• Caracas (Venezuela)

Arnaldo Esté

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Arnaldo Esté

El gobierno de Barbie

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Pasamos muchas pruebas para llegar a la suprema felicidad: de la harina de maíz, del azúcar, del papel, del aceite, de la carne, del pollo, de los repuestos… pero lo que sí no estábamos dispuestos a pasar es la privación de Barbie. Pero me entero de que el gobierno ha acudido al rescate de la ecológica y ahorrativa Barbie y que la van a vender barato (a 2,50 dólares) y sin escasez.

Esta muestra de amplitud ideológica me tranquiliza y parece augurar un nuevo período de conciliación con los valores fundamentales del imperio y de la derecha fascista. Puede ser un viento propicio que alienta mi empeño en la búsqueda de coincidencias que puedan abrirle paso al diálogo.

Pero algo me escuece. No sé bien si lo de la bella y rubia muñequita responde en verdad a una apertura ideológica, a la improvisación de un funcionario de estreno o a un nuevo dakazo en marcha. La inconsistencia ideológica y los papeles perdidos del gobierno en un berenjenal de conflictos internos nos hacen estar muy maliciosos.

Los economistas, en un acuerdo poco frecuente entre ellos, agregan sus negativas previsiones a ese berenjenal interno. Los precios del petróleo (30% menos) se caen y con ello los dineros para mantener la filantropía política que ha alumbrado la magia y el fetiche. La producción nacional, también en caída, está muy lejos de proveer para una fiesta navideña que tiene que importarse.

Los discursos y las prédicas oficiales tratan, al mismo tiempo, de tapar con radicalismos y verborreas las alas caídas de sus partidarios con un tono de cheer girls. Es de esperar que menudeen obligándonos a buscar refugio en la música de los CD en las aprisionantes colas.

Así nos acercamos al año nuevo y a las búsquedas electorales. Ahora las veo oscuras, siento un clima pesimista y evasivo. A la charla de amigos y familiares la traspasa el giro de los chismes agoreros que, además de catártico, termina por abonar una mezcla de escepticismo y amargura.

Tienen la palabra los políticos. Las crisis van a converger a una crisis general que bien puede transformar el escepticismo y la amargura en emergencias desesperadas. La crisis general, por si sola, no cambia las cosas. Es cuando los proyectos y las respuestas encuentran acogida. Son los momentos para llenar los vacíos con creaciones.