• Caracas (Venezuela)

Arnaldo Esté

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Arnaldo Esté

La economía informal

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Al contrabando fronterizo se le agrega ahora una variante interna, la de los buhoneros que mercadean alimentos y medicinas escasas. Tanto el gobierno como todo el mundo saben que esa no es la causa. No ayuda, pero allí no está el demonio.

El Instituto Nacional de Estadísticas dice que en Venezuela más de 40% de la población laboral está en el sector informal. Es una manera poco sincera de esconder las cifras de desempleo. Otra mentira exigida por la necesidad de preservar un poder político que se desgasta por muchos lados.

A la economía informal la acompaña otro cuadro de similar dramatismo, el abandono del campo y con ella la caída de la producción agropecuaria. Las reformas agrarias han fracasado.

El gobierno, los opositores y gente como yo, hablamos del rentismo como de una dependencia enfermiza de los ingresos petroleros, que cultiva tanto el abandono del campo como la economía informal

No es fácil ni sencilla la solución a estas dos condiciones del país. Pero es necesario recordar algunas cosas.

La expansión de la cultura occidental, de la Modernidad –que no pocas veces ha tomado cursos bélicos e imperiales– y con ella de la razón, su lógica y sus versiones tecnológicas, el industrialismo, ha causado que en muchas partes del mundo amplios sectores de la población, en mayor o en menor medida, hayan migrado, quedando en la periferia de esa industrialización y de las ciudades que crecen con ella. Esas migraciones generan diversas maneras de sobrevivir, diversas maneras de comprender esa industrialización y tomar el curso de la occidentalización. Los resultados son complejos y muy diversos. Fusiones, hibridaciones, mestizajes que afloran en una rica diversidad no siempre pacífica, muchas veces usufructuada por mafias y organizaciones en las que confluye el tráfico con seres humanos, drogas, armas…

Otras veces es la filantropía política, el populismo que ofrece redenciones y plenitudes de toda la felicidad posible a cambio de devociones y fidelidades políticas.

El tema ha sido muy discutido y estudiado y está lejos, no solo de ser agotado sino resuelto. No se puede resolver porque es inseparable del curso mismo de la historia de los seres humanos, de su condición migrante. Es aprender a vivir con ello en conciencia de que, si bien trae graves inconvenientes, sus beneficios son los que la evolución de la sociedad humana ha traído.