• Caracas (Venezuela)

Arnaldo Esté

Al instante

La continuidad con la naturaleza

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Dos notas previas

La privatizacion de Citgo

Como sugiere Ignacio Ávalos, (“¿Y ahora, qué hacemos con el socialismo del siglo XXI?” El Nacional del 14/8), el gobierno está con la caja de velocidades trancada y no le entra el avance ni el retroceso. La venta de Citgo es una privatización, es venta a una empresa privada. ¿Y entonces? ¿Dónde queda aquella escena de la plaza Bolívar cuando, en un paneo grotesco y dedo en mano, se expropió toda edificación vecina?

La ley de educación militar

¿Qué es eso de una sociedad cívico-militar? La Fuerza Armada es una institución profesional, apolítica y obediente según la Constitución. Obligar la educación militar en todas las escuelas para preparar a los niños para una eventual “guerra prolongada” lleva a una educación vertical, no participativa, no interactiva, es un inserto completamente contrario a la que aquí estoy proponiendo y argumentando.

Luego da las dos notas anteriores, continúo en este breve artículo lo ya expuesto en relación a la calidad de la educación y que ello implica cambiar desde la educación informativa tradicional a una educación formativa, y que formar aquí significa llevar a que el estudiante logre valores y competencias.

Me he referido ya a cuatro valores: dignidad, participación, solidaridad y diversidad. Hoy me referiré a un quinto valor prioritario: la continuidad con la naturaleza.

La construcción científica o racional de la naturaleza es eso, una construcción., una derivación cultural socialmente convenida. Más allá de esa construcción la naturaleza, esa totalidad, está en nosotros constitutivamente, continuamente.

 Proponer la continuidad con la naturaleza supone que nos aproximamos a ella como un “nosotros”. Que lo que en ella ocurre nos ocurre, de una u otra manera a cada uno. Pero además esa aproximación, que es también inmersión humana, es así corpórea, integral. No sólo racional o sensorial, es con todo.

En un ambiente de aprendizaje formativo, una flor es mucho más que una nota científica, una especie o variedad: es perfume, color, forma, historia. Eso hay que tenerlo en cuenta: expresarlo, escribirlo, discutirlo, investigarlo, elaborarlo. Es seguir la diversidad de versiones, de significados que se les dé a las aproximaciones: como objeto de la ciencia, del arte, de la religión, de la simbología cotidiana. Solo que es eso y mucho más lo que de la flor está en nosotros y no es discernible.

Un verso es una manera de comunicación precargada, con historia. Es un decir de la flor al que recurrimos porque la descripción prosaica resulta escasa.

Así que no es posible agotar el “tema” de la flor, porque en su permanente discurrir es inasible. No obstante, si es posible enriquecer la percepción que tenemos de ese tránsito, de eso que nos constituye. Para ello se  inventaron las artes, las religiones, la ciencia.

La educación que así proponemos está muy distante del antropocentrismo que rige el mensaje escolar y que hace que veamos la Naturaleza allí, objetivada y asible, restándole mucho de lo sensible y disfrutable.

El conservacionismo y el desarrollo sustentable no son en sí negativos, solo que son negociaciones con ese pasado antropocéntrico que concibe la naturaleza como objeto de dominio y explotación. Sustentar es mantener  la existencia de lo explotable. El “desarrollo sustentable” no supera el concepto de desarrollo como una condición necesaria de seguir en la perspectiva de Occidente. Desarrollarse es estirar algo que ya existe como rollo, enrollado. Un determinismo que es, una y otra vez, revocado por la complejidad que vamos encontrando.

Nos asusta el “calentamiento global” y nos avergüenza la contaminación y se buscan culpables como versión corta de la confesión y el arrepentimiento. Pero la conservación y el desarrollo sustentable ya son campos de cultivo para lo que proponemos como valor, como gran referente: la continuidad con la naturaleza.

En este sentido, en un aula, discutir sobre una flor, una araña, un ojo, un verso, un cuadro, un experimento puede ser la puesta en relieve de que todo ello es naturaleza y que la cultura que de ello se desprende, lo humano es un continuo, no es “otra cosa”.

Esto no es una negación de la racionalidad científica, es reubicarla como una manera de explicar y abordar la naturaleza, incluyendo a los  humanos. Es una construcción social que nos permite navegar en un mundo al que ya le hemos atribuido cursos, testimonios y pruebas. Cursos, testimonios y pruebas que a veces funcionan, a veces causan más perjuicios que beneficios. Durante mucho tiempo se pensó que sangrar a los enfermos los curaba pero que no era necesario lavarse las manos. Se inventaron los microbios que luego fueron desplazados por virus. Hoy, los virus se hacen inasibles y se les busca intimidades subatómicas.

El ser humano es inteligente. Porta una complejidad que le permite simbolizar y poner a actuar a esos símbolos: construye realidades en las que luego navega. Esto es a la vez, bello y terrible. Con frecuencia creamos bellos demonios que luego nos subyugan. A todas esas construcciones se las ha llamado cultura. Una distinción que se ha verificado como contraposición y no como continuidad.

Muchas de estas cosas no son nuevas, ya estaban en culturas ancestrales, en los mayas, en los egipcios, en los cultores del Tao, en los incas.

 

arnaldoeste@gmail.com