• Caracas (Venezuela)

Arnaldo Esté

Al instante

Optimismo y pesimismo, la alegría del sobreviviente.

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Uno trata de ser optimista y cumplir con su deber.

No resulta fácil ser optimista. Por más que uno trata de concentrarse, la crisis, que cada vez es más general, no solo lo cerca sino que penetra en nuestros minutos.

En las inevitables colas se siente la alegría de los sobrevivientes. No se trata de buscar algo, sino simplemente de encontrar cualquier cosa. Un algo, cualquier cosa que signifique sobrevivencia, que reporte la sensación de lograrlo, de triunfo menudo.

En esto, que no es raro en la literatura de las guerras y sus efectos, el sobreviviente abandona las condiciones ricas y complejas de la vida humana y se resume al no morir y, concentrado en ello, se entrega y termina por agradecer al verdugo que no lo haya matado.

El sobreviviente no protesta, no se alza; simplemente quiere conservar su puesto en la cola, la que se convierte así en un fin. La crisis general es ese fatídico salto: de las crisis parciales se pasa a una crisis ética, una descomposición general, una “descohesión” del cuerpo social.

En este ambiente corren las encuestas que revelan una porción grande de indecisos. Una indecisión que no solo se alimenta de la baja fertilidad de las propuestas sino de esa entrega: ¡a este país se lo llevo el diablo!

Pero si uno toma distancia y ve las cosas desde afuera no tardará en reconciliarse con los otros y con el país.

Anteriormente me referí a la música, y a los músicos que brotan y crecen en número y fertilidad. También me referí a los investigadores universitarios que elaboraron Encovi, la encuesta sobre las condiciones de vida y sus conclusiones. Vemos a los economistas, de uno u otro sentido, esmerándose por analizar y proponer. Ahora circula un documento de la Universidad Católica Andrés Bello De la UCAB al país que queremos. (Revista SIC, julio 2015. revistasic.gumilla.org/2015/8713/) que incorpora los diagnósticos de la Encovi y se esmera en propuestas. Un documento que bien puede servir de referencia tanto a un gobierno agotado como a una MUD necesitada.

Hay voluntad y amor, y somos propicios para una necesaria unidad, una necesidad que madura y debe florear desde esta crisis.

A esas propuestas hay que agregar una imprescindible reconstrucción ética. Los venezolanos tenemos que establecer la dignidad como valor fundamental. No dignidad en el sentido de vivienda digna o salario digno, que son justos, sino en el más esencial de respeto a sí mismo, al propio esfuerzo, trabajo y creación y al reconocimiento que de ello se deriva.

Se simplifica y soslaya este problema cuando se refiere todo al rentismo, a la dependencia de la renta poco trabajada y minera del petróleo. No es una simple relación económica, es la profunda negación de sí como actor de su historia, de nuestra historia. Y el incremento de esa negación por la obstinada acción de los políticos comprando esa conciencia, matando esa dignidad.


arnaldoesté@gmail.com

@perroalzao