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Arnaldo Esté

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Arnaldo Esté

El alcalde secuestrado y el costo de las mentiras

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Como ya lo estamos viendo, la historia se precipita. La historia es cosa de la gente, aun cuando con harta frecuencia la gente se porta como animales.

Apuntamos a que la crisis general haría pico en este año. Pero no en la Cuaresma que parece ser un período fecundo en acontecimientos. Como es natural, le seguimos los movimientos al gobierno, su anuncio de magnicidios y golpes de Estado, la macrodevaluación, los viajes a la relamida La Habana. Una suerte de mirada con afanes de faro, girando en la búsqueda, no muy lógica, de medidas que remienden la cosa.

Esperaba muchas cosas en niveles similares, pero el secuestro del alcalde, las amenazas  a otras personalidades y el apresamiento de unos cuantos militares de muy bajo poder… realmente desentonan, si es que no fueran trágicos por lo que ello podría iniciar. Un curso de violencia creciente que podría llevar al país a muy dolorosos hechos.

En el mundo y sobre todo en América, tanto los golpes de Estado como otras formas similares represión y violación de los derechos humanos se salen del contexto. Por ejemplo, para los países del Mercosur y sus documentos fundamentales las violaciones de las constituciones, a las maneras democráticas bien explícitas en ellos, y a pesar de ciertas sonrisas ideológicas, les resultaría muy difícil aceptar eso de negar la oposición, apresar violentamente a los alcaldes o violar la inmunidad parlamentaria. Toda gente en esos –y muchos gobiernos– sabe que estar en el poder nunca es eterno, ni siquiera para los iluminados, y que tarde o temprano tendrían que rendir cuentas.

He insistido en la necesidad de ir al diálogo y, desde él, a un gobierno de coalición, de los más capaces sin que hubiera un cambio o renuncia presidencial. Esta sería una acción de alta política, de inteligencia, no muy sutil por cierto, pero que acopiaría fuerzas y recursos para reconstruir este deteriorado país.

Desafortunadamente, si es que este suave término fuera adecuado, las acciones de los últimos días no nos muestran inteligencia ni sutileza. Se le ha entrado a una colmena sin consideraciones para su capacidad de respuesta y se le ha alborotado. A todos los graves problemas que implican lo que llamamos crisis general, se agregan estas muestras de ilegal torpeza y pobre estilo, si es que acaso lo que está por detrás de todo ello es el recurso, nunca afortunado, del autogolpe.

No obstante, en la historia nunca es tarde para rectificar. Digo de la historia en paz, ya que bien sabemos que en la guerra la historia tiene otro lenguaje.

Señor gobierno, no nos empuje por ese barranco de represión y violencia.