• Caracas (Venezuela)

Arnaldo Esté

Al instante

Tramas, descubrimientos y espectáculos

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Más sobre la propaganda.

Hay alguien talentoso en el gobierno. El mismo que inventó las misiones, la sacralización del presidente eterno, las peleas con Colombia, el funeral, el Dakazo… ahora el contrabando. Muy buenas tramas propagandísticas, con un cierto toque de veracidad para ser mejores y que se reúnen con la filantropía política, con el rentismo, para armar una personalidad, un carácter del gobierno. Un hacer propagandístico que se prolonga –como contrainteligencia– en la censura y autocensura.

Hay una estrategia que supera los persistentes desaguisados de los operarios que se acusan mutuamente de ineficiencia y de incapacidad para divulgar los logros revolucionarios y uno siente cierta confusión en los destinatarios de esos mensajes: ¿es la gente y los opositores o es la gente del mismo gobierno necesitada de aliento?

No ha habido sagacidad política, entendida como manejos y alianzas. Al haber gozado de una cómoda mayoría se optó por acorralar y desguazar a los otros, a los que rápidamente se les llamó enemigos y no adversarios. Cosa muy ayudada por unos opositores engreídos en la búsqueda de atajos con malos baquianos.

Ha habido propaganda inteligente. No solo por la natural personalidad publicitaria de un líder, sino por el uso de tramas y espectáculos adecuados a coyunturas y emergencias. Al líder se le percibió próximo, “uno de los nuestros” que nos comprende y piensa así, enrevesadamente, como yo.

Se rumbeó, con tumbos evidentes, por rutinas ideológicas sin mucho éxito: el socialismo pervive como caramera chupada de pollo. Significa nada y cualquier cosa. En Europa se salta de llamarlo izquierda a socialismo, en cambios de geometrías en las que la emergencia creciente de una renovada xenofobia y separatismos les ayuda a definirse.

Cuando tratan de argumentar, de flotar algo teórico, no logran profundidad ni mucho menos originalidad. Al tratar de hacerlo se les siente el caletre, la repetición manualesca, no funciona la negociación gramsciana. Al final, no pueden despegarse del culto a la personalidad. Resultan otro gentío “…pegado detrás de un hombre a caballo”, a quien no se le puede dejar dormir en paz.

Ahora, en las cadenas y comparecencias, les asusta el olor creciente del fracaso y abusan sin estilo de la mentira, lo que desgasta la imagen fabricada. ¡No, las letanías, no por repetidas, resultan sinceras!

Están pasando cosas, muchas cosas. Hay quienes se desesperan porque no hay marchas y protestas en la calle. Olvidan que eso de “patear la calle” tiene límites y no se puede mantener. La gente no es profesional de la protesta. Y, además de protestar que es luz de refugio y llama de necesidad, hace falta propuesta, sentido positivo, un para dónde vamos que no es simple fuga.

No solo pasa, en cada casa y en cada cola, lo de la inflación, las miles de empresas paradas por falta de un repuesto, la caída de los bonos soberanos, el terror a las deudas por vencerse.

Una larga lista de cosas que pasan, que le pasan a este país en bancarrota y que colocan al gobierno en una evidente defensiva que no es causada por la oposición, por los ofensores sino por algo mucho más fuerte: los hechos.

No hay día en el que no se acumulen hechos tan graves y dolorosos que no pueden ser tapados por la abundante propaganda oficial ni la omisión oficiosa de los atemorizados.

El panorama latinoamericano es otro hecho. Los países que en algún momento coquetearon con el proceso venezolano y su petróleo ahora se distancian, se les ve en rumbos no ortodoxos. Los gobiernos de “izquierda” o socialistas derivan hacia lo que los escribidores llaman “pragmatismo”. Nombre pastoso que se les da a los que se resignan a aceptar el poderío económico internacional. Ven que el gobierno venezolano, supuesto renovador del socialismo, va a la cola en todos los indicadores y a la cabeza en el malestar de la gente. 

arnaldoeste@gmail.com