• Caracas (Venezuela)

Arnaldo Esté

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Occidente, modernidad, Francisco, Obama, Cuba y Venezuela

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Obama y el papa Francisco, dos mestizos americanos, han optado por usar el abrazo y la negociación en lugar de las patadas y la violencia.

Occidente, cultura occidental, modernidad son sinónimos. Se refieren a una cultura que se forma luego del Renacimiento, en Europa y Norteamérica siguiendo el curso de la razón, la ciencia y la industria, la democracia. Desde sus inicios no ha hecho más que expandirse hasta llegar a ser, lo que muchos llaman, global.

Una expansión que ha usado muchos recursos y modos: invasiones, guerras, subversiones y conspiraciones violentas o sutiles, genocidios, bombas atómicas, ecocidios… No ha sido lineal ni planificada. Ha sido más bien caótica al no haber un centro indiscutible de poder.

En el curso de esa expansión surgieron dos vertientes ideológicas que, con múltiples matices y estilos, argumentaban esa expansión: la ideología liberal y la ideología socialista. Dicho más fuertemente: tanto el socialismo como el liberalismo son ideologías que organizan teóricamente y propician la expansión occidental.

Las diferencias entre esas ideologías se incrementaron al llevarse a los ejercicios políticos y, por supuesto, a su expresión en las guerras, cuando los repartos del poder, que acompañan esas expansiones, se hacen duros y llenos de meandros y triquiñuelas entre los diferentes actores e intereses de los mismos occidentales y los nativos.

Buena parte de las múltiples guerras de los siglos XVIII, XIX y especialmente del XX descarnaron los huesos siniestros de esas expansiones. Y obligaron a buscar una institución, como las Naciones Unidas, de corte fuertemente occidental, para que de alguna manera reglamentara la expansión y las relaciones entre los países.

Hoy esa expansión pareciera llegar a linderos (no necesariamente geográficos) en los que emerge, como ya ocurrió con otros grandes imperios, un mestizaje, hibridación, fusión. Las riquezas y aportes de las culturas y pueblos se fusionan, aceleradas por lo Digital, con lo occidental, emergiendo ricas novedades. Tal como ahora lo vemos en Japón, China, Rusia, India, Latinoamérica… En la política, en las técnicas, en las artes, donde sobresale la música.

En Venezuela el curso no ha sido sustancialmente diferente. Con el petróleo llegó la occidentalización, la modernización, la industrialización y llegaron también sus ideologías, más o menos socialistas, más o menos liberales que aparecieron en escuelas, universidades, leyes e instituciones (muy de fachada por cierto), partidos y personalidades. En un todo heterogéneo en el que no resulta difícil descubrir lo atragantado en lo que esa modernización se encuentra, sobre todo cuando la renta petrolera, variable, caprichosa y minera, ha prestado facilidades tanto para la compra populista de voluntades, las corruptelas nativas e internacionales, como para la turbidez ética que aflora en esta crisis general.

Obama y el papa Francisco parecen actuar comprendiendo todo ese proceso. Que las muchas guerras a las que la expansión occidental ha llevado, con grandes errores y costos, parecen pasar de moda y que en lugar de la patada y el golpe, mucho más efectivo es el abrazo, con todo lo que un abrazo puede significar, y la negociación.

Los trabajos con la guerrilla colombiana, las visitas a Cuba, el reconocimiento de culpa en los asesinatos del Cono Sur, el show de los Rolling Stones… 

Se trata de eso: negociar.