• Caracas (Venezuela)

Arnaldo Esté

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Gobierno militar (cívico): sus guerras y fracasos

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@perroalzao

Uno ve las decisiones de la Presidencia y puede interpretarlas de diversa manera.

Una es la ingenua: el desastre en la importación y distribución de bienes es tal que requiere su militarización. O sea, la crisis es un problema de distribución.

Otra: el presidente se siente acosado y sobrepasado y delega en un militar fiel el manejo de las funciones principales. (Sus constantes alocuciones y cadenas denuncian sus tensiones).

Otra: los militares están conscientes de las dos anteriores y exigen y toman mayores cuotas de poder, apoyados por los otros poderes serviles y los negociantes de bachaqueo a gran escala.

En todo caso, el derrumbe se incrementa y uno también puede pensar que este control aduanero, muy estratégicamente distribuido por todo el país, se puede convertir, casi de inmediato, en una dictadura explícita, con un presidente degradado a vice.

Me imagino las discusiones y secreteos en los diferentes niveles y variables en las que se debe encontrar un grupo tan numeroso de ministros, viceministros y, sobre todo, del millar de generales. En este despelote… ¿cómo voy a quedar yo?

A saber, y según la Constitución, no existe eso de gobierno cívico-militar. El gobierno, en ello está muy claro y lo repiten periodistas y analistas, es civil, y los militares forman una institución apolítica y subordinada. Sin embargo, en la realidad, y muchas veces,  se les ha dado jerarquía política y económica, como una manera de mantenerlos quietos con las prestaciones del mando y el poder, para alejarlos de las tentaciones golpistas y dictatoriales. Una variedad del mismo populismo clientelar.

Son cosas mucho más poderosas que los argumentos del gobierno, mucho más que los recaudos mal amarrados del Socialismo del siglo XXI y que resultó en simple rentismo petrolero en el que militó todo el tiempo. Con mucho descaro y sin mayor vergüenza lo denuncio como gran causante del desastre general. Se le presentó como una suerte de contagio, de una sombra que con orígenes extraños cayó sobre el país, cuando realmente fue la doctrina económica, no confesa, que sostuvo al fallecido líder y sus despilfarros.

La crisis, en clave de caos, se torna marea, tsunami, no deja espacio fuera de su alcance, y se torna crisis ética. Los débiles valores que se han logrado construir les ceden el espacio a los comportamientos de sobrevivientes. Sintiendo eso el presidente no puede ocultar su angustia ni la proximidad de su salida.  Habla y toma medidas contradictorias y con sabor a espasmos, como esta del GENERAL EN JEFE. Le otorga estos poderes supremos por encima de todos y todas con la esperanza de que acabe con la corrupción, la ineficiencia, las abundantes torpezas, las menudas envidias, venza en la guerra contra el Imperio y transforme el menguado petróleo en harina, leche, carne, aceite, medicamentos… ¡un rey midas pues!

El referéndum, que es una manera del diálogo democrático, puede ser un primer paso hacia un gran entendimiento.