• Caracas (Venezuela)

Arnaldo Esté

Al instante

Entendimiento para un camino creativo hacia la pobreza

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Asumir la pobreza puede resultar en un camino creativo, en una necesidad nacida de la crisis.

Ha sido repetida muchas veces, con tonos de anciano consejero, la engañosa riqueza del minero, del petrolero. Ahora tenemos encima lo agorado: la ruina.

Se puede decir, con la facilidad que da la proyección de la culpa, que el gobierno ya tiene tres lustros de fiesta mesiánica. Han debido ser más profundos, menos necios y superficiales, más honestos en la comprensión del país. Menos creyentes en fórmulas recetadas. Menos amarrados al líder poderoso y surfista. No es nada nuevo decir que el poder embriaga, pero pasó otra vez y allí están braceando el ahogo.

Pero, para su consuelo, hay que decirlo, el gobierno no inventó la pobreza. Ella existía como muerto encobijado con cobija ajena: el petróleo la tapaba.

Con su lenguaje pastoso y lleno de reiteraciones y cuñas, llamaron “urbi et orbi” a la “comisión de la verdad”, pescando de aquí y de allá para armar un elenco muy diverso y numeroso: persistentes y experimentados unos, otros de variadas apetencias, agregando la guinda de un gran visir saltarín. Lo que uno puede interpretar como la crema de las rojas fresas, que deberá reunirse en palacio. Una respuesta que busca un tono generoso a la presión internacional, de aliados e inconformes, de asustados y sensatos. Un elenco que para nada funcionará si no vienen los otros, los opositores que, hay que repetirlo, son mayoría grande en el Congreso.

Los opositores han tardado en responder y se atrincheran: “No nos han invitado formalmente (...) es una trácala (como la que hoy hizo el CNE) para postergar las cosas y evitar el referendo”. Es natural que, alimentados por los recuerdos, estén recelosos. No obstante, hay chismes.

Pero esa propuesta, con todo y su ruido de circo, hay que tomarla, hay que ocupar esas cuatro sillas y tirar de la verdad hasta llegar a la sustancia que, con todo y su importancia, no es la amnistía, el perdón o esa verdad de grasa de sopa.

La verdad es esto de la pobreza que la crisis ha descubierto y cómo afrontarla y superarla. Cómo llegar al eterno acierto de que la riqueza de un pueblo es lo que trabaja y crea, y que para llegar a eso habrá que transitar por la penuria y la incertidumbre, por los desvaríos en la búsqueda permanente de culpables, por las amenazas de otros gendarmes (¿como un Pérez Jiménez, ladrón y asesino?), por los agarres de los leprosos y los cuenteros de la inocente Panamá y, sobre todo, por el costo de la misma recuperación y reconstrucción, que obligará, bien lo repiten los países que también quebraron y los economistas sabios, a muchos dolorosos e impopulares ajustes. Para todo esto habrá que formar un gobierno de transición.

Negociar, hacer política, llegar a acuerdos básicos sin olvidar las diversidades y las propias rutas, que también podrían ser colocadas en el listado de intercambios.