• Caracas (Venezuela)

Arnaldo Esté

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Arnaldo Esté

La crisis general: lo que puede suceder

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El año se inicia agorero, nada claro. Con ausencia de iniciativas de parte y parte. Pobre imaginación y un presidente mendicante.

Las informaciones de todo origen asoman un nuevo año de barranco vertical, de precipicio, pues. Un gobierno acorralado por el propio fracaso en su mal heredado.

El recetario marxista para el socialismo refiere el cambio revolucionario a un desarrollo de las fuerzas productivas que en el capitalismo están represadas por relaciones sociales inadecuadas para ese desarrollo. Las fuerzas productivas se conciben como la conjunción de medios de producción con el trabajo. Justamente lo que no se ha hecho: los medios de producción, en buena parte, se expropiaron y congelaron mientras se hizo apología de la dependencia del Estado mediante una filantropía política, llamada también populismo. Se abandona un seguimiento fiel a los postulados ideológicos y se toma un peculiar pragmatismo hijo de la ineficiencia y la superficialidad: un “como vaya viniendo, vamos viendo” del presidente anterior.
Este proyecto se autoderrotó. El gobierno no fue capaz de realizarlo, ni siquiera en su versión llamada siglo XXI.

 

Situaciones pensables

No puedo prever nada en un ambiente en el que la nota sobresaliente es la incertidumbre que causan las acciones y reacciones improvisadas. Pero sí puedo asomar un ejercicio del pensar, que otros también han hecho, como para discutir y sin agotar el tema.

Continuidad

Las cosas continúan como ahora, se profundiza la crisis general. Hay una búsqueda desesperada de préstamos para cubrir las demandas internas y las insuficiencias, tanto para cumplir el presupuesto como los créditos adicionales que han ofrecido poder inmediato a los gobernantes oficialistas, devaluaciones en cascada, inflación con perspectiva de hiperinflación, contra-soberanía alimentaria, inseguridad, rentismo incrementado, desabastecimiento tanto de alimentos como de insumos para la producción (repuestos, maquinaria, herramientas), incremento de la dependencia económica internacional (de China sobre todo, a la que por cierto alguien no muy agudo ni conocedor, menciona como pretendida diferencia entre préstamo y financiación), monopolio y sumisión de los poderes públicos, fraude lento con el patrocinio del CNE, castrante cerco a los medios de comunicación (varios de ellos lambucios, aburridos y sin dignidad, cuando no oficializados), acción social en mengua creciente, educación paralizada en el pasado, servicios de salud saturados… No obstante, no hay cambios: protestas aisladas rápidamente reprimidas, conflictos internos en el gobierno por las discrepancias ideológicas, por el reparto de las instancias de poder y el aprovechamiento, a veces descarado, de los beneficios económicos, tráficos y contrabandos de virreyes militares y muchos otros avisados.

En este ambiente se dan las elecciones parlamentarias y el presidente sigue en sus funciones con una oposición creciente y un país destrozado, pero termina su período.

Golpe

Se incrementan los problemas y la crisis general. Hay creciente protesta con síntomas de ingobernabilidad. Se habla de un orden necesario que solo podría imponer un gobierno militar.

El golpe de Estado, con frecuencia auspiciado por los imperios, aun cuando se haya modernizado y encuentra creciente oposición internacional, ha formado parte de la “normalidad” venezolana y latinoamericana. La historia reseña en Venezuela doce golpes de Estado. Varios de ellos dados por militares muy próximos al presidente, tal como fue el de Gómez contra Cipriano Castro, el de Julián Castro contra José Tadeo Monagas y, en el caso de Chile, el de Pinochet contra Allende.  

Se ha dado la variante parlamentaria, como en Paraguay en 2012 contra Fernando Lugo, en Honduras en 2009 contra Manuel Zelaya, y en Venezuela en marzo de 1993 contra Carlos Andrés Pérez.

En el autogolpe, el presidente, con apoyo militar, asume todos los poderes implantando diversos grados de represión. En 1992 Alberto Fujimori con el respaldo de las Fuerzas Armadas y una supuesta anuencia de la misma población, disolvió todos los otros poderes, como también trató de hacer poco después el frustrado Jorge Serrano Elías en 1993 en Guatemala.

Referéndum revocatorio

Se va a la consulta, el tipo pierde y se llama a elecciones que gana uno de los que ahora se asoman.

Renuncia

Puede pensarse como una variante informal del revocatorio que obliga a unas nuevas elecciones. Digo variante porque el problema de la gobernabilidad y desarticulación del país no se resuelve. El sustituto encontrará el mismo desbarranque y una fuerte oposición.

Asamblea Nacional con mayoría opositora

Se cuestionan o impiden los abusos y ventajismos del Poder Ejecutivo lo que se traduce en su mayor ineficacia y lentitud. Se investigan corruptelas y abusos de poder, se obliga a la presentación de planes y presupuestos claros, pero los problemas son tan graves que no pueden ser resueltos, ni tan siquiera abordados, por una parcialidad política, social o militar. Ni el gobierno ni los opositores tienen la cohesión, claridad y poder suficientes para ello.

El gobierno de coalición, de transición, de salvación

Una variante compleja, que contraría la disposición actual, es la apertura y profundización del diálogo y el entendimiento hasta el punto de poder convocar, por acción concertada con el mismo presidente actual, un gobierno de coalición, de transición. El inicio de una ruta de reconstrucción, en primer lugar ética, sustentada por la convocatoria a todos para trabajar. Esta solución no rompe la legalidad ni el hilo constitucional. Es un gran esfuerzo de convergencia.

No es fácil ni sencillo: una conjunción de demostraciones, modelajes y propuestas que coloquen en primer plano la necesidad del esfuerzo y el país.