• Caracas (Venezuela)

Arnaldo Esté

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Entendimiento o enfrentamiento y fracaso político

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Aumentan los partidarios del entendimiento hasta ser la opción mayoritaria. Les toca a los políticos, con gran discreción y ambiente adecuado, iniciarlo ya.

Pero, a pesar de esa opinión mayoritaria, todo parece indicar que se marcha hacia los enfrentamientos políticos continuos en ignorancia de la crisis general y los mayores intereses de la gente. En ese curso, y con esa actitud de los dirigentes, los problemas seguirán agravándose y el país arruinándose en todos los sentidos. La perspectiva parece ser la repetición de historias como las ya sufridas por otros países. Argentina, para mencionar una, pasó por una de hiperinflación, inestabilidad gubernamental y pobreza que duró más de veinte años: desde 1983 con el gobierno de Raúl Alfonsín y hasta 2003 dejando un reguero de políticos quemados.

El TSJ es y seguirá siendo el instrumento del gobierno para entorpecer toda acción de la Asamblea Nacional y los opositores.

Estos enfrentamientos solo se podrían superar con negociaciones de alto nivel en las que se cuenten todas las medidas, decisiones y problemas y se acuerde la asignación y responsabilidad en instituciones, recursos y financiamientos y, en general, los procedimientos a seguir ante la crisis y para los próximos meses.

El entendimiento es ahora la medida de la calidad de los políticos. Si no lo logran tendrán que ser reemplazados. Esta calidad no se muestra cuando el cuadro es un toma y dame en el que los opositores caen cuando siguen las provocaciones del gobierno.

Las acciones de la Sala Constitucional muestran la existencia de un plan político diseñado cuando el gobierno se enteró de que iba a ser derrotado en las elecciones parlamentarias. Los personajes, colocados con apuro y sesgo legal en esa sala, ya llevaban unas órdenes. En estas condiciones, no caben argumentos. Es un juego de fuerza y atropello para preservar el poder de un gobierno en grave descomposición. El Tribunal Supremo optó por una interpretación difusa de la Constitución. Curso moralmente muy costoso que legitima los comportamientos violentos o corruptos al degradar la justicia. Es una grave responsabilidad de muy largo costo. Poca autoridad y magro ejemplo tendrán jueces y fiscales para establecer linderos claros entre lo legal y lo ilegal, entre el delito y la ley, entre la violencia y la paz. Para un país con magros y poco arraigados valores, estos daños son muy grandes y duraderos.

Hay que salir de ese juego. Le toca a los opositores responder llamando directamente al presidente al diálogo, cosa difícil pero necesaria de hacer. Llamar al diálogo puede sonar como muestra de debilidad, cosa incómoda para las mentalidades contenciosas, pero a la larga ganará en la superación de la crisis y en la voluntad favorable de la gente.  

Se dice que ha habido algunos intentos mediados de sentarse, pero las trincheras y juramentos de fe impiden el necesario juego político para llegar a acuerdos.

Es un terreno político que posterga al país, como muchas veces antes ha ocurrido. Como ya ocurrió con populismo rentista que compra votos y conciencias postergando ahorros, previsiones o inversiones profundas.

El genio de un político, dicen las experiencias y los clásicos, está en negociar, en navegar. Sobre todo en tiempos oscuros. Ese genio no se percibe ni en declaraciones –que podrían ser oblicuas– o en actos –que podrían ser señales de comprensión–. Ahora, la calidad de un líder la evaluamos por su genio para llevar al otro a negociar.

La negociación tendría que hacerse incluyendo acuerdos básicos para el manejo de los más graves problemas: alimentación y medicinas, recursos financieros, seguridad y estabilidad institucional, violencia…

En muchas oportunidades, por no decir cada semana, en estas columnas he propuesto la idea de un gobierno de transición que incluya personas y propuestas de los diversos sectores e intereses. Pero esto se oscurece más cada día. Será entonces de esperar el agravamiento de esta crisis general, sus costos y posibles explosiones. Costos y explosiones que hundirán más aún el país en ese abismo sin final de la decadencia.

Desde ese abismo se les pasará la factura a todos los líderes de hoy.