• Caracas (Venezuela)

Arnaldo Esté

Al instante

Política, entendimiento, negociación, juramento, caos

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Hoy hubo otra marcha. Esta vez de estudiantes –mis alumnos– y mis colegas. Mucho más un gesto que una poblada. Pero salió el gobierno, marcando territorio con una acción, entre canina y medieval, de pundonor, con un despliegue de fuerzas que paralizaron la ciudad, multiplicando el alcance de ese gesto universitario. Al personaje torpe que lo ordenó habría que darle las gracias.

Casi podemos decir que política y negociación son sinónimos o, por lo menos, se solapan en sus significados. El arte y la competencia para vivir en la polis. Para nuestra lamentable situación el propósito de la negociación no es que uno de los dos conjuntos triunfe, quien necesita triunfos es la gente.

Tenemos ya años llamando al diálogo y a la negociación. Mucho se ha escrito y hablado y no han faltado escépticos. Más cuando proponemos un gobierno de transición. Respondimos que a la transición ya le llegaría su tiempo, no tanto por la voluntad de hacerlo como por la profundidad de la crisis que se transformaría en un tercer actor que impondría sus condiciones. En esos linderos andamos.

La transición supone que las partes van a seguir existiendo y que, en buena medida, la difícil construcción del país requerirá el aporte de todos. Esto choca con el concepto de la revolución como “sepulturera de la historia”, cosa que se ha usado como bandera o proclama, pero que nunca se ha logrado, entre otras cosas porque siempre lo nuevo se construye desde el propio acervo, desde lo que ya se es.

Parece que ese tiempo ha llegado. El gobierno, solo en su soledad, recuerda que Trinidad existe y va para allá a comprarle papas y apoyo.

No me cuadra la imagen del gobierno como soberbia. Lo siento más bien atrapado entre su juramento y los vivos que lo conforman. Y su lenguaje, adolescente y vociferante, con ecos de esa soledad, pareciera reclamar terapias.

El caos ocupa tanto las intimidades familiares como los gritos en las colas o cuchicheos en las oficinas del gobierno, cuando no están cerradas.

Los negociadores, algunos muy expertos, otros además muy conscientes, que saben que es mejor invertir en la paz que gastar en la guerra, vienen cada vez con más frecuencia. Uno malicia pensando que este lío pasará de la moda internacional y que terminarán abandonándonos. Pero no, el gobierno inventa una nueva tropelía, un nuevo desafuero y el lío regresa a los titulares internacionales. Más ahora cuando la geometría de derechas e izquierdas se hace más pobre y ausente de significados: Pepe Mujica ¿es de derecha o de izquierda?

Hay que insistir y creo que la MUD, sin abandonar su tardía y necesaria decisión de montarse en el referéndum, debe tomar la iniciativa. ¡Vamos a hablar, vale!

Mis cuentas, y así lo he escrito, es que al presidente, salga sapo o salga rana, le sale salir, y el escenario será confuso y tenso. ¡Una rebatiña, pues! que puede resultar oportuna tanto para las centenas de generales (¿cuántos hay por fin?, eso preocupa, todas las “revoluciones” en Venezuela han sido lideradas por militares golpistas) como para los otros vivos y rellenos.

Dicho de otra manera: no la tenemos clara. El caos seguirá. Hay que negociar.