueva Sociedad No  229, septiembre-octubre de 2010, ISSN: 0251-3552, <www.nuso.org>.) El artículo de Nelly, que me ahorra muchas palabras, resume la historia reciente de Venezuela apoyándose en tres términos convergentes: rentismo (enfermedad holandesa), populismo y democracia.

En todos esos documentos encuentro una sincera y reflexionada preocupación por lo que viene ocurriendo en nuestro país y proposiciones. La Conferencia Episcopal insiste en hablar crisis general llamando a un necesario y sincero diálogo. Una crisis general es mucho más que la existencia de crisis parciales en determinados sectores de la vida social. Es cuando esas crisis parciales concurren y se devienen en una crisis ética: el país se acorrala, pierde las perspectivas y se deja poseer por un pánico del que se desprenden actitudes de sobrevivientes: un barco que se hunde, un Titanic. Es lo que está comenzando a suceder.

La tácita confesión (y confusión) de la presidencia es más grave que todo grito, que todo otro insulto, que toda otra amenaza. Implica esa crisis general.

Pero no creo que sea sólo cosa de un cambio de modelo económico – que es necesario – pero más que cambiar un modelo lo que procede es la reconstrucción del país. Una reconstrucción que supone, comprendernos más allá del petróleo, más allá de esa renta y en la vía de la creación, la educación y el trabajo.

Esa reconstrucción supone el abordaje y solución de los graves problemas que los escritos mencionados presentan. Ellos son de tal magnitud y complicación que no pueden ser resueltos por una parcialidad, requiere un diálogo, concertación y un gobierno de coalición, de transición, de salvación que incluya a todos y que se exprese e incluya a la gente más capaz.

Este es un camino complejo y difícil que todavía suena imposible, dadas las distancias políticas y, en ellas, cierta tozudez. No obstante, en el conato de diálogo que hubo, aparecieron variantes de estilo y lenguaje que muestran la posibilidad de explorar y ampliar territorios compartidos. A esa posibilidad comunicativa se agrega la inminencia de esa Crisis General con sus graves emergencias que obligarán nuevas reflexiones apremios.