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Arnaldo Esté

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Arnaldo Esté

Gobernar por decretos

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arnaldoeste@gmail.com

@perroalzao

 

El gobierno no cree en la democracia, que hoy significa emergencia de la diversidad, participación, diálogo, respeto, abordaje de problemas, infinitud de preguntas. El gobierno la interpreta como una variante para llegar al autoritarismo, a la dictadura unipersonal. Pero el mesías falleció.

Tratando de remediar su ausencia se usa un viejo invento autoritario: gobernar por decretos.

Ni la democracia ni las elecciones formaban parte del programa original del chavismo. El golpe de Estado militar era la vía para imponer una idea, de raigambre comunista, que incluía que todas las repuestas estaban dadas y que solo habría que acudir a diversas tácticas, a diversos recursos para tomar y mantener el poder.

Al aterrizar, un poco más allá de los cuarteles, se incorporó la vía electoral como táctica política. Pero en el fondo, y como más tarde se fue descubriendo, lo que existía no era una ideología como un soporte sino el poder, el gran líder como fin, al cual se plegaron, con una gran sentido de la oportunidad, dirigentes y propuestas agotadas.

En la búsqueda de argumentos y maneras de navegar, se inventó lo del socialismo del siglo XXI que nunca terminó de ser explicado, ni siquiera con el Plan de la Patria, que es un sumario inconexo de medidas para transitar al socialismo, tránsito este nunca propuesto por el marxismo y desde el cual

–cosa que no se dice, pero sí está en ortodoxia marxista– se iría hacia el comunismo.

Pero el mesías se marchó y lo que quedó de ese supuesto tránsito al socialismo es una montaña de deudas, promesas y compromisos de un país rentista, destrozado en una crisis general.

Acorralado y embriagado en un mar de cotidianas cadenas y uso ventajista de los medios y dineros, se agarra del mal estilo gringo, para inhabilitar –otra vez– al paupérrimo parlamento y tomar la vía de los decretos.

Sabiendo de su pobre imaginación y grave ineficiencia, es muy difícil saber qué decretos se van a mal escribir, qué agresiones se van a ordenar. En ese desespero todo puede ocurrir.

No obstante –no hay mal que por bien no venga– la alharaca contra Obama concitó gran atención mundial y trajo, incluyendo a los más próximos  petroamigos, un llamado al diálogo y al respeto al proceso electoral. Cosas con las que estoy de acuerdo.

Eso significa una calle de referencia obligada: el gobierno tiene que seguir –y lo hará con el fraude lento del ventajismo– con el proceso electoral. Incrementará el poder militar, con todos sus paquetes y distracciones de fondos, pero tendrá que ir a unas elecciones, en las que saldrá derrotado,  tratando de manejarse bien en medio del acoso de sus propios pretendientes y peleas entre los capitanes y sargentos en contienda. Una contienda que hará pestilente el desastre que se hará evidente en el nuevo parlamento.

Lo del diálogo es otra cosa. Por ahora no lo iniciará el gobierno, atrapado como está en sus terrores. Tampoco los opositores, bastante enredados en sus candidaturas, sus escandalosos radicales y en su ausencia de propuestas precisas. Pero la crisis general avanza tomando todos los espacios. Entonces, ya nos encontraremos en la necesidad de dialogar, buscar salidas y coaliciones.