• Caracas (Venezuela)

Arnaldo Esté

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Arnaldo Esté

Resentimiento, desengaño, frustración y crisis general

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Tal vez el resentimiento y el desengaño sean más amargos que la ausencia.

Venimos de tres lustros de promesas, de camino a la felicidad, y los logros son pocos, cuando no ausentes.

Estudios realizados por investigadores de la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Católica Andrés Bello y la Universidad Simón Bolívar, recientemente presentados en la Universidad Católica Andrés Bello, “Análisis de las Condiciones de Vida de la Población Venezolana”, y también el IPP de la Universidad Central de Venezuela (IPP) y parcialmente publicados en la revista SIC del Centro Gumilla de febrero (https://sicsemanal.wordpress.com/2015/02/11/venezuela-2014-analisis-de-las-condiciones-de-vida/) muestran, con una sólida argumentación y soportes de estudios de campo, que a pesar de sus inmensos, y difíciles de contabilizar, costos, que las misiones bolivarianas desarrolladas desde 2003 por el gobierno anterior para enfrentar las difíciles condiciones sociales y económicas de entonces, han fracasado y que persisten esas difíciles condiciones.

Las misiones, como luego fue el llamado Dakazo y ahora la guerra económica y el enfrentamiento con el imperialismo de Obama, han sido recursos políticos, tácticos, para incrementar y conservar el poder. Nada revolucionario, en cuanto no han surgido nuevas instituciones y solo se han debilitado más las ya existentes.

Lo nuevo es que a ese fracaso se agregan el resentimiento, la frustración y el desengaño. El resentimiento por las promesas no cumplidas y la percepción de que hay corrupción en la redistribución de la riqueza, resulta más violento que la miseria misma.

Hemos llamado a esta situación crisis general. Crisis que ahora apenas comienza.

Crisis general es la confluencia de las crisis en los diferentes componentes de la vida social –seguridad, educación, institucionalidad, salud, economía…– para penetrar en la condición ética de la nación. Crisis que se manifiesta de muchas maneras, dependiendo de la consistencia y composición de cada persona, de cada grupo. Es un extravío de valores, de esos grandes referentes que les dan sentido, cohesión y base para la toma de decisiones.

Una crisis ética, que significa descohesión, des-integración, no discrimina, es continua y acompaña todas las horas. Tiene un alto componente pasional y, por tanto, una emergencia difícil de predecir.

El gobierno sabe esto y sus asesores –que no son pocos ni necesariamente nativos– se lo dicen, por lo que hace todo lo posible, sin escatimar mentiras o desafueros, para distraer, inventando monstruos, cocos, guerras…

La superación de una crisis general no tiene fórmulas ni caminos conocidos. Expresa una situación que refleja una historia, un Ethos, un sentido de la vida presente o ausente. En la nuestra, seguramente está el alto costo de la Guerra de Independencia, las malversaciones humanas de las guerras entre caudillos militares y, sobre todo, el manejo populista y dispendioso del petróleo. No del petróleo mismo sino de la gente –con o sin presencia extranjera– que lo ha manejado. Las misiones bolivarianas han sido una trágica muestra de ese manejo dispendioso y venal para pervertir y comprar conciencias.

Ahora nos va a tocar hacerlo, superarla. Así, desde este pobre y endeble suelo habrá que arrancar y será, como parecen aconsejarnos todos los países, incluyendo los veleidosos petroamigos, cosa del diálogo y el entendimiento.