• Caracas (Venezuela)

Arnaldo Esté

Al instante

El gobierno se derrumba, hay que pensar en las nuevas tareas

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La crisis continuará y habrá que superarla y construir el país al mismo tiempo, en una transición que busque la profundización de la democracia en todos los ámbitos y niveles y en la creación, el trabajo y la producción para atender nuestras grandes carencias.

A pasos y saltos se hace evidente el derrumbe del gobierno y la ausencia de mirada a futuro de sus políticos y dirigentes. Se lo juegan todo como que si fueran a botar tierrita y salir de la política para siempre. Sin cuidar imagen o lenguaje, en un mentir sin estilo ni proporciones. Era de esperar. Desde el comienzo hablaron y actuaron para la eternidad, para el juramento y se amarraron a un santón. De allí su actuar y decir desenfrenado, metiéndole mano a todo sin esperar eventuales juicios. Pero se les vino encima todo el armario –es, en realidad un armario– internacional y las protestas y reclamos callejeros menudean. Allí están, casi desnudos y esperando, no solo ese juicio, sino sus veredictos.

El CNE y su presidenta, en desparpajo subordinado y menosprecio de la voluntad de la gente, suspende reuniones y posterga decisiones queriendo maquillar su irresponsabilidad. No, no es una inteligente maniobra política, el país marcha hacia la violencia y ellas tendrán que rendir cuentas.

Ante todo esto hay que pensar en la construcción y en proponer.

Así, en la educación, que en la perspectiva de la ética, es mi campo de estudio, acompaña al país en su progresivo deterioro. Maestros mal pagados y con bajo reconocimiento y prestigio, universidades sitiadas, liceos sin directores, escuelas abandonadas y estancadas.

Desde esa condición hay que tomar el sentido de su necesario cambio y calidad, en la ruta de la profundización de la democracia llevándola a las aulas, convirtiéndolas en ambientes de aprendizaje donde los valores y competencias se construyan en un ejercicio regular de una democracia y participación que resulten así arraigadas.

Requiere entender que la democracia es mucho más que eventos electorales ocasionales, sino que hay que cultivar valores con su práctica regular y que sirvan así de referentes para el logro y ejercicio de las competencias necesarias para la comunicación, la creación, el trabajo y la producción. Una pedagogía que privilegie al estudiante y dé prestigio al maestro, propiciando la formación de esos valores y esas competencias.

Los cambios educativos son cambios sociales que requieren continuidad y persistencia. Por eso, cuando hablamos de gobierno de transición, con la participación de todos, pensamos en un proyecto educativo nacional, de Estado, que permanezca a través de los necesarios e inevitables cambios electorales.