• Caracas (Venezuela)

Arnaldo Esté

Al instante

Triunfos, primarias, asamblea, ¿y entonces?

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Cuando las buenas noticias son escasas, las primarias de los opositores entusiasman. Más allá de ciertos desencuentros comprensibles, se realizaron y aclararon las perspectivas en el camino hacia las elecciones parlamentarias, que, para mí, y como están las cosas, las ganarán también, y con un respetable margen.

La campaña electoral presionará y será oportuna para que los opositores le presenten al País un conciso número de propuestas que, con las limitaciones que imponen su variedad y diversidad, nos coloquen en una ruta cierta  de reconstrucción y restablecimiento y profundización de la democracia.

Muy difícil  puede ser eso. El gobierno ha dejado una mala mezcla de ofertas y compra de conciencias con un agotamiento de recursos en un País cuidadosamente enseñado a no producir. Mezcla peligrosa que se sabe con la fuerza explosiva que acabó con Carlos Andrés II.

Una asamblea opositora develará el rollo, el desorden y la notoria corrupción, la necesidad de corregir la ruptura institucional, la venalidad de los jueces y fiscales, el fracaso de una revolución nunca explicada y menos aterrizada y resumida a un caudillismo de capilla sin santo. Esa tarea política de arreglar cuentas puede ser tramposa y hacer que, en lugar de mirar hacia adelante,  se caiga en ese pozo. Un largo juego de dimes y diretes, bello para el lucimiento de oratorias pero tramposo.

La crisis general es el asunto. Cultivar la confianza de la gente en sus propias fuerzas y reconstruir sin tener los recursos económicos para ello. Un cuadro al que se la agrega la mala hiel de un petróleo que anuncia el no lejano fin de su era.

Los aromas triunfalistas pueden hacer que se olvide esa complejidad de nuestra situación. No es un simple regreso al pasado, un pasado que nos trajo a lo que ahora tenemos.

La reconstrucción ética, la reconstrucción social y económica no será posible sin la participación de todos.  Eso se ha repetido y ya tiene el sabor de un sermón, pero ese sabor no le resta certidumbre. El arte de convocar al adversario  está en los manuales. Pero ahora no es cosa de simple manejo político para tomar o conservar el poder. Habrá que convoca e incorporarlo a esa reconstrucción.

arnaldoeste@gmail.com

@perroalzao