• Caracas (Venezuela)

Arnaldo Esté

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El miedo y la crisis ética

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Ya alguien dijo que los informativos de los medios y las redes sociales parecen partes de guerra. Hay importantes y serias ONG e investigadores que llevan tétricas cuentas.

La crisis general está alcanzando los niveles éticos: descohesión, desintegración, extravío del sentido personal y grupal y los valores, que nunca han sido muy sólidos en Venezuela, se extravían. Y un miedo que abona la incertidumbre: de la mirada del extraño, del alcance frustrado de la cola, del cuento de los ajusticiados con llamas, de los malandros fugitivos que asesinaron policías, de la noche y la oscuridad que se hacen largas…

Un país, además de gente y espacio, es trabajo y creación. Tenemos gente y espacio, nos falta trabajo y creación. En la medida en la que el petróleo pasa de moda y se disminuye como sustituto del trabajo y la creación, vamos hacia la pobreza, una pobreza hace tiempo instalada en algunos vecinos de Centroamérica. Esta crisis general es esa caída en cuanto que no hemos tenido ni la voluntad ni los liderazgos adecuados para llevarnos a producir y crear.

Las erupciones aún son aisladas, aquí y allá y con muy diferentes motivos. Al punto de que los motivos no son tan importantes, lo importante es la catarsis, el desahogo, la salida neurotizada, el pagarla con algo o con alguien, el asesinato gratuito.

Mientras, Miraflores se transforma en una fábrica de motores, agregándose a las escuelas militares que se convirtieron en fábricas de generales muy numerosos y omniscientes, capacitados para cualquier cargo o función, formal o informal. (Uno se pregunta, ¿no será mejor cerrar todas las universidades?).

El Congreso, trabajando, creo que como nunca en la historia lo había hecho, produce pero sus productos, concebidos para una cierta legalidad constitucional, resultan ingenuos ante las máquinas creadas hace tiempo y que, además de poderes públicos fieles y subordinados, incluyen un tenebroso programa de milicias, patriotas cooperantes, Fuerza Armada politizada, negocios turbios de compra-venta y un largo, miope y cómplice mirar mientras los vivos se cogían los reales.

El escenario de hoy muestra una vez más a un Consejo Electoral en su consecuente línea de propiciar el fraude. Largamente se hizo el loco mientras marchaba el ventajismo y el peculado de uso que, sin embargo, no logró vencer a los votantes opositores.

Salir de este hueco y tomar una vía de construcción será difícil y tomará tiempo. Implicará restricciones y cambios de curso y, como muchos saben y repiten, altos costos políticos y sociales.

La pobreza suele ser huérfana. Eso requiere entendimiento, negociación, jerarquización de medidas, apoyo internacional, postergación de aspiraciones o de poderes infinitos y, como anoté al principio, mucho trabajo y creación, nada de alargar la Semana Santa o eliminarles los viernes a otras semanas.

Bien sé que eso del entendimiento es de gente capaz e inteligente. De política sagaz y oportuna. De saber preservar lo que se tiene, poco o mucho, para mejores tiempos. Por eso mis deseos pelean con mis ilusiones y quisiera ver las cosas como las peleas de chamos en la esquina, cuando, enredados en golpes y mordiscos, miran para los lados buscando alguien que los separe y termine con una pelea sin perdedores.